Opinión

Autónomos en el infierno

Coinciden los especialistas en el mercado laboral que los autónomos son el mejor indicador de la marcha de la economía. Ellos, que son los primeros en aumentar en número, empleo y cifra de negocios con la recuperación son también los primeros en despedir personal y echar el cierre cuando se entra en situaciones y en países afectados por crisis y una profunda desaceleración de sus economías. Y dando por bueno este axioma, en razón de la experiencia, vemos como los datos de la EPA del cuarto trimestre muestran que el número total de trabajadores por cuenta propia bajó en 34.700 personas en variación trimestral y en 111.200 en el último año, reflejando el estancamiento, por no hablar de recesión, de la actividad económica en nuestro país.

Tendencia descendente que se prolonga en el primer mes de este 2023 con la desaparición de 20.800 autónomos, 671 cierres cada día, que muestran los datos del paro registrado. Una destrucción que no se veía en un mes de enero desde el año 2012, afectando especialmente al sector del comercio donde sólo en enero se han perdido casi 7.000 pequeños negocios, seguido de la hostelería y de la construcción que conjuntamente superan los 5.000 cierres de negocio.

Cifras dramáticas que recogen los propios datos oficiales para un colectivo que aporta el 1,5% del PIB y el 17% del empleo, y que está viviendo un auténtico infierno, asfixiados por la subida de los costes energéticos, de los costes de producción y suministros, de los tipos de interés y, como resalta el presidente de ATA, Lorenzo Amor, por el aumento desorbitado de los impuestos, las cotizaciones sociales y el salario mínimo. Con el añadido de que, en muchos casos, están sufriendo un desplome de las ventas.

Sólo en el sector de la alimentación el comercio minorista ha registrado un caída de las ventas del 1,8% en 2022, el mayor descenso desde 2013, mientras que, en el apartado fiscal los autónomos pagan hoy un 45% más de impuestos que hace cinco años. Una presión impositiva que este año se ve agravada por la subida del 8,6% en las cotizaciones a la Seguridad Social que indigna por abusiva y por inesperada.

Y esto ocurre con un Gobierno que se autodefine de ser el más social de la historia -dime de que presumes y te diré de que careces, que dice el refranero- y en el que deberían ser conscientes, especialmente la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y su colega de Seguridad Social, José Luis Escrivá, .¡quién le ha visto y quién le ve!- de que el 90% del tejido empresarial de este país son autónomos y pymes y que ellos son también una parte esencial de esa clase media y trabajadora de la que tanto habla el presidente del Gobierno pero a la que tanto castiga y empobrece con sus políticas económica, fiscal y laboral.

Políticas que, viciadas por una malsana perturbación ideológica, penalizan y deterioran la productividad, la competitividad, el emprendimiento y la creación de puestos de trabajo, que se complementan con la demonización que desde el sector podemita del Gobierno, con la imprescindible colaboración del presidente Pedro Sánchez se hace de los empresarios que son quienes arriesgando su dinero y patrimonio crean empleo y riqueza en las sociedades democráticas y libres mientras que los políticos, como suele resaltar el prestigioso empresario teatral y presidente de honor de CEIM, Enrique Cornejo, sólo crean burocracia y funcionarios.

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