Opinión

El inusual crecimiento en EEUU

En los próximos meses se publicarán datos que mostrarán que la expansión económica actual en EEUU es la más larga registrada. Pero aunque el país sigue superando a otras economías avanzadas, el éxito todavía no logró disipar la persistente sensación de inseguridad económica y frustración de muchos estadounidenses; tampoco calma el temor a que las autoridades no tengan margen de maniobra para responder a la siguiente desaceleración económica o perturbación financiera.

La expansión actual comenzó a mediados de 2009, después de la crisis financiera de 2008 y la "Gran Recesión". Impulsada al principio por intervenciones fiscales excepcionales y políticas monetarias antes inimaginables, la economía sentó bases suficientemente sólidas para permitir un renacimiento de la confianza del sector privado y la recuperación de los balances corporativos. Con el avance acelerado de nuevas tecnologías, la expansión fue liderada en gran parte por empresas tecnológicas de la nueva "economía de plataformas". Y recibió un impulso adicional de medidas en pro del crecimiento, por ejemplo desregulación y rebajas impositivas.

Ahora que la tasa de desempleo se sitúa en el 3,6%, el salario real (ajustado por inflación) crece al 1,6%. Y con los datos trimestrales más recientes que indican un 3,1% de crecimiento anualizado del PIB, la actividad económica de EEUU sigue superando a la de Europa y Japón por amplio margen. Esta fortaleza alentó una creciente combatividad de EEUU en la búsqueda de sus objetivos nacionales en la escena mundial, que incluye pasar por alto viejos mecanismos de cooperación y resolución de conflictos y amenazar con la imposición de aranceles a las importaciones y otras medidas proteccionistas.

Para llegar a este punto, tuvo que enfrentar un contexto externo desfavorable, que incluyó una crisis de deuda en Europa y la desaceleración del crecimiento económico de China. En el plano interno, una profunda polarización política, sobre todo desde 2011, obstaculizó la actividad legislativa del Congreso y produjo varias amenazas de cierre de la administración pública y cierres reales (entre ellos el más largo registrado). En ausencia de medidas procrecimiento de parte del Congreso, la política monetaria pasó a ser la única herramienta importante. Tras tener que ampliar considerablemente su lugar en la economía durante los años de la crisis, la Reserva Federal estuvo al borde de aplicar políticas sumamente erradas y se volvió más vulnerable a la interferencia política.

La capacidad de la Fed para contrarrestar las recesiones es bastante limitada

Como el crecimiento anual durante la última década fue a menudo endeble y no lo suficientemente inclusivo (lo que se conoce como la "nueva normalidad" o estancamiento secular), la economía estadounidense quedó con una sensación residual de bajo desempeño y vulnerabilidad potencial. Según una encuesta muy citada de la Fed, casi la mitad de las familias estadounidenses dicen no tener ahorros suficientes para cubrir un gasto de emergencia por 400 dólares.

No extraña que la confianza en las instituciones y en la opinión de los expertos siga siendo tan baja. En combinación con una desigualdad excesiva (de ingresos, riqueza y oportunidades), la frustración y el malestar político se mantienen altos. Para colmo de males, la difusión de pronósticos pesimistas sobre las implicaciones de la tecnología y de la globalización sigue alimentando el temor a disrupciones y dislocaciones del mercado laboral. Y fuera de EEUU, muchos temen que la superpotencia que es responsable de emitir la moneda de reserva internacional, y que cumple un papel decisivo en muchas interacciones multilaterales, ya no sea un anclaje confiable y predecible del sistema global de comercio y finanzas.

Además, a diferencia de expansiones anteriores, EEUU todavía no llegó a estar suficientemente protegido contra futuros desafíos económicos y financieros. O, como dijo el expresidente Kennedy y repitió el año pasado la directora gerente del FMI Christine Lagarde, no reparamos el tejado cuando todavía brillaba el sol.

Más allá de la falta de autoprotección en el nivel de las familias, la capacidad de la Fed para contrarrestar recesiones económicas y disrupciones financieras es bastante limitada. La tasa de política monetaria actual está entre el 2,25 y el?2,5%, pero en desaceleraciones pasadas fueron necesarios recortes de cinco puntos porcentuales o más. Además, el balance de la Fed está sobredimensionado y el mecanismo para la transmisión de las medidas de política monetaria a la economía real está bastante debilitado. E incluso si las autoridades fiscales adoptaran un papel más activo, partirían de un nivel de déficit y deuda relativamente altos.

Para prolongar la expansión actual hará falta mucha pericia. Las autoridades (en particular, el Congreso) deben, por un lado, evitar grandes errores y minimizar el riesgo de crisis financieras, y por el otro hacer más para estimular el crecimiento. EEUU necesita una estrategia bien dirigida para la modernización y actualización de su infraestructura.

Las autoridades y los economistas influyentes también deben estar más atentos a la distribución de los frutos del crecimiento; entre otras cosas, hay que mejorar la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad y crear estabilizadores automáticos más fuertes. Las empresas, por su parte, deben esforzarse más en asumir sus responsabilidades sociales, aunque solo sea para no terminar en la misma posición que los bancos después de la debacle de 2008. Cada vez más voces se alzan para pedir una mayor regulación de las grandes tecnológicas.

Además, después de trastornar el comercio global, EEUU debe garantizar que seguirá siendo el ancla del sistema internacional basado en reglas. De lo contrario, su influencia sobre los acontecimientos económicos y financieros en todo el mundo se debilitará.

Pronto EEUU estará celebrando (y con razón) la expansión más larga de su historia. Pero no debe perder de vista los desafíos que aún le quedan. Lo último que necesita el mundo ahora mismo es que la expansión actual dé paso a un período prolongado de menor crecimiento, mayor inestabilidad financiera y aumento de las tensiones transfronterizas.

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