Opinión

Qué debería hacer Joe Biden en comercio internacional

Las políticas aislacionistas y proteccionistas del ex presidente de Estados Unidos Donald Trump, resumidas en la frase "Estados Unidos primero", dañaron gravemente a Estados Unidos y su papel de liderazgo mundial. El aumento de los aranceles a las importaciones que ingresan a Estados Unidos, en especial a las que provienen de China, sólo logró incitar a que otros países impongan aranceles recíprocos a los productos estadounidenses. La política comercial de Trump, por lo tanto, terminó perjudicando a la mayoría de los estadounidenses, afectando desde agricultores hasta consumidores de clase media.

Durante el gobierno de Trump, Estados Unidos también abandonó unilateralmente su papel mundial, el mismo que le hubiera permitido inclinar a su favor la formulación de normas internacionales en materia de comercio internacional y gestión de la crisis climática. Estados Unidos se retiró del acuerdo climático de París de 2015, de la Organización Mundial de la Salud, y del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), y lanzó un ataque despectivo contra la Organización Mundial del Comercio al negarse a aceptar cualquier nombramiento para llenar las vacantes en el Órgano de Apelación de la OMC.

El aislacionismo de Trump fue especialmente doloroso para los principales aliados de Estados Unidos en Europa y Japón. Cuando Estados Unidos abandonó los altos principios morales en el ámbito del libre comercio y el multilateralismo basado en normas, también amenazó los valores de dichos aliados clave.

El gobierno del presidente Joe Biden revirtió rápidamente muchas de las políticas económicas, ambientales, y relativas al COVID-19 dictadas por Trump, e incluso restituyó la participación de Estados Unidos en el acuerdo de París y revirtió el retiro estadounidense de la OMS. Sin embargo, Biden ha tardado mucho en echar para atrás las medidas proteccionistas de su predecesor. Después de que ya ha transcurrido casi un año desde el inicio del mandato de Biden, algunos de los aranceles impuestos por Trump siguen vigentes. No se habla sobre la adhesión de Estados Unidos al sucesor del TPP: el Acuerdo Integral y Progresista para la Asociación Transpacífica (CPTPP). Y, si bien el gobierno Biden sí habla acerca de revivir la OMC, aún le queda como tarea pendiente la conversión de la retórica en acción.

La inacción de Biden es desconcertante. Él se ha expresado claramente sobre cuáles son sus objetivos políticos con respecto a China, país al que ve como el competidor más serio de Estados Unidos. En diciembre, Biden invitó a más de 100 líderes mundiales a la Cumbre para la Democracia, un evento virtual cuyo propósito fue debatir acerca de los desafíos que plantean los estados autoritarios, principalmente aquellos planteados por China y Rusia. Teniendo en cuenta esto, ¿por qué su gobierno no actúa con prisa para adherirse al CPTPP?

El TPP original fue firmado en el año 2016 durante la presidencia de Barack Obama, lo firmaron 12 países de la Cuenca del Pacífico, incluido entre ellos Estados Unidos, y excluía de manera notoria a China. Se lo concibió como una alianza económica regional destinada a promover de manera integral el libre comercio y la inversión, así como también una alianza que protegería los derechos de propiedad intelectual, regularía el comercio digital y evitaría que los Estados signatarios obtengan una ventaja competitiva injusta a través de las acciones de sus empresas de propiedad estatal (EPE). El pacto fue un intento poco disimulado por parte de las principales economías del Pacífico, con la excepción de Corea del Sur, de competir más eficazmente con China. Y el acuerdo sucesor del mismo, el CPTPP, ha acrecentado cada vez más su influencia en la región de Asia y el Pacífico, a pesar de que, hasta la fecha, Estados Unidos se niega a unirse al mismo.

No es difícil ver por qué. Muchos países que dependen del mercado chino han tenido que tragar durante mucho tiempo las condiciones establecidas por China en materia de comercio e inversión. Por ejemplo, las autoridades chinas a menudo exigen a las empresas extranjeras que realizan inversiones directas en China que formen una empresa de riesgo compartido junto con un socio local, en lugar de establecer una subsidiaria que sea de su total propiedad. Además, el rápido crecimiento de las exportaciones chinas ocurrió gracias a que los bancos estatales financiaron a las EPE, lo que llevó a que otros países se quejen sobre la excesiva subvención en China. Se suponía que el TPP expandiría el comercio libre y justo, así como la inversión basada en reglas entre sus miembros, pero también se suponía que establecería reglas de compromiso para evitar que China se aprovechara injustamente de sus socios comerciales.

Después de que Trump retirara a Estados Unidos del TPP en enero del año 2017, el entonces primer ministro de Japón, Shinzo Abe, tomó la iniciativa de forjar el acuerdo CPTPP, también llamado el TPP11, entre los miembros restantes del pacto. Se archivaron algunas de las cláusulas a favor de las cuales había ejercido presión Estados Unidos durante las negociaciones para la firma del TPP original, pero se las podría reintroducir, en caso de que Estados Unidos decidiera adherirse al nuevo tratado. El TPP11 está funcionando bien, pero sin embargo echa de menos la presencia de Estados Unidos.

Además, mientras Estados Unidos desperdiciaba los últimos cinco años por su alejamiento del emergente marco de comercio e inversión de Asia y el Pacífico, se produjeron otros dos acontecimientos importantes. En primer lugar, China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y los diez Estados miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) firmaron el acuerdo de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), (India se retiró de este acuerdo en la última fase de las negociaciones).

El acuerdo RCEP, que entró en vigor el 1 de enero de este año, negocia operaciones de comercio exterior por un valor de $2,5 billones de dólares entre sus miembros, es decir, una cifra que aproximadamente es el 13% del valor total del comercio mundial de bienes, y sus 15 signatarios representan el 30% del PIB mundial. Es el primer acuerdo de libre comercio entre Japón y China, y se espera que profundice la relación comercial bilateral entre estos dos países. Sin embargo, para dar cabida a las economías de los mercado emergentes de la ASEAN, los aranceles promedio bajo el marco del acuerdo de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) seguirán siendo más elevados que aquellos en el acuerdo TPP11, y la cobertura de las inversiones es más limitada.

El segundo acontecimiento es que China y Taiwán solicitaron por separado su adhesión al TPP11 en septiembre de 2021, lo que plantea enormes desafíos para el gobierno japonés. Para empezar, ¿pueden los miembros existentes del TPP11 negociar con China para mantener la alta vara de requisitos para ingresar al acuerdo, o podrían terminar divididos por el tema de cuán dura debería ser la postura a tomar?

Es más, si bien es de esperar que China adopte una postura dura contra la adhesión de Taiwán al acuerdo, los países del TPP11 podrían considerar que darle la bienvenida a Taiwán, un líder mundial en la fabricación de semiconductores de alta gama, les brindaría beneficios adicionales en materia de seguridad económica. Esto podría provocar duras reacciones por parte de China.

Teniendo en cuenta la incertidumbre que existe con relación a la disposición que tiene Japón en cuanto a jugar un duro partido con China y Taiwán sobre el TPP11 en los ámbitos políticos y económicos, se necesita hoy más que nunca la presencia de un fuerte liderazgo estadounidense. La rápida adhesión de Estados Unidos al acuerdo mejoraría el comercio estadounidense con importantes economías de Asia y el Pacífico, y reforzaría sus esfuerzos por competir con China. Biden debería hacer que la adhesión a este acuerdo se convierta en un asunto de prioridad urgente.

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