Opinión

Los robots no te quitarán el trabajo, la 'Gig Economy' sí

La nueva economía no tiene por qué basarse en el empleo precario

Llevamos años escuchando a gurús y agoreros decir que la robotización eliminará millones de puestos de trabajo en los próximos años para sustituirlos por máquinas. No hace falta esperar tanto, millones de empleos tradicionales ya han sido sustituidos por una nueva forma de entender la vida, el trabajo y las relaciones laborales.

Los americanos, especialistas en bautizar conceptos, llaman a este nuevo paradigma Gig Economy. Los trabajos de la Gig Economy se definen por tener un alto grado de autonomía, poca duración unitaria en el tiempo y pago por cumplir una tarea u objetivo concreto. La fotógrafa de tu boda, el rider que te trae una hamburguesa, o la diseñadora que te hace un logo son ejemplos típicos. No hay un sueldo fijo, no hay bajas por enfermedad, no hay jefe, ni oficina, ni horarios. 

Esta nueva tendencia económica no se basa en el empleo precario

Casi sin darnos cuenta en torno al 30% de los trabajadores americanos y más de 160 millones de europeos formamos parte ya de la Gig Economy.

El crecimiento ha sido exponencial en los últimos años ya que los millennials, y algunos miembros renegados de la Generación X, han decidido que dan más valor a la libertad, la conciliación y el no tener jefe a ganar un gran sueldo o hacer carrera en una empresa. Están dejando esas empresas para trabajar por su cuenta.

La sutil diferencia entre un trabajo de la Gig Economy y un autónomo o freelance español de toda la vida es la forma de captar y relacionarse con su cliente. Y es que no salen a promocionar sus servicios de puerta en puerta sino que utilizan marketplaces y apps para conseguir sus encargos.

Suprimir la mayor parte de la labor comercial aumenta mucho la capacidad y productividad del trabajador independiente y consigue así ganancias incluso superiores a las de un trabajador por cuenta ajena.

La especialización y el talento es necesario para competir en el momento actual

Imaginemos a un abogado especialista que deja el bufete en el que trabajaba de sol a sol. Ahora cada día consulta los 4 marketplaces de casos jurídicos que hay en España (con miles de casos nuevos al día) y selecciona en los que quiere trabajar. Cuando se le acaban, simplemente coge más.

Ya no sale a la calle a buscar clientes o a mandar su CV, solo tiene que cuidar su perfil en los markeplaces y conseguir buenas valoraciones de sus clientes.

La Gig Economy tiene mala fama y se asocia a trabajos precarios. Pero según el último estudio de Mckinsey podemos segmentar a los trabajadores de la Gig Economy en cuatro categorías:

El 30% de los trabajadores son agentes libres, como el abogado que acabamos de describir, y les va bien, incluso mejor que por cuenta ajena.

Un 40% realiza actividades casuales para conseguir un sobresueldo, por ejemplo paseadores de perros. También puede venir de una oportunidad complementaria, por ejemplo un profesional con furgoneta que en tiempos muertos entrega paquetes de Amazon.

El 14% es reacio a trabajar así pero solo puede optar por este tipo de relación laboral, aunque preferiría trabajar por cuenta ajena. Por ejemplo los conductores de Uber con licencia propia.

Y por último el 16% restante, que se trata de personas con graves problemas financieros que necesitan dinero a toda costa y rebajan su categoría profesional o seniority. Por ejemplo parados de larga duración que se dedican a ser riders de Deliveroo. 

La Gig Economy puede ser una oportunidad para muchos y un castigo para otros pero lo cierto es que la tendencia se ha consolidado e irá a más.

Si tienes un trabajo de baja cualificación terminarás perdiendo tu empleo "fijo". Si eres un especialista y tienes talento, pasión y un smartphone, acaba de empezar tu edad de oro.

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Usuario validado en elEconomista.es
josegahe
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Jorge Fields, eres un flipado.

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