Salud

Cuatro CEOs y dos presidentes: Almirall cambia a 25 directivos y consejeros en seis años

  • Los relevos en lo alto de la compañía se traducen luego en salidas de los ejecutivos de primer nivel
  • La empresa lo justifica por un relevo generacional y la orientación hacia el negocio dermatológico
  • Las salidas y fichajes se intensifican tras la pandemia
Almirall ha dado un viraje a su estrategia para centrarse en el negocio dermatol?gico. EE
Barcelona/Madrid

Cuatro consejeros delegados y dos presidentes en poco más de un lustro. Es solo la punta del iceberg de los cambios que ha sufrido la cúpula de Almirall desde que decidió centrarse en el negocio de la dermatología. La compañía ha renovado prácticamente una treintena de altos directivos y consejeros desde 2017. Y no parece que el relevo en la presidencia, donde Jorge Gallardo dejó paso su hijo Carlos, vaya a cambiar la tendencia. Una de sus primeras decisiones fue la salida de Gianfranco Nazzi, primer ejecutivo hasta este noviembre, y colocarse en su lugar de forma interina.

Los titulares que apuntaban a la inestabilidad de la farmacéutica apuntaron siempre a la primera línea. Eduardo Sanchiz dejó paso en 2017 a Peter Guenter, que se marchó el 31 de diciembre de 2020 y dejó su puesto a Gianfranco Nazzi. El sillón está ahora vacante.

En el sector se esperaba que las diferencias en el liderazgo de Carlos Gallardo frente al de su padre se notasen en una presidencia más alejada de la gestión diaria. Jorge participaba incluso en algunos comités ejecutivos y estaba al corriente de absolutamente todo lo que sucedía en Almirall. Su despacho, por ejemplo, estaba pared con pared con el del consejero delegado. Hoy se lo mira desde las oficinas de Corporación Landon, el family office, en la barcelonesa Vía Augusta.

De Carlos se pensaba que dejaría más espacio a los ejecutivos. Su pasión es CG Health Ventures, un fondo que invierte en start ups de salud. Para delegar, no obstante, hay que confiar. Y las fuentes consultadas señalan que los Gallardo había perdido la fe en Nazzi ante la escasa evolución de los ingresos. No era el indicado para hacer olvidar a Guenter, que se marchó antes de lo que esperaba la familia.

"No tenemos prisas; tenemos que encontrar al mejor candidato y estoy muy cómodo en este cargo", dice Carlos Gallardo

No hay prisas para encontrar a un nuevo consejero delegado. En una conferencia con analistas, Carlos fue claro: "No tenemos prisas; tenemos que encontrar al mejor candidato y estoy muy cómodo en este cargo". El presidente optó este año por cambiar el secretario del consejo. El veterano Juan José Pintó dejó paso a Daniel Ripley, del bufete Uría Menéndez, un hombre de su máxima confianza.

En lo que va de año, además, Almirall relevó a Francisca Wuttke, directora Digital, al recortar en su departamento –fue una de las últimas decisiones de Nazzi- e incorporó a Isabel Gomes como consejera General. El ejercicio mantiene la tendencia de los últimos años. Una inestabilidad que se agudizó con el estallido de la pandemia. Si desde el año 2017 hubo 27 movimientos, en los últimos tres ejercicios se concentran una quincena.

Desde la compañía restan importancia a los vaivenes. "No hay un patrón concreto; hay múltiples razones, desde relevos generacionales a cambios por el viraje de la estrategia. Ha habido que incorporar nuevos perfiles que apoyen el nuevo enfoque y la deseada expansión internacional porque el pipeline de productos que tenemos ahora no tiene nada que ver con el que teníamos", explica una portavoz.

La organización destaca que "el compromiso de la familia con la empresa se mantiene; el papel que ha asumido Carlos Gallardo así lo demuestra". Es así a pesar de que Almirall ha perdido un 18% de su valor en 2022 y solo ha crecido un 8% en el último lustro. Una cosa no quita la otra y cada cambio de primer ejecutivo ha venido acompañado de un reguero de salidas y fichajes. Por ejemplo, con tres presidentes en la filial en Estados Unidos (Ted White, Ron Menezes y Pablo Álvarez), uno de los principales quebraderos de cabeza de la cotizada.

El cargo de vicepresidente de Investigación y Desarrollo ha sido ocupado por cuatro personas en seis años

También existieron movimientos en las oficinas centrales. Quizás es sintomático que el puesto de vicepresidente de investigación y desarrollo haya sido ocupado por cuatro personas desde 2017. Por allí han pasado Thomas Eichholtz, Bhushan Hardas, Xavier Llauradó (de forma interina) y Karl Ziegelbauer. En la vicepresidencia comercial, Alfonso Ugarte dejó sus funciones en manos de Alfredo Barón de Juan, que en 2021 abandonó la organización y su cargo hoy lo ejerce Paolo Cionini. En el apartado financiero, en 2018 se fichó a David Nieto, que duró apenas un año. Asumió además las funciones de Jordi Sabé, hasta entonces director corporativo, que no se sustituyó. Desde 2019, el puesto lo ocupa Mike Mcclellan.

El viraje en la estrategia se nota especialmente en el consejo. En 2019 salieron Daniel Bravo, vicepresidente, y el independiente Juan Arena de la Mora, que fue relevado por Enrique de Levya. La apuesta por la internacionalización queda clara al nombrar a Alexandra B. Kimball, Eva-Lotta Coulter y Ruud Dobber como independientes.

Transición hacia dermatología

Hace algo más de una década que Almirall comenzó a reestructurar su negocio. Desde entonces, se deshizo de áreas como la respiratoria, que era uno de los baluartes de la compañía catalana. A medida que iba soltando riendas, la farmacéutica decidió focalizarse en la dermatología médica, proceso que ahora prácticamente ha completado.

Sin embargo, las pretensiones de la firma en cuanto a esta área terapéutica no han concluido. Hace unos días este medio adelantaba que Almirall tenía una munición de 1.000 millones de euros para acometer compras de medicamentos con los que reforzar su cartera. Las adquisiciones estarán regidas bajo una estrategia oportunista y estarán enfocadas en el mercado europeo.

Esta estrategia inorgánica ha dado buenos resultados en los últimos tiempos, si bien también se han producido sinsabores. En el apartado de éxitos se encuentran Wynzora y Klisyri, ambos medicamentos comprados en últimas fases de desarrollo. Por el primero de ellos abonó 15 millones de euros más royalties de doble dígito sobre las ventas a MC2 Therapeutics a comienzos de 2021. Por Klisysi, aprobado en España recientemente, tal y como adelantó este medio, ha pagado a Athenex 120 millones (55 iniciales más 65 por hitos regulatorios) y también ha acordado royalties.

En el lado negativo, dada las ventas cosechadas frente a las expectativas, se encuentra Seysara. Este medicamento formó parte de una operación donde Almirall incorporó cinco fármacos de la estadounidense Allergan. El pago total era de 475 millones de euros y Seysara, entonces, aún no había llegado al mercado.

Una última operación de los Gallardo ha sido la compra de la molécula lebrikizumab a Dermira. La cantidad total de la adquisición ronda los 110 millones y el medicamento acaba de superar los ensayos clínicos. De hecho, la farmacéutica espera poder comercializarlo en 2023.

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