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El tomate español queda rezagado en Europa ante la presión de Marruecos y Turquía

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Las tensiones comerciales entre España y Marruecos por el tomate han sido cada vez mayores en la comunidad agrícola. La competencia en el mercado nacional, y también a nivel Europeo, ha provocado disputas y enfados de todo tipo, con quejas sobre las condiciones de trabajo en el país vecino, los costes laborales, los controles sanitarios o los estándares de producción.

Esta batalla vive un nuevo capítulo, con el tomate español denunciando su situación de indefensión, ante el abultado incremento de las importaciones en los últimos 10 años. Desde 2014, la compra de tomate procedente de terceros países en la Unión Europea ha crecido exponencialmente, mientras que la venta española de este producto en los mismos estados ha caído un 43%.

En ese periodo, el tomate marroquí ha multiplicad sus cifras un 221%, pasando de exportar 18.000 toneladas a casi 58.000, según datos recabados por según los datos de Aduanas procesados por la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas y Hortalizas (Fepex) y compartidos por EFE. Una situación complicada para miles de productores, que sufren en el nuevo escenario. Y la culpa, señalan, es el régimen de precios de entrada.

Este régimen, cuya finalidad es garantizar unos precios mínimos en el mercado comunitario de importación,no está siendo efectivo, debido a las concesiones realizadas a Marruecos en el método de cálculo del valor estándar de importación, según Fepex.

De hecho, este problema comienza en 2013, el primer año tras la entrada en vigor del Acuerdo de Asociación entre la UE y Marruecos, cuando se modificó el método de cálculo del valor de la importación a tanto alzado, un cambio que no está contemplado en el Acuerdo. Desde ese momento, los precios de entrada se fijaron exclusivamente considerando el tomate redondo, es decir, el de premio más bajo, por lo que en esa cesta entran todos los tomates de otras categorías. De esta forma, el sistema de protección del mercado se anula, según recuerdan desde Fepex.

Consecuencias en el empleo

Los efectos del incremento de las importaciones se puede ver de forma directa en el trabajo del campo y en las empresas productoras, con la pérdida de mano de obra y el reemplazo de nuevas variedades. En estos 10 años, según la cooperativa de tomate Casi, la más grande de Europa, han tenido que cambiar el porfolio de productos con lo que trabajan.

Por ejemplo, hay cultivos que en España se han ido abandonando y que se están cultivando ahora en Marruecos. Es el caso de los tomates cherri, cuyos costes de producción son muy altos y requieren mucha mano de obra.

Trabajador con una caja de tomate cherri

Ante esta circunstancia, han tenido que apostar por variedades más rentables, y que además requieren menos mano de obra, con las consiguientes consecuencias para el empleo generado por el sector.

Turquía, la otra amenaza

Por si la situación no fuera lo suficientemente complicada, el sector también se ha encontrado con la creciente competencia de Turquía, otro actor que cada vez gana más relevancia en el mercado europeo, a costa del producto español. En su caso, las importaciones desde la UE se han incrementado un 40% en los últimos 10 años, consolidándose como tercer mayor actor en Europa.

Por último, el sector también está preocupados por el virus rugoso, que lleva dos campañas acosando a los productores y afectando al tomate español. Ni siquiera las medidas de urgencia tomadas desde 2021 por España y por la Unión Europea han logrado frenar su incidencia, lastrando el rendimiento de los cultivos.

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