Opinión

Opinión: De la inteligencia artificial al pensamiento artificial

El abogado Juan Carlos Giménez-Salinas. Foto: Luis Moreno.

Existen avances científicos que durante años permanecen ocultos, con años de estudio, de investigación, y en un momento dado afloran y son conocidos por la sociedad como si hubieran aparecido de improviso, de un modo espontáneo. Así ocurre con la inteligencia artificial, que atemoriza por la capacidad de poder llegar a tomar decisiones.

Décadas lleva investigándose y evolucionando la inteligencia artificial. Sus inicios se basaron en la mecánica y con la llegada de la informática su perfeccionamiento aceleró su desarrollo. Hoy existen mecanismos que obedecen ordenes cerebrales, y extremidades humanas artificiales que suplen a las naturales, incluso las mejoran.

Los robots sin inteligencia, ni pensamiento, desde hace años se utilizan en la industria supliendo a las personas. Carecen de derechos y no se fatigan con frecuencia. Estas funciones mecánicas han avanzado y hoy estos mismos robots generan decisiones ante circunstancias imprevistas en su actividad.

La sustitución de órganos vitales humanos por otros de nueva generación fabricados artificialmente se encuentra en una fase inicial, pero su desarrollo es imparable y seguramente en pocas décadas la cirugía ya no consistirá en extirpar el tumor maligno o bien seccionar una parte deteriorada de algún órgano; se resolverá mediante la sustitución del órgano defectuoso o enfermo por uno artificial de mejor calidad y más resistente.

La sustitución de órganos humanos por otros fabricados artificialmente es imparable

Imaginemos una enfermedad cerebral derivada de un tumor, un accidente, un defecto genético y que este cerebro pueda sanar mediante un implante parcial o total del mismo y pueda ser complementado o sustituido en su totalidad por un mecanismo de nueva invención.

Estos avances nos llevan a pensar que la vida de las personas se prolongará de un modo exponencial, pero dichas personas generarán pensamientos, emociones, reacciones, sentimientos, diferentes a los nuestros, ya que parte de sus cerebros, órganos o miembros no serán los conocidos hasta hoy.

A partir de aquí cualquier visión del futuro es admisible menos la quietista, la sociedad inmovilista anclada en un tiempo determinado.

Quizás la nueva raza que se derive de la nuestra posea unas características que la diferencien y carezca del afán de superación del homo sapiens y pueda tener un vivir más apacible.

Téngase en cuenta que los homínidos aparecieron sobre la tierra hace un millón de años, y en este largo período se desarrollaron muchas especies. Pero en gran parte de este millón de años, estas especies solamente avanzaron en la talla de la piedra y consiguieron descubrir el fuego y las pinturas rupestres.

Fue durante los últimos veinte mil años que se consiguió avanzar hasta el modo de vivir actual. Si el homo sapiens es sustituido por otra raza menos agresiva y más acomodaticia regresará a los inicios.

La inteligencia artificial se desarrollará y perfeccionará hasta convertirse en pensamiento artificial

Las características de la especie que nos sustituya son imposibles de saber, pero sí que la inteligencia artificial se desarrollará y perfeccionará hasta convertirse en pensamiento artificial. Se trata de un hecho absolutamente previsible.

Será la primera especie homínida, si podemos llamarla de este modo, que habrá sido creada y desarrollada por el hombre aun cuando una vez creada pueda independizarse de su creador e iniciar un caminar propio.

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