Opinión

La economía, el otro frente de la guerra

Si vamos a una guerra prolongada la guerra económica será incluso más prolongada y en otoño vamos camino de una recesión". Esta predicción, más que una presunción, la hacía el general Miguel Ángel Ballesteros, director del Departamento de Seguridad Nacional del Gabinete de la Presidencia del Gobierno y es especialista en geopolítica, estrategia de seguridad y prevención del terrorismo.

Palabras que eran refrendadas y ampliadas por el ex director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, el también general Félix Sanz Roldán, quien añadía que "a mí "no me preocupa la inflación, me preocupa que el año que viene va a haber 20 millones de muertos por hambre en el mundo".

Y recordaban ambos prestigiosos militares, durante un encuentro con la asociación Pluralismo y Convivencia de Segovia, que Ucrania es el mayor granero del mundo y hoy el puerto de Mariúpol ya está poder de Putin y el puerto de Odesa está bloqueado por las tropas rusas. A fecha de hoy,? 70 barcos de 16 países se encuentran bloqueados en los seis puertos de Ucrania, amenazando con una gran crisis alimentaria que se podría extender en algunos países de África, creando horribles consecuencias humanitarias. Recordar que el estallido de la Primavera Árabe se produjo por la subida de los precios del pan y que en España somos frontera con Marruecos y el norte del continente africano.

Ucrania se sitúa junto a Rusia entre los cinco mayores productores de cereales del mundo, con datos de la FAO, la Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Es sexto productor mundial de maíz para la campaña 2020-2021 con 29,5 millones de toneladas, por detrás de Estados Unidos, China, Brasil, la Unión Europea y Argentina y el cuarto exportador mundial de este producto con 24 millones de toneladas. Es también el cuarto productor de trigo y sexto exportador mundial con 21,01 millones de toneladas. Además, el 40% de las ventas internacionales de aceite de girasol proceden de este país, por lo que el miedo global al desabastecimiento y encarecimiento de estos productos está seriamente cimentado tanto por la reducción de las cosechas a causa de la guerra y por la prohibición del presidente ucraniano Volodímir Zelenski de exportar estos alimentos, salvo muy contadas excepciones.

En el caso de España, el?27,6% de nuestras importaciones de maíz proceden de Ucrania, así como el 60% de las compras en el exterior de aceite de girasol y el 31% de las tortas de aceites vegetales. Mientras que las estimaciones de los analistas advierten de que a consecuencia de la guerra en Europa vamos a pagar 242 euros más al año por la cesta de la compra, lo que puede ser especialmente grave en un país como el nuestro en el que la inflación ha vuelto a subir hasta el 8,7% en mayo.

A la vista de estos datos no puede extrañar que Zelenski haya advertido que la guerra se libra también en el campo y que el presidente italiano Mario Draghi haya alertado de una próxima crisis alimentaria de "proporciones gigantescas". Y esta es la razón fundamental por la que los presidentes de Francia y Alemania, Macron y Scholz, se reunieran de urgencia con Putin para demandar un alto el fuego inmediato y reactivar las conversaciones de paz para buscar una solución diplomática al conflicto.

El problema es que para que esto se produzca el tirano ruso exige que se levanten todas las sanciones económicas impuestas y ese es un precio demasiado elevado para Europa y para la estabilidad geopolítica mundial que no todos los miembros de la UE parecen dispuestos a pagar.

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