Opinión

El perjuicio de subir aún más los impuestos

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

Uno de los mensajes más repetidos por el Gobierno, a la hora de justificar futuras subidas de impuestos, estriba en el escaso rendimiento del sistema tributario español, medido en términos de presión fiscal. Sin embargo, los expertos cada vez ponen más entredicho la fiabilidad de este último indicador.

Como es sabido, la presión fiscal relaciona el volumen de recaudación con el PIB total, sin tener en absoluto en cuenta otras variables como el nivel de renta per cápita de los contribuyentes. Es más, la presión fiscal, tal y como se estima actualmente, es incapaz de aislar los efectos distorsionadores que tiene la economía sumergida en cada Estado.

Así, en el caso español, una menor recaudación en relación al PIB no implica que los ciudadanos estén pagando poco. Lo que ocurre es que existe una gran cantidad de operaciones que deberían declararse (en nuestro país, el equivalente al 20% del PIB oficial) pero quedan en la sombra. El trazado de la realidad tributaria requiere de indicadores más sofisticados, como es la medición del esfuerzo que para los españoles supone el pago de todos los impuestos a los que hacen frente (incluyendo también las cotizaciones sociales), de acuerdo con su nivel de renta.

Desde este punto de vista, mucho más preciso, nuestro país se sitúa en los primeros puestos de la OCDE. Así, los contribuyentes españoles hacen un esfuerzo prácticamente idéntico a la media europea contando con una renta per cápita casi un 10% inferior. Las conclusiones son claras.

El sacrificio fiscal que hacen los españoles ya es muy alto y una subida de impuestos apenas elevaría la recaudación. Es más, lo único que lograría es poner en mayores apuros a los contribuyentes y al conjunto de la economía.

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