Opinión

Opinión: La hora de la política

El abogado Juan Carlos Giménez-Salinas. Foto: Luis Moreno.

Durante la presidencia de Mariano Rajoy se dejó en manos de la justicia la resolución de conflictos difíciles de abordar y resolver. Su talante pasivo, templado, escéptico, poco agresivo y nada luchador le inclinaron a la inactividad política, y así nos fue.

Se encontró como president de Cataluña a Artur Mas, próvido segundo, pero débil primero que fue sobrepasado por la sociedad civil independentista y por Carles Puigdemont, que se dejó arrastrar por políticos radicales que despreciaron las consecuencias de sus decisiones. El modo de actuar o de no actuar de estos políticos desencadenó un conflicto entre Cataluña y España muy grave que pasará a la historia.

Su modo de hacer les condujo a la pérdida de sus respectivas presidencias. La del Gobierno de España recayó en un joven socialista, aceptado por su partido a regañadientes, ambicioso, inteligente y hábil en aunar voluntades en su derredor.

Pedro Sánchez, necesitado de los diputados de Podemos, partido radical, perdió parte del apoyo de la sociedad por no poder sustituir a sus ministros de extrema izquierda. La sociedad, en apariencia, demandaba un cambio. Sorpresivamente, en la últimas elecciones generales el PP, a pesar de aumentar considerablemente su fuerza política, no pudo formar gobierno al perder Vox un número importante de votos y no obtener entre los dos partidos la mayoría en el Congreso.

El resultado electoral ha proporcionado de nuevo a Pedro Sánchez la oportunidad de formar gobierno de un modo muy precario. El resultado electoral, aritmético, que no político, ha convertido a Junts en imprescindible por el momento para que Sánchez posea la mayoría suficiente.

El casi olvidado por la sociedad y solo existente para los suyos, Puigdemont, se ha convertido en el político imprescindible para Sánchez. Precisa de sus votos para conseguir la Presidencia del Gobierno de España.

El resultado electoral está propiciando que Puigdemont consiga por la vía política lo que no consiguió en 2017. Curiosidades de la historia. Sus pretensiones, conocidas hace dos días, han levantado innumerables comentarios, posicionamientos políticos y reacciones de todo tipo. Ilusionantes en un sector importante de Cataluña y muy negativas en el resto de España, incluido el partido de Sánchez, el PSOE.

Estamos viviendo con interés el gran momento de la política. Ahora comprobaremos las habilidades de nuestros políticos, sus capacidades negociadoras y el apoyo que tendrán en nuestra sociedad los acuerdos y pactos a los que lleguen.

Todos los políticos intervinientes en este momento político se juegan su futuro. Puigdemont, si exige demasiado, puede romper al PSOE, si acepta sus peticiones. Sus excesivas exigencias pueden inclinar al PSOE hacia un pacto con el PP o puede inducir a una nuevas elecciones.

Puigdemont si, por temor a quedar excluido, acepta un acuerdo de mínimos, puede perder credibilidad ante su electorado y perder prestigio frete a su rival, ERC.

Sánchez, si a ojos de la sociedad española, acepta demasiado, se juega la rebeldía de su partido, de sus socios y de su electorado.

Como hemos apuntado, existe un riesgo para todos los partidos con poca representación, sectoriales o territoriales. Es que, ante la imposibilidad de conseguir la presidencia, Pedro Sánchez la pacte con el PP dejando de lado al resto de las fuerzas políticas.

Parece difícil, pero no imposible, dadas las ambiciones políticas del candidato y la moderada actitud política de Alberto Núñez Feijóo. Este pacto, si el coste de la negociación con Puigdemont es muy alto, sería bien visto por la mayoría de los militantes del PSOE. Los militantes del PP serían mucho más reacios, pero bien aleccionados por sus líderes en el sentido de que dicho pacto se vería como un acto de responsabilidad de Estado, no resultaría imposible.

Vivimos unos momentos en los que la democracia se percibe como el sistema más pacífico de la historia de las civilizaciones, en el que queda excluida la violencia o el terror. Los ciudadanos estamos expectantes y en las próximas elecciones, sean las que fueren, premiaremos o castigaremos con nuestro voto el hacer de los políticos de hoy.

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