Opinión

Una visión de futuro: el sector de la energía en 2040 según la AIE

El sector energético avanzará gracias a la tecnología y economía digital

A finales de noviembre tuve la oportunidad de asistir a la presentación en Madrid de la última edición del informe World Energy Outlook, a cargo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), una de las publicaciones más relevantes del sector energético a nivel internacional que aborda el reto de predecir el futuro de uno de los sectores más dinámicos de la economía mundial en lo que llevamos de este siglo XXI y que probablemente seguirá aumentando la velocidad del cambio a la par con los avances tecnológicos y la economía digital.

Para ello, en el citado informe, la AIE perfila tres escenarios a 2040 que pueden ayudar a pronosticar los resultados de mantener el statu quo (Current Policies Scenario o Escenario de Políticas Actuales), o bien cumplir lo que se ha dicho que se va hacer (Stated Policies Scenario o Escenario de Políticas Declaradas) o bien ir más lejos y alinearse totalmente con el camino marcado por el Acuerdo de París (Sustainable Development Scenario o Escenario Desarrollo Sostenible).

Centrándonos en el escenario intermedio, con una demanda de energía que aumenta un 1 por ciento cada año hasta 2040, las fuentes de energía bajas en emisiones, lideradas por la fotovoltaica (PV), representarían más de la mitad del crecimiento y el gas natural, particularmente el GNL, un tercio; la demanda de petróleo se estabilizaría en la década de 2030 y el uso del carbón estaría próximo a su declive. Pues bien, ni siquiera en un escenario como éste, mejor que el actual, la reducción de emisiones sería suficiente para contrarrestar una economía mundial en expansión y una población creciente.

En efecto, nos encontramos ante una ecuación que resulta cada vez más compleja de resolver: por un lado, estamos cada vez más concienciados de la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través de una transición energética liderada por las energías renovables y una mayor eficiencia en el consumo energético; por otro, la seguridad del suministro energético es aún muy dependiente de la contribución de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) en el mix de generación a nivel global -incluyendo países desarrollados, y las necesidades energéticas de países en vías de desarrollo siguen y seguirán creciendo a medida que esas personas se conviertan en usuarios de sistemas de refrigeración o calefacción, electrodomésticos o coches eléctricos, entre otros bienes de consumo. Vayamos por partes.

Las reducciones previstas no bastan para contrarrestar el efecto de una población creciente

En el citado escenario intermedio, se prevé que la producción de esquisto (petróleo y gas) en Estados Unidos sobrepase en 2025 la producción total de petróleo y gas en Rusia, si bien Oriente Medio seguirá siendo el mayor aprovisionador de petróleo y gas (GNL) en el mundo y particularmente hacia Asia, que concentrará el 80 por ciento del comercio internacional de petróleo en 2040, especialmente India. Si bien se espera que la demanda de petróleo disminuirá considerablemente a partir de 2025 y se estabilizará en la década de 2030, la cuestión que se plantea es sustituir el uso del petróleo en el transporte de carga a larga distancia tanto por vía marítima como por vía área. Adicionalmente, si bien estamos atestiguando ya la sustitución a coches eléctricos en el transporte de pasajeros, aún queda recorrido para disminuir los costes de las baterías y para desarrollar la red de puntos de recarga que les permita ser realmente competitivos, teniendo en cuenta además, como apunta el informe, la preferencia creciente de los consumidores por coches más grandes y pesados (SUVs).

Por otro lado, el carbón sigue compitiendo con las renovables y el gas natural para suministrar electricidad y calor en países asiáticos en vías de desarrollo (China y la India, en particular), países que deberán representar más de la mitad del crecimiento mundial de la generación a partir de renovables en este escenario. Un dato actual, no una proyección: las centrales eléctricas de carbón existentes representan un 30 por ciento del total de las emisiones relacionadas con la energía, por lo que no solo se trata de sustituir esta tecnología por otra de origen renovable una vez agotada su vida útil, sino también de reducir las emisiones durante la misma (para lo cual se plantean distintas opciones, como sistemas de captura, uso y almacenamiento de CO2).

Si África, China e India no ayudan, la necesaria transición ecológica fracasará

En cuanto al gas natural, al menos en el corto y medio plazo, será un buen complemento a la generación de electricidad con fuentes de energía renovable, gracias a la seguridad y flexibilidad que aporta al suministro eléctrico. En el largo plazo, sin embargo, se plantean algunas cuestiones como si la producción de hidrógeno de bajas emisiones con gas natural o del biometano pueden llegar a ser competitivas con otras tecnologías en grandes volúmenes. Asimismo, la reducción de los costes de las baterías y el aumento de la capacidad de almacenamiento de electricidad, junto con la utilización de herramientas digitales que permitan orientar la demanda de electricidad hacia horas del día más baratas y con menos emisiones, harán que la solar PV y la eólica puedan proporcionar mayor seguridad y flexibilidad en el suministro eléctrico, restando esa virtualidad al gas natural. En este sentido, el escenario intermedio proyecta la instalación de unos 120GW de almacenamiento para 2040.

En el mismo escenario, el uso de la electricidad crecerá a un ritmo más de dos veces superior al de la demanda de energía primaria, gracias a los motores industriales (en China especialmente), los electrodomésticos, los sistemas de refrigeración y los vehículos eléctricos. La proporción de la electricidad en el consumo final superará a la del petróleo en 2040. Para entonces, las fuentes de energía con bajas emisiones de CO2 producirán más de la mitad de la generación eléctrica total, siendo la PV y la eólica las protagonistas, por ese orden, pero la hidroeléctrica y la nuclear seguirán siendo relevantes. Mención especial merece también la eólica marina que, siendo igualmente una fuente de generación variable, posee una capacidad potencialmente más alta que la solar PV y la eólica y a unos costes cada vez más competitivos. El éxito que está teniendo en Europa augura más inversiones en esta tecnología en países como Estados Unidos o China.

Según este informe, más de 500 millones de personas se sumarán a las población urbana en África hasta 2040 y necesitarán sistemas de aire acondicionado u otros servicios de refrigeración. En el escenario intermedio, el aumento del consumo del petróleo en África hasta 2040 será mayor que el de China; asimismo, habrá una gran expansión del consumo de gas natural debida en parte a los importantes descubrimientos registrados durante los últimos años. Pero la cuestión clave para atender a toda esa nueva demanda será a qué velocidad podrá crecer la solar PV, ya que, si bien es el continente con mayor potencial de recurso solar en el mundo, hasta ahora solo se han instalado unos 5GW.

Termino con una observación final: a la vista de lo anterior, si bien España es uno de los países más ambiciosos en sus objetivos de transición energética y que despierta mayor interés en Europa en relación con su desarrollo potencial de energías renovables, nos engañaríamos si pensáramos que otros países desarrollados o en vías en desarrollo seguirán necesariamente una evolución parecida en su sector energético a la experimentada en España en las dos últimas décadas y la previsible en las próximas dos. Dicho en otras palabras: el cumplimiento de las metas que persigue la transición energética en el mundo no depende solo de que países desarrollados como España hagan lo que han dicho que van a hacer, en ese Escenario de Políticas Declaradas, como sería deseable y esperable, sino también -y en mayor medida- que dicha transición energética alcance cuanto antes a las regiones o países que registrarán un mayor crecimiento de su población en las próximas décadas, esto es, África, India y China.

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