Opinión

La oportunidad de futuro del sector de la construcción

La hoja de ruta del sector de la construcción

La sociedad, la economía y el funcionamiento de numerosos sectores están inmersos en una fuerte transformación. Algunas industrias ya no son lo que eran y otras, sin las que hoy no seríamos capaces de hacer una vida normal, no estaban ni en el imaginario colectivo cuando comenzó este siglo.

Tal vez suene con menos eco, pero el sector de la construcción también se encuentra inmerso en este periodo de transición. No hay más que recordar en aquellos inicios de la pandemia que hoy vivimos, cómo China levantaba un macro hospital en las afueras de la ciudad de Wuhan en apenas diez días ante la mirada atónita del mundo.

Aun así, cuando observamos el podio de los sectores que se encuentran a la vanguardia de la innovación, nos cuesta encontrarnos. Y no es por falta de relevancia. McKinsey otorga a la actividad de la construcción un 13% del PIB global, una cifra nada desdeñable. Otra cosa es que hablemos de la productividad de este sector, una variable muy relacionada con la adopción de avances tecnológicos por una industria. En este tema cojeamos, y mucho. En dos décadas, un 1%.

¿A qué se puede deber este mínimo crecimiento, por no decir estancamiento? Numerosos factores. Deloitte cita entre otros, las palpables imprecisiones en los tiempos de entrega y en la previsión de costes, un trabajo manual en el que la estandarización de procesos tiene poca penetración y una falta de trabajadores cualificados, sobre todo por la temporalidad en los contratos derivado de un sector muy marcado por los ciclos económicos.

Por otro lado, nuevas tendencias exigen avanzar en nuestra actividad. Nuevos procesos industriales, la ola de la digitalización, unos mayores estándares de sostenibilidad, así como el incremento en las ratios de urbanización que presionan tanto sobre costes como sobre plazos, ponen la lupa en la eficiencia como camino de futuro.

No en vano, según el Global Outlook de KPMG, para el año 2019 cada vez más compañías y directivos son conscientes de que las soluciones existen y de que nuestro sector ofrece las herramientas para superar los retos actuales.

En primer lugar, en términos de nuevos procesos y técnicas de producción. Vamos hacia algo parecido a la industria del automóvil. La fabricación de edificios en serie, de una manera planificada y en plantas y fábricas especializadas. Es la realidad de los materiales prefabricados como el hormigón y las previsiones de Deloitte es que los contratistas empujen gradualmente la fabricación prefabricada y que los fabricantes amplíen su gama de subconjuntos prefabricados.

La fabricación off-site supone un avance en términos de eficiencia y rapidez. Una producción en serie, en planta y llevada a obra, permite en primer lugar realizar diferentes piezas simultáneamente y con calidad controlada Un edificio por partes, , algo que in situ tendría que ser secuenciado, y, además, no condicionado por factores externos como las inclemencias meteorológicas, por no nombrar otros. Además, el desarrollo de componentes en planta supondría una mayor integración entre trabajo de ingeniería y obra, reduciendo el tiempo de entrega entre un 50 y un 70% según VIVIALT, pudiendo ofrecer plazos y costes de ejecución cerrados.

Incluso en términos de sostenibilidad, los prefabricados suponen una ventaja. La eficiencia es un pilar fundamental de la sostenibilidad y la política residuos 0 una de las tangentes de las políticas y prácticas limpias de instituciones y empresas. Pues bien, los prefabricados pueden reducir en un 80% la generación de residuos. ¿La razón? La producción industrial controlada permite un control total de insumos, reducción y reutilización de mermas, lo que nos es posible con la producción artesanal in situ.

Además, los prefabricados están en línea con el concepto actual de economía circular, donde la idea es reducir el consumo de materiales y principalmente descartes. Con este concepto es posible tener las piezas pensadas desde su diseño de forma hasta que puedan ser reutilizadas en un futuro, por ejemplo, tras una demolición, para dar lugar a un edificio nuevo, aumentando así el ciclo de utilización

Aunque no son las únicas tendencias transformativas. Digitalización y nuevas tecnologías suponen un agregado a largo plazo. Por ejemplo, las tecnologías BIM (Buindling Information Modeling) y su integración con los prefabricados facilitarán igualmente la integración de toda la cadena de valor para aumentar su eficiencia.

En el mismo camino de la digitalización, otras herramientas están ya presentes en el mundo de la construcción, como el internet de las cosas (IoT), con chips integrados a las estructuras prefabricadas para monitorizar el desempeño de la estructura, entre otras.

Pero no podemos dejar de lado, al describir el estado del sector, el profundo impacto de la Covid-19 ha generado en todas las actividades, también en la construcción. Su efecto, otorga aún más importancia a la transición hacia nuevos modelos productivos, de gestión, de coordinación para avanzar a una industria con una mayor resiliencia.

Las crisis son momentos catalizadores. La combinación de la digitalización en muchos niveles, el uso eficiente de procesos y tecnologías -como la prefabricación u otros-, el uso más eficiente de materiales y recursos y un fuerte sesgo sostenible y social habrán de ser la columna vertebral para las empresas y los líderes de esta transformación irreversible.

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