Opinión

Teletrabajo: por delante de la ley

Los retos pendientes en el teletrabajo

El teletrabajo ha pasado de ser una tarea pendiente, a una decisión obligada. Ya no es sólo una medida de conciliación que gestionan el área de recursos humanos de las empresas más modernas. Hoy es una cuestión de negocio y se aborda desde la dirección general de las organizaciones.

Forzada por las circunstancias, la administración ha tenido que dar su propio acelerón normativo, haciendo entrar en vigor la primera ley del teletrabajo más de medio año después del confinamiento masivo de marzo. Años después de que muchas empresas de este país, grandes y pequeñas, ya lo hubieran implementado voluntariamente.

En cuestiones laborales, como en las tecnológicas, la legislación llegará siempre inevitablemente tarde, pero es algo con lo que el mundo empresarial debe convivir. No podemos supeditar la evolución de formas de trabajo a la evolución normativa, pues al ritmo al que se mueven los negocios y la sociedad, la ley será generalmente consecuencia del cambio, y no la causa del mismo.

Las empresas deben ir por delante de las expectativas de los empleados y la sociedad

En cualquier caso, la ley ha ayudado a aclarar derechos y obligaciones de cada parte implicada, pero sería un error dar el tema por cerrado. El teletrabajo como modelo de ejercicio de actividad profesional es una cuestión enormemente viva y pendiente todavía de encontrar un acomodo mucho más definitivo en nuestra convivencia social y profesional.

La gran pregunta en estos momentos es qué porcentaje del teletrabajo se quedará cuando finalicen los problemas de movilidad que conlleva el virus. Sin duda, buena parte de lo que ahora se ha establecido está forzado por las circunstancias, por lo que cabe esperar que el trabajo en remoto seguirá evolucionando. Habrá empresas donde se vuelva necesario u opcional, otras donde sea inviable. Lo que está claro es que la irrupción de tecnología hará que cada vez más, el trabajo no será tanto un lugar al que ir, sino una actividad a la que dedicar tiempo.

Esta tendencia ya no tiene vuelta atrás. En un futuro no muy lejano no nos encontraremos en lugares sino en momentos, así que no es tanto el teletrabajo lo que ha llegado para quedarse, sino la pérdida progresiva de relevancia de la oficina como espacio de trabajo individual. Las oficinas evolucionan así hacia puntos de encuentro y colaboración, en los que tener una experiencia diferente y que promueve el contacto con otros miembros del equipo. En este contexto, el foco está puesto en las necesidades prácticas del empleado y en la conexión de los equipos para conseguir mejorar los resultados del trabajo realizado.

Por tanto, si creemos que la relación de las empresas con sus empleados seguirá marcada por los patrones anteriores a la crisis, estamos equivocados.

Detrás de esta situación hay mucho más que trasladar la oficina a casa. Es la punta del iceberg de un cambio de paradigma en la forma de trabajar. Para el directivo, supone evolucionar a un modelo de dirección que empodera al empleado y le hace más dueño de su tiempo y más responsable de sus resultados. Al mismo tiempo, reta a construir cultura corporativa sin depender necesariamente de compartir un mismo espacio. Para el empleado puede suponer un incentivo y una mejora en términos de conciliación, pero también pone a prueba su responsabilidad, su compromiso con los objetivos de la organización, y su habilidad para gestionar su tiempo.

Se trata de cambios verdaderamente retadores para una cultura mediterránea como la nuestra. Desde el propio sistema educativo hasta nuestras formas de convivencia, en nuestra sociedad predomina el control. En la misma línea, la ley del teletrabajo, como la mayoría de las leyes de nuestro entorno, se ha centrado en establecer límites a la acción para no tener que recurrir a la sanción.

Sin embargo, lo definitivo no es nada de lo que esta ley ha entrado a regular. Lo realmente importante es que los modelos de trabajo no cesarán de cambiar de forma cada vez más rápida. Probablemente en poco tiempo habrá que revisar esta ley e incluso lo que la ley entiende por trabajo, pues la tecnología hará que se integre cada vez más con nuestra vida diaria.

La ley nunca irá por delante de la evolución social o de los negocios. En una cuestión donde la tecnología evoluciona a una velocidad de vértigo, somos las empresas y los empresarios los que debemos ir por delante de las propias expectativas de los empleados y de la sociedad. Si queremos construir un futuro para nuestros negocios, debemos pensar por delante de la ley.

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