Opinión

El reto de las monedas digitales para los bancos centrales

  • Más de 100 países desarrollan ya equivalentes de este tipo de sus propias divisas
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Las monedas digitales de bancos centrales (CBDC, por sus siglas en inglés) ya son una realidad en diez países. Como equivalente digital del dinero soberano de un país, las CBDC adoptan la forma de cuentas bancarias abiertas en el banco central del país a las que los titulares pueden acceder a través de una aplicación. En países en los que muchas personas carecen de acceso al sistema bancario tradicional, este recurso da a los consumidores acceso a un medio de pago y los incluyen en el sistema financiero. Por tanto, no es de extrañar que los países de África y el Caribe sean los que más rápido están avanzando en la implantación de las CBDC.

Pero para los Estados con sistemas financieros más sofisticados, donde la exclusión financiera es un problema pequeño y aislado, las CBDC parecen en gran medida una respuesta en busca de una pregunta.

Pensemos en la zona del euro. Los CBDC minoristas, es decir, los euros digitales que los consumidores podrían tener en el Banco Central Europeo, ofrecerán poco valor añadido al consumidor europeo, que ya tiene acceso a muchos medios alternativos de pago digital.

Los CBCD mayoristas, es decir, los euros digitales que los bancos podrían mantener en el Banco Central Europeo para facilitar los pagos transfronterizos, tampoco representarían un gran avance. Los pagos transfronterizos en la zona del euro ya se realizan en tiempo real, las veinticuatro horas del día, a través del sistema Target Instant Payment Settlement. Las monedas digitales no ofrecerán muchas ventajas a los bancos, si es que ofrecen alguna, como forma de reducir costes.

Sin embargo, en los pagos transfronterizos globales, los CBDC pueden marcar la diferencia y proporcionar una plataforma que podría cambiar la faz de las finanzas internacionales, especialmente en un mundo cada vez más polarizado.

La mayoría de las transacciones financieras y comerciales internacionales, incluidos los préstamos transfronterizos, se realizan en dólares, razón por la cual el 60% de las reservas de los países de todo el mundo están denominadas en dólares. Esto significa también que todas las transacciones en dólares deben liquidarse a través del sistema de liquidación estadounidense. Si EEUU sanciona a un país, ese país ya no puede realizar transacciones en dólares, lo que dificulta gravemente su capacidad de comerciar con cualquiera, no sólo con EEUU.

Además, las sanciones secundarias implican que los terceros tampoco pueden relacionarse con la entidad sancionada en dólares, o podrían ser penalizados por las autoridades estadounidenses. Esto paralizará económicamente a la entidad sancionada.

Si en cambio se dispone de CBDC mayoristas, los bancos pueden tener cuentas directas en sus bancos centrales y realizar transacciones directamente a través de ellos. Esto, por supuesto, requeriría que los dos países en cuestión estuvieran dispuestos a abandonar el dólar como moneda de intercambio y aceptar en su lugar la moneda del otro. En cualquier caso, si un país es sancionado, la opción de pagar en dólares no está disponible.

Más de 100 países, que representan en conjunto el 95% del PIB mundial, están desarrollando equivalentes digitales de sus monedas nacionales. Los bancos centrales de todo el mundo se apresuran a desarrollar la tecnología necesaria para entender cómo funcionan los CBDC. China se encuentra ya en la fase piloto, y la zona del euro, India, Rusia, Brasil, Canadá y Australia están en fase de desarrollo. En principio, los bancos de estos países podrían utilizar pronto sus monedas digitales para realizar transferencias casi instantáneas directamente a través de la red de su banco central para el comercio, eludiendo el sistema financiero internacional. No sólo es potencialmente más eficiente, sino que sería una forma de eludir las sanciones.

Dado el dominio del dólar en el sistema financiero internacional, a primera vista no sorprende que Estados Unidos no se apresure a introducir un CBDC. El proyecto del dólar digital está aún en fase de investigación, con retraso respecto a otros grandes países. Pero esto es potencialmente desventajoso para Estados Unidos. Rusia, por ejemplo, actualmente sancionada por Occidente y por tanto aislada de los sistemas de pago internacionales, tiene el incentivo de implantar un rublo digital y ofrecer una liquidación fácil a quienes estén dispuestos a comerciar con ella. Si los países están dispuestos a comerciar en monedas distintas del dólar o el euro, la versión digital de esas monedas lo hará muy fácil. Y será mucho más difícil que las sanciones consigan su propósito de aislar a Rusia.

Aunque los CBDC no ofrecen mucho valor añadido en los sistemas financieros sofisticados, a medida que otros países aprendan a utilizarlos se convertirán en una herramienta que podría fragmentar el funcionamiento del sistema mundial. Eso supone un incentivo para que todos los bancos centrales aprendan y experimenten con las monedas digitales. Los que primero operen el sistema podrían definir la norma mundial.

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