Opinión

Efectos en el turismo en la guerra en Ucrania

Cuando parecía que el turismo mundial se estaba recuperando de la crisis provocada por el Covid -la más importante en la historia de este sector- la invasión rusa de Ucrania pone patas arriba todo lo avanzado.

El turismo es uno de los sectores económicos a los que más afecta el llamado "efecto mariposa" que, si aletea en Moscú, provoca un terremoto en Cancún, por la enorme variedad de subsectores que tienen que funcionar equilibradamente para que los turistas pueden disfrutar de sus vacaciones.

Algunos efectos se han producido inmediatamente, otros se irán produciendo en función de las medidas que lleven a cabo los gobiernos o porque sus efectos simplemente tardan en llegar.

El más inmediato ha sido el alza del precio del petróleo, que ha sobrepasado los 100 dólares por barril y especialmente del gas, con el consiguiente encarecimiento del transporte aéreo, un tercio de cuyos costes dependen del combustible. Por supuesto las compañías han asegurado el precio de una parte del combustible necesario.

El consumo de combustible también será mayor, debido a que el cierre del espacio aéreo ucranio, y de parte del ruso, bielorruso y moldavo, obliga a costosos desvíos. Han quedado afectados todos los vuelos directos a y desde Ucrania y la mayor parte de los que lo hacen a Rusia.

Todas las bolsas han caído-ya estaban débiles-. Aeroflot lo hizo un 25% El resto de las compañías aéreas también lo ha hecho, pero en porcentajes muy inferiores. La bolsa de Moscú se desplomó más de un 30% y el rublo perdió casi la mitad de su valor frente al dólar y el euro, aunque lo habitual es que se recuperen una parte de esas pérdidas. En estas condiciones, económicas y ante el temor a no ser bien recibidos en muchos lugares, los rusos no saldrán de vacaciones.

En todo el mundo aumentará la inflación y consecuentemente disminuirá la renta disponible, determinante de la propensión a viajar.

La tendencia al encarecimiento de los billetes de avión, que ya estaba en marcha, se acelerará. Habrá menos viajes de larga distancia, menos viajes de negocios, precisamente donde ganan dinero las compañías aéreas -cuando las empresas pagan no quieren arriesgarse a reclamaciones, en caso de que algo ocurra durante el viaje-.

Por otra parte, en los países europeos existe una bolsa de ahorro que tuvo lugar durante la pandemia y un deseo de viajar no satisfecho.

Los vuelos entre países de Europa Occidental sufrirán menos, pero los turistas de larga distancia que visitaban nuestro continente, incluida España, se quedaran en sus casas. Los chinos a causa de sus propias restricciones y los americanos por su tendencia a evitar no solo las zonas de conflicto sino todo el continente en el que tengan lugar.

En el caso de España, Canarias en invierno, los destinos catalanes en verano y la Costa del Sol todo el año se quedarán sin sus clientes rusos-que gastaron aquí unos 1.100 millones de euros en 2019- mientras que los procedentes de los países nórdicos -Suecia y Finlandia han sido directamente amenazadas por Putin- y Polonia se lo pensarán. Sin embargo, en términos relativos España mantendrá o aumentará su cuota de mercado en los principales países europeos, en los que tenemos ventajas relativas y que representan un 70% del total de ingresos. Los potenciales clientes van a preferir viajar a destinos conocidos, cercanos, seguros y de fácil acceso para un posible regreso anticipado. España es con gran ventaja el país que reúne todos estos requisitos por lo que previsiblemente nos acerquemos durante el verano- si la situación no empeora- a las cifras previstas: un 80% de las del 2019.

Las sanciones impuestas son limitadas como lo son sus efectos y si se amplían también sufriremos nosotros algunas de sus consecuencias.

El sector cree que el conjunto del espacio aéreo ruso no se cerrará totalmente, como ha pedido el presidente ucraniano Zelensky, lo que tendría un gran impacto. Turquía, el principal receptor de turistas rusos, no ha cortado el paso del Bósforo y los Dardanelos a barcos rusos, Europa no ha dejado de comprar gas y petróleo a Rusia. La exclusión parcial del sistema de pagos internacionales Swift dificultará el pago europeo del petróleo y el gas; el ruso de los servicios turísticos y el cobro de las deudas. La prohibición de usar las reservas para amortiguar las sanciones maniata al Banco Central ruso. Es la primera vez que se sanciona a un Banco Central del G20.

A medio plazo la debilitación de los sistemas globalizados de las cadenas de suministros y de los sistemas financieros integrados, que se pusieron en marcha en 1991, precisamente tras la caída de la Unión Soviética, obligaran a todos a reformularse el funcionamiento global de la economía incluido el turismo.

Todo esto dando por supuesto que los dirigentes de uno y otro bando están despiertos y no son Los sonámbulos que tan bien describe Christopher Clark en su libro del mismo nombre The Sleepwalkers que detalla como los dirigentes europeos no sabían lo que hacían cuando nos llevaron la Primera Guerra Mundial.

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