Opinión

La alta inflación se enquista

Riesgo de cronificar los precios

Los datos adelantados del INE sobre el IPC de abril rompen la tendencia alcista que la inflación experimenta desde hace más de un año. Así, sitúan la tasa general en el 8,4% frente al 9,8% del mes anterior.

 La razón de este respiro está en la moderación en los costes de los combustibles y la electricidad. Con todo, este descenso no debe llevar a considerar que el grave problema que los precios genera en el consumo y la economía se está reduciendo. De hecho se agrava debido al avance implacable de la inflación subyacente, que excluye la volatilidad implícita de la energía y los alimentos frescos, y que se sitúa ya en el 4,4%, un punto más que en marzo. Esta subida evidencia el mayor impacto de los altos precios en la cesta de la compra, lo que seguirá pasando factura a las familias. Pero más grave aún es que el incremento de los elementos menos volátiles del IPC también refleja que los temidos efectos de segunda ronda empiezan a aflorar. El BCE, el Banco de España y la CEOE llevan tiempo advirtiendo del peligro que supone un escenario así en el que el aumento de los precios se vuelve persistente y se plantea el serio riesgo de que las alzas rápidas y cuantiosas de salarios lo cronifiquen. El IPC subyacente deja claro que dicho peligro es real. Es más, medidas tan erróneas como indexar las pensiones al índice general de precios sólo añadirán más tensión inflacionista.

La aceleración de la tasa subyacente confirma el impacto de los efectos de segunda ronda en el IPC nacional

Esta situación es especialmente peligrosa en un momento como el actual en el que la recuperación pierde fuelle, como se verá hoy en la revisión del cuadro macro del Gobierno. Además, las incertidumbres globales se multiplican por la guerra en Ucrania, los nuevos confinamientos en China y la amenaza de recesión en EEUU.

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