Opinión

La inflación climática que ya pagamos entre todos

  • Unas de las razones que causan la subida de precios son la energía y los combustibles
  • La lucha contra el calentamiento global también es pernicioso para las facuras de todos
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Que llevamos meses con los precios disparados y una subida de la inflación que no se veía en años es algo que todos sabemos y padecemos. Es evidente que una fuerte subida del coste de bienes y servicios, por encima de salarios y beneficios empresariales, nos hace a todos más pobres y nos obliga a replantearnos nuestros gastos y quizás nuestro estilo de vida.

Se apuntan múltiples razones que han influido y siguen influyendo en esta subida pero, por encima de todas, destacan los mayores costes de la energía y de los combustibles, fundamentales para fabricar, transportar y suministrar la mayor parte de lo que consumimos. Los conflictos armados y las crisis geopolíticas tienen mucho que ver, pero no serían las únicas causas.

En los últimos tiempos se viene identificando un nuevo culpable de la actual inflación y que seguirá influyendo en el futuro, el cambio climático. El calentamiento global y la contaminación ambiental no sólo perjudican al medio ambiente y a las condiciones de vida en todo el planeta, sino que también tienen efectos en la economía y, entre ellos, en el alza de los precios.

Tanto el Banco Central Europeo como el Banco de España, entre otros organismos, ya han analizado y alertado sobre las consecuencias del cambio climático sobre el índice de precios. En este sentido, los cada vez más habituales fenómenos climatológicos extremos, como las persistentes sequías o las heladas tardías, reducen las cosechas y el forraje de la ganadería, provocando desajustes en la oferta y demanda del sector alimentario tanto de productos frescos como procesados, que se salda con la subida de la cesta de la compra.

La excesiva dependencia de los combustibles fósiles, tanto para la producción como la distribución de bienes y servicios, también afectan a buena parte de los costes de producción, obligando a realizar un seguimiento continuo de la cotización del petróleo, del gas o de la electricidad para poder fijar los precios y cómo repercutirlos a los consumidores finales.

Igualmente, la lucha contra el cambio climático tiene un efecto pernicioso en los precios ya que, en esta fase inicial de grandes inversiones para fomentar la llamada transición verde, por una parte, están aumentando los precios de muchas materias primas debido a su sobreexplotación y, por otra, el fuerte desembolso económico en políticas y actuaciones para adoptar fuentes de energía renovables también se termina trasladando a los bolsillos de los ciudadanos mediante productos más sostenibles, pero de momento más caros.

España no sale bien parada en este escenario de inflación por causas climáticas. Su alta dependencia de los combustibles fósiles (de los que además no dispone), su acuciante falta de recursos hídricos y de algunas materias primas, así como que el principal motor económico, sea el turismo- actividad totalmente ligada al transporte y a la climatología-, auguran un futuro con una inflación persistente.

Aunque desde el Gobierno se han adoptado algunas medidas para combatir el alza de precios, como topar el precio del gas o reducir el IVA de los alimentos básicos, no parece que sean suficientes y mucho menos a medio o largo plazo. Si además se introducen nuevos impuestos medioambientales para "fomentar" el cambio de hábitos de los contribuyentes, el resultado en el bolsillo de los ciudadanos es que disponen de menos dinero y, por consiguiente, de una menor capacidad de consumo y ahorro, lo que a su vez deriva en una caída en la recaudación de impuestos.

Tendría que reconocerse en origen el esfuerzo económico de aquellos que están dispuestos a soportar mayores costes por realizar actividades no contaminantes o que favorecen la descarbonización, evitando de este modo que todo el sobrecoste de la inflación por causas climáticas recaiga inevitablemente en los consumidores. Ciertamente, quien más contamine que más pague, pero si no actuamos ya contra el cambio climático seguiremos pagando todos de una manera u otra.

Benjamí Anglès es Profesor agregado de Derecho Financiero y Tributario de la UOC.

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