Opinión

Leyes que pueden situar a España a la cabeza de la innovación

El autor insta a una pronta regulación que impulse la movilidad sostenible

El transporte es el sector que genera más emisiones de CO2. El tráfico rodado, por sí solo, supone un 25% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta semana la Organización Meteorológica Mundial nos alertaba de que, pese a la pandemia, el dióxido de carbono en la atmósfera marcará un nuevo récord en 2020. Y la Agencia Europea de Medio Ambiente nos anunciaba que la contaminación del aire provoca al menos 379.000 muertes prematuras al año en la UE.

Mientras, en España, se avanza en una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que cede a la inminente Ley de Movilidad Sostenible algunos puntos clave sobre un transporte que, como podemos ver, resulta clave dentro de esta materia. La Ley de Cambio Climático es una oportunidad única para construir una sociedad y una economía más verdes en España, y debe abordarse con un enfoque 360 que aborde también, por supuesto, el transporte.

Todos hemos escuchado esta famosa frase: "la innovación siempre llega antes que la regulación". Sí, y es normal. Pero en España, por poner un ejemplo, BlaBlaCar lleva 10 años operando, tiene más de 6 millones de usuarios y, sin embargo, no existe todavía una definición del coche compartido en ninguna regulación a nivel nacional. Lo que no debemos aceptar, sobre todo al abordar un asunto tan sensible y urgente como el de la sostenibilidad, es que nuestras nuevas leyes no tengan una visión a largo plazo. Sirva como ejemplo la obsesión por la promoción de un coche eléctrico que, sin duda, contribuye, pero no soluciona. ¿Quién sabe qué será del coche eléctrico en unos años a la velocidad a la que evoluciona el sector del motor?

La movilidad sostenible necesita definición, seguridad jurídica e incentivos al uso

Nuevos y potentes retos en un periodo muy corto de tiempo: la Ley de Cambio Climático y la Ley de Movilidad Sostenible. Pocos meses para construir la hoja de ruta de nuestro transporte y que esta incluya todas las innovaciones de los últimos años y se abra a las que están por venir. Un reto nada sencillo, pero que se entiende mejor si los objetivos, que deben ser ambiciosos, están muy claros y no estudian sólo el corto plazo, sino que miran a un futuro que apueste por la movilidad colectiva y compartida, por la mayor ocupación y la optimización, por la multimodalidad. Sólo deben adoptarse medidas concretas en el ámbito de la movilidad en base a objetivos ambiciosos que tengan como principal palanca la sostenibilidad.

Llevo vinculado a BlaBlaCar prácticamente desde su creación, antes de unirme a ella, y siempre he estado en contacto muy cercano con su evolución en España. Durante todos estos años he visto cómo las administraciones francesas definían el coche compartido en 2015, siguiéndonos muy de cerca como modelo, incluyendo su promoción en la Ley de Energía y Clima y llegando a iniciativas muy concretas que promocionan su uso en la LOM de hace un año. Definición, marco claro de regulación y nuevas formas de incentivar el uso: los pasos a dar con modelos de movilidad que generan un impacto positivo. 

En España, sin embargo, hemos tenido una sentencia que defendía y definía nuestra actividad, pero sólo una definición en la Ley de Medidas frente al Cambio Climático de Andalucía de 2018. Y eso que hemos desarrollado estudios con consultores externos que aseguraban que el coche compartido ahorra la emisión de 1.6 millones de toneladas de CO2 al año. Y eso que todos hemos visto cómo Madrid se convertía en uno de los hubs internacionales más importantes para el carsharing. Y eso que hemos desarrollado proyectos como el de nuestro algoritmo de conexión de pequeñas localidades, que ha permitido que sólo en este último año, especialmente malo para la movilidad, se hayan conectado un 75% de las localidades españolas. Y eso que todos estamos de acuerdo en la importancia de la seguridad jurídica y entendemos que es importante para las compañías y para sus usuarios. Pero se nos olvida a veces que esa seguridad jurídica también permite que la innovación no se frene. Y pongo otro ejemplo muy concreto: muchos gobiernos regionales y locales en España nos han mostrado directamente su interés en que lancemos en España BlaBlaLines, un modelo de coche compartido para los desplazamientos diarios y de corta distancia que desarrollamos en Francia desde hace dos años. Nos encantaría que fuera España, de nuevo, el segundo país en el que lanzarlo. Por supuesto. Pero en Francia existen definición, promoción y herramientas concretas como los Certificados Blancos o la subvención regional de ofertas de viajes compartidos, que hacen más atractivo el uso del carpooling y contribuyen a descongestionar nuestras ciudades. 

Os decía que llevo mucho tiempo mirando a España muy de cerca, y lo que tengo claro es que la sociedad está más que preparada para una innovación basada en la sostenibilidad, y eso no debemos ni podemos frenarlo. España puede situarse entre los países más innovadores y sostenibles en materia de movilidad y transporte si consigue crear un marco regulatorio adecuado. Puede, además, inspirarse en otros países europeos que han iniciado el camino. En estos próximos cuatro meses tenemos la oportunidad única de situar a España como referente en innovación. España puede ir tarde en materia de movilidad, pero este país siempre ha sabido girar las tornas y convertir riesgos en fortalezas. Para eso hay que ser ambicioso.

Hay muchas cosas que unen a España y Francia. Muchas más de las que pensamos, creo yo. Sobre todo, un espíritu europeo que, sí, dificulta la expansión de nuevos modelos debido a una regulación fragmentada, pero que debe incluso esa fragmentación a una cultura absolutamente esplendorosa y única que nos hace liderar retos importantes como la sostenibilidad. Y entre estas muchas similitudes, por nuestra cultura, algunos dichos. En España se dice "que lo urgente no te impida ver lo importante", en Francia se dice "a force de sacrifier l´essentiel pour l´urgence, on finit par oublier l´urgence de l´essentiel". Durante este duro 2020, lo urgente y lo importante, por desgracia, han coincidido. Pero no podemos permitir que la sostenibilidad, el próximo gran desafío, no reciba toda la atención que merece y necesita. Es urgente y es demasiado crucial. Y la oportunidad es única.

comentariosforum4WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin

forum Comentarios 4

En esta noticia no se pueden realizar más comentarios

Usuario validado en elEconomista.es
gc1258
A Favor
En Contra

Estos puritanos empeñados en la.autoflagelacionen y en culpar a la humanidad de todo cuanto sucede en el universo no descansan. La reducción de emisiones debido al Covid ha sido monumental y aún asi, según la OMM, el efecto invernadero sigue su curso. Cualquier cientifico serio pondría en duda los postulados iniciales al no coincidir con el resultado experimental pero no, lo importante no es conocer la realidad lo importante es forzar a que la realidad se adapte a sus ideas fanaticas.

Puntuación 3
#1
Usuario validado en elEconomista.es
gc1258
A Favor
En Contra

Si occidente, en vez de desperdiciar tanto tiempo y dinero en el cambio climatico, se hubiera concentrado en prepararse para algo tan conocido y recurrente como son las epidemias, ahora no estariamos como estamos.

Puntuación 5
#2
jaimito
A Favor
En Contra

El cambio climatico es un problema global, no sirve para nada que occidente (con sus propias reticencias internas) actue ante el problema ,si el resto del mundo haga oídos sordos

Puntuación 2
#3
vio
A Favor
En Contra

Esta semana la Organización Meteorológica Mundial nos alertaba de que, pese a la pandemia, el dióxido de carbono en la atmósfera marcará un nuevo récord en 2020. Además, la Agencia Europea de Medio Ambiente nos anunciaba que la contaminación del aire provoca al menos 379.000 muertes prematuras al año en la UE. Claro que la OMM alertaba del aumento en el mundo, sobre todo causado por la deforestación brutal en Brasil, África, India, China, y otros muchos países. El ahorro europeo es importante, pero simbólico en comparación con las emisiones de estos grandes países. A su vez, este desastre ecológico está provocado por la sobre población humana del planeta, debida al aumento continuado e imparable de la natalidad, que en última instancia nos lleva a acabar con todos los recursos del planeta. Por ejemplo, en África son frecuentes las familias de 20 hijos, y las niñas con 11, 12 o 13 años ya son madres de nuevo. El boom de la natalidad es un desastre para el planeta, podríamos decir que una bomba de relojería, aunque el pequeño ahorro que propone F. Altenbouerger es simbólico y apenas se va a notar. De hecho, se espera que en los próximos 30 años nazcan en África 500 millones de personas, de los cuales se calcula que unos 130 emigraran a Europa en forma de invasión silenciosa porque no tendrán que comer y, para entonces, la Europa que conocemos habrá dejado de existir. El planeta, sin duda que seguirá girando, pero la Europa envejecida, acomodada y débil habrá desaparecido engullida por el vigor de los jóvenes emigrantes africanos, para formar una raza híbrida nueva. Por tanto, yo no me preocuparía demasiado por el ahorro que supone utilizar el coche compartido, aunque, como escribe Altenbouerger, es económico para sus usuarios, saludable para el planeta y rentable para su compañía.

Puntuación 2
#4