Opinión

Argelia y el paciente inglés

Admiración y envidia sana son las sensaciones que sentimos muchos ciudadanos demócratas a principios de esta semana viendo como el primer ministro del Reino Unido, el excéntrico Boris Johnson, era sometido a una moción de confianza presentada por miembros de su propio partido por el llamado partygate, y como 148 de sus compañeros tories votaban a favor de echarle del Gobierno. Y si finalmente el paciente ingles salió con vida, aunque muy tocado, de la operación, los precedentes y la opinión generalizada de todos los especialistas apuntan a que tiene los días políticos contados y bajo vigilancia permanente.

Admiración y envidia sana que sentimos de una democracia y de unos partidos que creen en la libertad de conciencia y la practican. Sobre todo viendo como aquí, en España, los diputados socialistas siguen ejerciendo de dóciles palmeros ante un presidente, Pedro Sánchez, y un gobierno sin rumbo, sin ideas y en fase de descomposición, cuya última fechoría ha provocado un incendio diplomático con Argelia, nuestro principal suministrador de gas que aporta en torno al 47% de todas nuestras compras, en plena crisis energética y de precios por el inexplicable e inexplicado cambio de nuestra posición histórica sobre el Sahara Occidental.

Una ruptura de las relaciones comerciales que, además va costar a las empresas españolas 2.914 millones de euros en exportaciones, cifra a la que ascendió el valor de nuestras ventas en 2021 al país norteafricano del que fuimos el cuarto proveedor mundial después de China, Francia e Italia.

Silencio y sumisión de unos parlamentarios que también a principios de esta semana aplaudían fervorosamente a su jefe de partido y de gobierno cuando alardeaba en sede parlamentaria de haber indultado a los golpistas catalanes del 17-O y volvía a someterse al chantaje de Bildu y de los independentistas sólo para permanecer en el poder. Y silencio y sumisión también de unos llamados "barones" que callan como Judas sin atreverse a decir en público lo que cuentan en privado, y que permanecen inamovibles ante la deriva de un gobierno carente de política exterior y cuyos errores en política económica nos mantienen como el país con mayor paro, déficit y deuda de la UE, además de llevar a España a liderar el Índice de Miseria Okun, que mide el deterioro de la economía y de la calidad de vida de las clases medias y bajas de la sociedad.

Un gobierno incapaz de tomar medidas para paliar una de las inflaciones más altas de la UE, superior a la de Alemania, Francia, Italia o Portugal y agravada por una inflación subyacente subiendo al 4,9%, el dato más alto desde 1995, lo que supone que si quitamos la energía y los alimentos no elaborados los precios tardarán en torno a un año en bajar porque las subidas de los precios se han trasladado ya a las materias primas, los bienes intermedios y al consumo, cuando Hacienda engorda sus arcas con 9.200 millones de euros más sólo en el primer trimestre a costa del empobrecimiento general.

Mientras que desde el lado empresarial los costes totales de las pequeñas y medianas empresas españolas han crecido un 23%, 3,2 puntos más que el aumento de la facturación amenazando los salarios y el empleo de los más de nueve millones de trabajadores que mantienen.

Soluciones ya aplicadas por la mayoría de nuestros socios europeos y que pasan por alargar el período de transición energética, prolongar la vida útil de las nucleares y bajar impuestos que, en el caso de los carburantes suponen más del 50% del precio a los consumidores y un porcentaje casi similar en el caso de la tarifa eléctrica.

Medidas que han demostrado su eficacia pero que a Sánchez y su troupe le estorban como ha reconocido que le estorba también la oposición, en una constatación de su marcada querencia autoritaria.

Claro que a la vista de este desastre económico y social y del abuso y deterioro que hacen del Parlamento, la Fiscalía, la educación, el CNI, la seguridad nacional, los medios de comunicación públicos y el prestigio internacional de España tal vez deberían preguntarse si no son ellos quienes hoy sobran y estorban en España.

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