Opinión

¡Trata de arrancarlo, Pedro!

Pedro Sánchez, durante su comparecencia de este domingo 31 de mayo. Imagen: EFE

"El futuro de Nissan es sombrío". ¿Titular de hace unos días, unas semanas o incluso unos meses? Negativo. Entre los que nos dedicamos a hablar sobre automoción el cierre de la factoría de Nissan en Barcelona era "vox populi" desde hace varios años. Zona Franca Nissan era sin duda la más débil de las 17 factorías que hacen de España el octavo productor mundial de vehículos y el segundo de Europa. De hecho, la producción en la factoría de la firma japonesa en Barcelona apenas alcanzaba el 20% de su capacidad antes de la pandemia del coronavirus.

Por ello, la huida de Nissan de España no ha sido ninguna sorpresa para los que siguen mínimamente el día a día de la principal industria española de producción, que supone el 10% del PIB nacional y el 9% de los empleos de este país. Y si este cierre no debería ser una sorpresa para el usuario "de a pie", mucho menos lo tiene que ser para el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien se le abre un nuevo frente en la dura batalla que nos espera pospandemia. Un frente que se podría haber, si no evitado, si al menos "sospechado", para tomar una serie de medidas que ahora se presuponen urgentes… y en el peor momento.

El sector de la automoción, a pesar de su importancia, ha sido permanentemente ignorado por los distintos gobiernos que hemos tenido desde tiempos inmemoriales. Las medidas que se han tomado por parte de los gobiernos de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en la última década han sido meros fuegos de artificio. Los famosos planes PIVE estuvieron muy bien, ayudó a modernizar, mínimamente, el obsoleto parque automovilístico español, y dieron la sensación de que el Gobierno de turno "se preocupaba por el sector del automóvil". Pero no nos dejemos engañar.

En España se produjeron 2.772.253 vehículos en 2019 en las 17 plantas con las que contamos (contábamos) en nuestro territorio. ¿Saben cuántos de estos cerca de tres millones de coches fueron destinados al mercado español? Tan solo un 20%. El resto se dedicó a la exportación, no en vano el sector automovilístico es nuestro principal fuente de comercio exterior. Estas cifras, como ya hemos dicho, suponen el 10% del PIB español y el 9% de nuestro empleo (millón y medio de empleos directos o indirectos). Sin embargo, llevamos años hablando de las ayudas estatales a la compra de vehículos, lo que repetimos, está muy bien, pero que los últimos acontecimientos, y los que por desgracia vendrán, dejan bien a las claras que se ha errado el tiro.

Por ello, y en plena onda expansiva de la explosión de Nissan, Pedro Sánchez y su Gobierno tienen que apuntar por fin al verdadero blanco que nos hará ganar el peluche de la recuperación de la vital industria de la automoción. Para empezar, darse cuenta de una vez que lo que necesitamos es reforzar una industria que empieza a hacer aguas. Segundo, asumir por fin el tremendo problema que supone el parque automovilístico español. Primero, por su senectud, pues hablamos de unos de los parques más envejecidos de Europa. Y segundo, por su anclaje en el pasado. El diésel era casi una religión entre los automovilistas españoles, y aunque ahora no sea ni de lejos ese ogro que nos quieren hacer ver, principalmente desde el Gobierno, nos ha puesto en uno de los puestos más bajos de la parrilla de salida de la movilidad del futuro: la electrificación de los automóviles.

Porque esa es otra. Hoy en día, echarse a la carretera a bordo de un coche eléctrico en España es pura quimera. Solo si eres el afortunado propietario de un Tesla puedes viajar plácidamente por los asfaltos españoles. Y no porque los modelos del fabricante norteamericano tengan unas buenas autonomías, cercanas a los 500 kilómetros, sino porque su red de supercargadores es la única fuente "decente" de repostaje de kilovatios en toda la geografía española. Los que nos dedicamos a probar nuevos modelos observamos con tristeza cómo las infraestructuras de carga de vehículos eléctricos en España están al nivel de Burundi, o similar, si las comparamos con las redes de cargadores que te encuentras, cada dos calles o cada pocos kilómetros, en nuestros compañeros de la Unión Europea. Eso sí, a nuestros políticos se les llena la boca con el "futuro eléctrico de la automoción". Pero a este paso, ni nuestros nietos podrán disfrutar de ese futuro en España.

Por lo tanto, Pedro Sánchez se enfrenta a un reto difícil, que no imposible: "arrancar" el sector de la automoción en España, que no solo está "parado" por culpa del coronavirus. Este frenazo provocado por la pandemia va a sacar a flote las profundas carencias y debilidades de la automoción española, que se va a quedar absolutamente "gripada", y a la que le va a costar un mundo recuperar siquiera parte de su estado anterior a la pandemia. Al presidente del Gobierno le va a tocar lidiar, principalmente, con la Unión Europea, que no va a prestar los fondos de ayuda "gratis", y le va a exigir una serie de compromisos de reformas, y de "no reformas", que pueden muy bien empezar por "gestionar" los aires de grandeza de su vicepresidente segundo, cuyas exigencias, como por ejemplo la derogación de la reforma laboral, van a suponer un palo en las ruedas de madera de una recuperación que no puede esperar ni un minuto más.

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