Opinión

Magia potagia. Parado sí, pero a ratos

Winston Churchill decía que las estadísticas son como un traje de baño pues muestran datos interesantes, pero esconden lo más relevante. Otros expertos indican que son como las farolas y los borrachos, que pueden servir para iluminar o para apoyarse. En esta línea, los recientes datos sobre el empleo, muestran más sombras que luces, a pesar de que se intentan vender como todo un ejercicio de éxito de gestión, comparado con Europa. Y es que cuando jugamos con porcentajes, es fácil que los prestidigitadores del Gobierno, nos hagan trucos de magia donde desaparece el desempleo, aunque realmente está oculto en la chistera.

Aunque debiera alegrarnos la caída del paro, no queda más remedio que desvelar la realidad que se esconde tras unas cifras del empleo maquilladas, tanto en cantidad como en calidad y de las que se saca pecho. Los nuevos datos de noviembre muestran a todo un Gobierno lanzando las campanas al vuelo porque el paro se ha reducido en 33.512 personas y hay 94.236 nuevos afiliados.

Pero lo que se oculta, tras el traje de baño, es el número de horas trabajadas por trabajador, que están disminuyendo. Y también se oculta que en los primeros 8 meses del año han cerrado 46.000 empresas que podrían llegar a las 75.000 a finales de diciembre, así como que el incremento en los tipos de interés que aumentan significativamente los costes financieros y la morosidad, lo que les obliga a renunciar a nuevas inversiones para crecer. Todo ello, junto a la inflación, la caída del consumo, el PMI hundido en mínimos, los elevados costes energéticos, la subida del SMI y las cotizaciones sociales, entre otras, ponen contra las cuerdas a cientos de miles de PYMES que agonizan, aumentando su riesgo de quiebra con el impacto que ello supone en la destrucción de empleo y la precariedad.

También se ocultan muchos trabajadores que están en paro pero que no se contabilizan para poder elaborar las cuentas del Gran Capitán, los parados fantasma. Los datos oficiales muestran que en noviembre había 4.436.006 demandantes de empleo de los que sólo se consideran parados el 65% o que han aumentado en 110.697 las personas que demandan empleo pero están ocupadas, poniendo de manifiesto que, en política, el mago Houdini, sigue muy vivo. Y todo ello, sin sumar a muchos trabajadores, sobre todo jóvenes y sin trabajo anterior, que ni siquiera se registran en el SEPE porque saben que la eficacia, a la hora de intermediar y encontrar empleos, es lamentable.

Aquí aparece el último truco estrella de los ilusionistas políticos en el gran espectáculo de las cifras del empleo, el trabajador fijo discontinuo, que trabaja a ratos, pero es fijo y cobra prestación por desempleo, aunque no se cuenta como parado porque trabajará en el futuro y son trabajadores zombie. Bajo ese criterio, si todos los trabajadores de España, trabajásemos sólo una hora cada año en un día concreto, nada más, habríamos acabado con el paro y es posible que el inventor de este concepto reciba el premio Nobel por tal descubrimiento económico para la humanidad.

Además, según los datos históricos del SEPE, desde 2018, entre un 8 y 11% de los nuevos contratos que se firmaban cada mes, eran indefinidos frente a casi un 90% de temporales. Con la nueva ley que entró en vigor a principios de este año, los nuevos contratos indefinidos han pasado a representar hasta el 48% del total en muy poco tiempo. Sin embargo, la estructura y características de nuestro mercado laboral y nuestra economía no ha cambiado para alcanzar tal cifra, tampoco lo han hecho los salarios ni la productividad, por lo que la reducción de la temporalidad no se está traduciendo en menor precariedad ni mayor estabilidad laboral. Simplemente basta con ver que en los primeros 11 meses de este año se han firmado 582.383 contratos menos que en el mismo periodo de 2021 y 597.263 contratos menos en noviembre frente al mismo mes del año anterior, es decir, casi un 30% menos, donde el 8,84% eran indefinidos frente al 43,2% actual, además de 99.856 contratos menos en noviembre respecto de octubre.

Algo no cuadra, si el empleo es tan estable y está mejorando, ¿por qué sigue ocurriendo que el último día del mes hay 166.017 bajas si la calidad del empleo ha mejorado? Si no se hubiesen creado cerca de 70.000 empleos públicos en el último año, que reduce el número de parados y consideramos los fijos discontinuos inactivos junto a los 16.284 trabajadores en ERTE, podríamos afirmar que la cifra de paro registrado real sería de unos 540.000 más, por lo que el saldo final sería de 3,42 millones de desempleados, es decir, una tasa cercana al 15%, que sigue siendo inferior a la demanda efectiva de empleo que sería del 19%.

Algunos miran a Europa de reojo para justificar subidas de impuestos o una menor inflación, pero no lo hacen para alcanzar el 3% de paro de Alemania, el 2,1% de República Checa o el 6,5% de la eurozona, mientras hacen magia de salón con los números para que no veamos cómo la creación de empleo pierde impulso y que, de cada 10 europeos en paro, 3 son españoles. Unos políticos que hacen que David Copperfield, que hizo desaparecer la Estatua de la Libertad, parezca un aprendiz de segunda.

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