Opinión

Inflación y gasto público

La inflación lleva ya meses entre nosotros, incluidos los EE.UU. y las más desarrolladas economías de la UE, y la inflación da miedo y no sólo a quienes viven de sus sueldos. Las palabras de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. lo demuestran:

"Es probable que la reducción de la inflación requiera un periodo sostenido de crecimiento por debajo de la tendencia. Además, es muy probable que las condiciones del mercado laboral se debiliten. Los tipos de interés más altos, el crecimiento más lento y las condiciones del mercado laboral más débiles reducirán la inflación, pero también supondrán cierto dolor para los hogares y las empresas. Estos son los desafortunados costes de la reducción de la inflación. Pero si no se restablece la estabilidad de los precios, el dolor será mucho mayor".

No hace tanto tiempo que algunos analistas dijeron que la inflación sería transitoria y que en pocos meses estaría superada. Pues bien, estos bienintencionados profetas han errado con estrépito y por eso todo Occidente se apresta a combatir la inflación, y las fórmulas de ese combate son tan conocidas como desagradables: bajar el gasto público, subir los tipos de interés, bajar los sueldos reales, etc., etc.

¿Y en España qué? No creo que el actual Gobierno esté dispuesto a practicar cualquier política anti inflacionista, pues su supervivencia descansa en una coalición de gobierno y en mayoría parlamentaria que solo es sostenible políticamente desde la lógica de mayor gasto público, cualesquiera que sean las circunstancias de la economía. Y eso es lo que este Gobierno necesita imperiosamente para funcionar. Si se le priva de él o si se le baja la dosis, colapsa. Este es el resultado de meterse en la cama con el populismo y el separatismo.

El analista Ignacio Varela ha visto así la negativa del sanchismo a rebajar impuestos:

"Es un error interpretar la resistencia feroz del Ejecutivo a las rebajas de impuestos como una posición ideológica. La cosa es más sencilla y, a la vez, más peligrosa: necesita seguir batiendo récords históricos de recaudación para sostener los leoninos compromisos de gasto con sus socios y llegar hasta las elecciones sin aflojar un ápice la regadera clientelar que el presidente llama "proteger a las clases medias trabajadoras", la vicepresidenta segunda, "respaldar íntegramente las demandas sindicales", y cualquier persona responsable, en la coyuntura presente, señalaría como la forma más segura de arruinar el país en plena escalada de los precios. En primer lugar, a las clases medias trabajadoras".

Rigor económico y polarización política se mezclan tan mal como presupuestos electorales y lucha efectiva contra la inflación.

Sea como sea, a estas dificultades se une la proximidad electoral: en mayo de 2023 autonómicas y municipales y en dieciocho meses generales, y la proximidad de esas fechas no da mucho margen para ponerse a pelear contra la inflación, a no ser, claro está, que la UE se ponga seria y exija medidas contra la inflación a todos sus miembros, incluidas Italia y España. Y es que el populismo no para de segar la hierba bajo los pies a la democracia, ya sea en Latinoamérica, ya sea en la UE. Por ejemplo, no se entiende que en la desarrollada Italia se hayan cargado al gobierno de Draghi para dar paso al populismo, esta vez probablemente de derechas.

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