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El secuestro de Heineken y el rescate más caro de la historia de Europa

  • La dueña de la cervecera era una de las familias más ricas de Países Bajos
  • El rescate costó el equivalente a 11 millones de dólares de la época
  • Las autoridades solo lograron recuperar 2,5 millones, el resto desapareció
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En la década de los 80, Heineken no era solo una de las cervezas más vendidas del mundo, también era toda una institución en los Países Bajos. Tras más de un siglo de vida, diversos procesos de expansión, fusiones, innovación, inversión en marketing o novedosas estrategias comerciales... se había convertido en una de las empresas más importantes del país, por la imagen que proyectaba, pero también por el presupuesto que manejaba o la cantidad de empleo que creaba.

Fruto de esta evolución, la familia Heineken, que seguía controlando la compañía, se había convertido en millonaria. En aquellos años 80, el patriarca de la compañía, Alfred Heineken, nieto del fundador y más conocido como Freddy, contaba con una fortuna equivalente a cientos de millones de euros actuales.

Es en ese contexto cuando ocurre uno de los sucesos que logró capturar la atención global y conmocionar al mundo empresarial y financiero: el secuestro del propio Freddy Heineken. Fue el 9 de noviembre de 1983, a las 18.56, en la zona de lujo de Ámsterdam, frente a la oficina de la compañía. Un grupo de 5 encapuchados le asaltó a punta de pistola. También a su chófer, Ab Doderer, que trató de impedir el secuestro, así que también se lo llevaron.

El secuestro

No fue una operación improvisada. El grupo de maleantes llevaba dos años estudiando los pasos del empresarios. Su mansión, su oficina y todas sus actividades diarias habían sido monitorizadas con rigor militar. Además, habían comprado numerosas pistolas, robado seis coches y dejado pistas falsas para engañar a los investigadores.

Detrás de la operación estaban Cor van Hout, Willem Holleeder, Frans Meijer y Jan Boellaard, junto con Martin Erkamps, que se unió posteriormente. Eran un grupo de pequeños maleantes, que llevaban tiempo buscando un gran golpe para poder pagarse sus lujos: coches caro, caballos de carreras y grandes fiestas.

Tenían muy claro el perfil que buscaban: alguien con mucho dinero, que pudiera pagar una gran cantidad muy rápido. Además se suma que el padre de Holleeder, uno de los secuestradores, había siendo empleado de la cervecera durante mucho tiempo, aunque fue despedido por problemas de comportamiento y alcoholismo. Ya tenían víctima.

Secuestradores de Heineken
Cor van Hout y Willem Holleeder, los secuestradores, durante el juicio.

Los secuestrados fueron llevados a una fábrica en la zona portuaria de Ámsterdam, donde habían preparado una doble pared en un extremo, donde construyeron dos celdas insonorizadas y ocultas tras una puerta falsa. Allí tenían a Heineken y su chófer atados a las paredes con cadenas, mientras los secuestradores seguían haciendo su vida normal.

El plan inicial era un secuestro express, de 48 horas, pero acabó alargándose hasta los 21 días. Tres semanas en la que el enfrentamiento entre policía y la banda fue constante, con anuncios cruzados en prensa, que es como se comunicaban, y una cobertura mediática histórica que dificultaba todas las operaciones.

Las exigencias de los secuestradores eran muy claras. 200.000 billetes en cuatro monedas diferentes, por una cantidad que equivalía a unos 30 millones de dólares de la época, y un peso de más de 90 kilos.

El rescate

Heineken había hablado muchas veces con su familia de posibles secuestros, y siempre había insistido en que no pagaran. Pero en esta situación, cedieron. Finalmente, tras diversas negociaciones, acordaron un rescate de unos 11 millones de dólares, que fue entregado siguiendo las instrucciones indicadas. Era el rescate más alto que se había pagado nunca en Europa.

A pesar de todas las medidas preparadas por la policía para tratar de atraparles... los cinco secuestradores lograron escapar tras coger el dinero. De una forma tan holandesa como yéndose en bicicleta.

Sin embargo, a pesar de cobrar el rescate, huyeron sin liberar a Heineken. Fue gracias a diversas pistas de las autoridades que lograron encontrar la celda donde lo tenían secuestrado, aunque la falsa pared tras la que se ocultaba dificultó la operación.

Heineken y su chófer
Alfred 'Fredy' Heineken y su chófer tras ser rescatados.

Los secuestradores se dividieron. Algunos decidieron quedarse en Países Bajos, y acabaron siendo atrapados. Mejor les fue a Van Hout y Holleeder, que se fueron a París, donde estuvieron hasta que les detuvo la policía francesa en 1984, quedando en un limbo legal hasta 1987, cuando por fin les entregaron a las autoridades neerlandesas.

Lo que nunca apareció es la mayor parte del botín. Solo lograron recuperar 2,5 millones. El resto, decían los secuestradores, desapareció. Uno incluso dijo que había quemado su parte.

La realidad es que tras salir de la cárcel, en la década de los 90, se convirtieron en una de las principales mafias de Holanda, y siempre se ha especulado que comenzó a funcionar gracias al dinero del rescate que lograron mantener oculto.

Más seguridad

Por su parte, Heineken retomó el mando de la compañía que lleva su nombre. Se mantuvo como presidente hasta 1989, y después como presidente de holding en el que se encuadra la empresa, hasta 2002, cuando falleció, acumulando una fortuna de 4.500 millones de dólares.

Sin embargo, los que le conocen señalan que tras el secuestro nunca volvió a ser el mismo, que era un hombre mucho más nervioso y menos excéntrico. Aunque lo suficiente como para decir frases como que "los secuestradores le torturaron haciéndole beber Carlsberg". Hasta montó una compañía de seguridad, con expolicías contratados, para garantizar la seguridad de su familia.

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