Opinión

Las divisas digitales ya están aquí

Los retos de las criptomonedas

La mayor amenaza para las criptodivisas es el lanzamiento de las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC, por sus siglas en inglés), que tendrán un valor fijo y estarán respaldadas por una cuantía idéntica de dinero real. Esa es la visión que desde hace tiempo tenemos en UBS. Las pruebas avanzan decididamente y hace dos semanas se lanzó ya la primera emisión de deuda pública digital.

La revolución gana velocidad y pondrá a prueba el verdadero valor como instrumento de intercambio del bitcoin y similares. Decenas de bancos centrales se han embarcado en proyectos piloto sobre CBDC: los principales (Fed y BCE) aún están en la fase teórica, mientras que otros 19 (entre ellos China y Suecia) han hecho pruebas reales. El BCE se ha comprometido a publicar su veredicto antes de final de año.

Mientras tanto, varios consorcios de grandes entidades financieras están probando la tecnología de las cadenas de datos (blockchain) en la comunicación, liquidación y certificación de transacciones. El sistema bancario parece ya preparado para cuando los reguladores y autoridades monetarias se decanten por una solución específica.

Un hito muy relevante se alcanzó el 28 de abril pasado. El Banco de Francia (BdF) apadrinó la emisión del primer bono digital, a través de un consorcio de bancos. Fueron 100 millones de euros, emitidos por el Banco Europeo de Inversiones (BEI) -el brazo financiero de la Unión Europea-, con vencimiento en dos años, rating AAA y cupón del 0%. La plataforma de blockchain utilizada fue Ethereum (que guardará el registro de propiedad y transacciones), pero el bono está denominado en euros y no en la criptodivisa del mismo nombre.

El BdF, que ha recibido y mantiene depositado el dinero real de los inversores, fue el creador de los euros digitales, que pasaron por los monederos electrónicos de los brókeres y del BEI. Los suscriptores tienen su token, que certifica su tenencia, y el emisor puede retirar cuando desee euros reales del banco central a cambio de sus monedas digitales. Y así serán la inmensa mayoría de las transacciones financieras en unos pocos años.

Pero esa es la parte fácil de esta revolución. Los bancos centrales todavía tienen que tomar la decisión crucial de las características técnicas de sus CBDC, como por ejemplo, si solo se empleará en transacciones interbancarias o si los ciudadanos tendrán acceso o, si en caso de que se universalice, los ciudadanos tendrán sus monederos digitales en sus entidades financieras o en el propio banco central.

Además, tendrán que despejar aspectos tales como la aplicación de tipos de interés (positivos o negativos) en vigor, si el registro de propiedad y de transacciones estará centralizado o distribuido en la nube (como sucede con la mayoría de criptodivisas), o si la información que acumulen los blockchain será anónima o podrá ser utilizada por las autoridades fiscales o judiciales.

De lo que no cabe duda es que el valor de cada CBDC será fijo en la moneda emitida por cada banco central. Esto significa que, salvo que tengan grandes desventajas desde el punto de vista de la privacidad, el tipo de criptodivisa más directamente amenazado serán los stablecoins (con valor fijo pero las mismas amenazas respecto a su seguridad), en tanto que algunas de las que tienen precio fluctuante podrían mantener cierta relevancia como activos especulativos y de ocultación de fondos.

Estamos convencidos de que, con distintos formatos, las CBDC se acabarán imponiendo en las transacciones financieras y económicas. La tecnología de las cadenas de datos revolucionará multitud de sectores. Pero insistimos en que las Fintech nos parecen una vía más prometedora y segura de participar en esta revolución que el casino de las criptodivisas.

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