Opinión

Un desincentivo para el empleo agrícola

Se repiten las dificultades para contratar mano de obra en el campo

La búsqueda de temporeros es una carrera de obstáculos para el sector agrícola. El colapso del Sepe, y las excesivas limitaciones a la movilidad de los parados que quisieran reciclarse en el campo, dificultaron la cobertura de los 100.000 empleos necesarios.

 Ahora, cuando aún hay 25.000 vacantes, surge otra dificultad: la renta vital. Resulta imposible que una actividad muy ligada al salario mínimo pueda competir con una subsidio permanente, que puede rebasar en un 7% el SMI, y que no penaliza el rechazo de ofertas de empleo. Su desincentivo a la inserción laboral ya se deja notar en otros ámbitos como el propio de las empleadas de hogar. La renta mínima propicia así que ni siquiera un sector básico, como el agrícola pueda cubrir sus necesidades.

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