Opinión

Cómo regular en la UE la economía digital

Los estándares de la economía tradicional no sirven para regular la era digital

La mejor caracterización que he oído del papel económico de las plataformas digitales es que son 'casamenteros'. Sirven para unir dos tipos distintos de clientes en un mercado determinado: por ejemplo, el viajero que quiere encontrar una casa de vacaciones y el anfitrión que tiene una para alquilar. Estos dos clientes distintos necesitan la plataforma para encontrarse. Y si hay un valor en la conexión, hay margen para los 'casamenteros'.

Y así como el arte de buscar pareja no es nuevo, tampoco lo son estos mercados de dos caras. Pero la era digital ha aportado mayor complejidad y mayor escala. Las plataformas digitales suelen conectar muchos lados, no sólo dos, dando lugar a mercados multifacéticos. Y como las soluciones tecnológicas pueden ampliarse sin grandes inversiones, las plataformas digitales se han vuelto omnipresentes en todo el mundo para satisfacer un enorme aumento de la demanda de conectividad. Piense en las veces que ha utilizado Google para buscar algo o booking.com para reservar un alojamiento de vacaciones.

Y donde hay escala hay poder, posiblemente poder de monopolio. Pero mientras que en los mercados unilaterales el consumidor siente el peso del monopolio a través de precios más altos, esto no es fácil de establecer en los mercados multilaterales. La regulación de estas plataformas requiere comprender la economía de los intermediarios digitales. Esto, a su vez, requiere ir más allá de la teoría de la empresa que nos enseñan en la Universidad.

A diferencia de los mercados tradicionales, los mercados con dos caras tienen dos características principales: necesitan ambos tipos de consumidores para desarrollarse, y a los distintos consumidores se les suele cobrar precios diferentes. Para que el mercado funcione, el intermediario no sólo debe identificar el precio total a pagar, sino también decidir cómo distribuir este precio entre las dos partes.

Las plataformas se han vuelto omnipresentes para satisfacer el alza de la demanda

Pensemos en los agentes inmobiliarios, un mercado clásico de dos caras. El agente inmobiliario necesita tanto a los compradores como a los vendedores. No basta con uno de los dos. Y el comprador suele pagar muy poco o nada por acceder a los servicios del agente inmobiliario. El vendedor, en cambio, paga la mayor parte de los honorarios para que el agente inmobiliario obtenga beneficios.

Traslademos esto a la economía digital de las plataformas multilaterales, en la que hay muchos lados de un mercado, todos ellos pagando un precio diferente que asegura la participación de cada lado. ¿Cómo se puede establecer un poder de mercado excesivo cuando hay múltiples precios, algunos de los cuales son nulos o incluso negativos?

Además, hay una complicación añadida. Todos los lados del mercado se benefician de las grandes redes. No me gustaría buscar una casa de vacaciones en una plataforma que sólo tiene unas pocas para ofrecer. Y del mismo modo, los anfitriones no querrían publicar sus casas en plataformas pequeñas. Así pues, la posibilidad de que los precios sean más altos debe sopesarse cuidadosamente con las economías de escala. Identificar los precios de un monopolio es difícil incluso en mercados más simples. Hacerlo cuando cada parte tiene un precio diferente para reflejar diferentes umbrales de participación en el mercado se vuelve muy complejo.

La regulación de las plataformas digitales está debatíéndose. La Comisión Europea ha presentado recientemente (en diciembre de 2020) una iniciativa denominada Ley de Mercados Digitales (DMA).

Todavía no se ha secado la tinta de esta propuesta legislativa, pero una primera lectura nos dice que la Comisión quiere hacer dos cosas sencillas. La primera es definir la escala tanto en términos de valor económico como de número real de usuarios. Al establecer umbrales para estas dos variables, la Comisión puede identificar a los "guardianes" - o en otras palabras, a los "casamenteros sistémicos" - que deberán ser controlados. Así pues, está claro que el tamaño es objeto de una mayor vigilancia.

Más allá de eso, y en reconocimiento de lo difícil que es establecer un poder de mercado excesivo, la DMA tiene un carácter preventivo. En lugar de esperar a identificar el poder de mercado, su objetivo es limitar las actividades de las plataformas para que no se conviertan en monopolios. Por ejemplo, una limitación sería que Google, un gran actor identificable, no dirigiera las consultas de compra a la plataforma Google Shopping, sino que diera igual acceso a todas las plataformas de compra. Esto debería limitar la forma en que los grandes guardianes utilizan su dominio en una actividad para promover algunas de sus otras actividades comerciales. Es poco probable que esta legislación se convierta en algo general, pero refleja el hecho de que las herramientas económicas estándar que pueden servir a los mercados tradicionales pueden no funcionar para los mercados de múltiples caras.

A medida que la economía se digitaliza cada vez más, los mercados multilaterales serán más frecuentes que los mercados tradicionales de una sola cara. En ese caso, la economía de los mercados multilaterales debería estudiarse cuidadosamente junto con la teoría tradicional de la empresa que nos enseñan en la Universidad.

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