Opinión

El complejo panorama de la economía latinoamericana

La región debe apostar por las energías renovables

América Latina se ha convertido en el epicentro mundial del COVID-19, a tal punto que Brasil, Perú, Colombia, México, Argentina y Chile están entre los 11 países más afectados en términos absolutos. Como consecuencia, la economía atraviesa un período muy convulso, con un consenso de predicciones negativas. La mayoría de estudios tiene una lectura catastrófica de lo que ocurre y de lo que puede ocurrir. No en vano, la idea de una nueva "década perdida" ha rebrotado con fuerza.

En esta línea están las últimas proyecciones del FMI, que predicen una caída del PIB del 9,4%. O las de la CEPAL, que estiman un fuerte incremento del paro, de la pobreza y de la extrema pobreza, así como de la desigualdad y la informalidad. Los pobres pasarían de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones, el 37,3% de la población regional. Esta serie de malas noticias encadenadas podría provocar, de no adoptarse rápidamente las medidas oportunas, serios problemas sociales.

Pero, entre tanta contrariedad comienzan a aparecer algunos datos que apuntan a un cambio de tendencia y a la emergencia de señales positivas. Si bien la idea de una rápida recuperación, la famosa V, ya es solo un recuerdo, hay países donde domina una mayor confianza en su futuro, mientras en otros persiste la frustración. En algunos predominan declaraciones presidenciales rimbombantes y autocomplacientes, disociadas de la realidad. López Obrador es un campeón en la materia y sobre la doble crisis (sanitaria y económica) de su país, señaló que "ya estamos saliendo adelante", y si bien no era "para presumir" los mexicanos cuentan "en el peor momento… con el mejor gobierno".

Algunas señales positivas vienen de Brasil, pese a la errática política de Bolsonaro y a la persistencia de la pandemia. Si bien perduran muchas normas de confinamiento, en 171 de las 324 ciudades de más de 100.000 habitantes, el movimiento de personas hacia sus lugares de trabajo era mayor, igual o hasta un 10% menor que cuando llegó el COVID-19. Estas cifras hablan de una cierta recuperación de la actividad económica, lo que también viene avalado por la última "Encuesta Económica de América Latina" (tercer trimestre, 2020). Este estudio del Instituto Brasileño de Economía (IBRE), de la prestigiosa Fundação Getulio Vargas (FGV), aporta una visión algo más matizada de la economía latinoamericana.

La Encuesta confirma que el Indicador de la Situación Actual (ISA) sigue empeorando (de -89,6 a -98 en el último trimestre), si bien el Indicador de Expectativas (IE) es mucho mejor (de -22,3 a +41,1). Salvo en Uruguay, con una mejora de 11 puntos, el ISA se ha deteriorado. Paraguay tuvo el mayor descenso y junto a Brasil, Chile, Ecuador, México y Perú alcanzó el consenso absoluto de los expertos sobre su mal desempeño económico. México es el único país de América Latina en el que el Indicador de Clima Económico (ICE) ha empeorado, aunque solo cae 2,5 puntos. Los mayores avances se dieron en Argentina, Brasil y Paraguay.

El comportamiento favorable de las expectativas surge de la creencia de los expertos de que la economía regional entrará en una fase de recuperación, ya que los efectos negativos de la pandemia están perdiendo fuerza paulatinamente. Muchos esperan que en medio año el escenario económico cambie. Si en el segundo trimestre las expectativas solo eran positivas para Chile, Colombia y Uruguay, en el tercero se sumaron Argentina, Brasil, Paraguay y Perú. Solo Bolivia, Ecuador y México siguen con expectativas negativas.

Salvo para Argentina, Bolivia y México, los expertos consultados creen que la mala situación previa a la pandemia no fue lo que más influyó en el deterioro actual. Incidieron otros factores, como la inestabilidad política (Bolivia y Brasil) o la incertidumbre (Chile, Colombia y Perú). Un estudio de Moody´s Analytics estima que México será uno de los últimos países latinoamericanos en salir de la crisis. Y si bien López Obrador ve como un gran logro no haberse endeudado, el hecho de que México no lo hiciera con fines productivos, generando empleos, hará que la recuperación sea lenta, gradual y con bajas tasas de crecimiento.

Más allá de las proyecciones, el futuro de la economía regional, contemplando las diferencias nacionales, dependerá de diversos factores, como la duración de la pandemia, la capacidad del sistema de salud para hacerle frente, el margen fiscal y de endeudamiento, la solidez del sistema financiero y la resiliencia de la estructura productiva. Pero, durante la reconstrucción será fundamental la capacidad del país, de su sociedad y su gobierno, de insertarse en el mundo, de acoplarse a las grandes transformaciones tecnológicas y de apostar por las energías renovables y el Pacto Verde.

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Pascualín
A Favor
En Contra

Menudos crápulas estos aburguesados de la UNED

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