Opinión

Los españoles ante el ahorro: que nos quiten lo "gastao"

Los españoles no ahorran o no lo hacen lo suficiente

Admitámoslo: a los españoles no se nos da demasiado bien ahorrar. Según Eurostat, somos el segundo país de la Unión Europea en el que las familias ahorran menos (tan sólo Portugal nos supera en este "ranking de manirrotos"). Nuestra tasa media de ahorro, resultante de restar los gastos a los ingresos, es del 4,9%, lo que significa que ahorramos un 60% menos que la media de las familias europeas.

Y no sólo gastamos todo lo que ingresamos (el sueldo, y también la paga extra), sino que vamos más allá: mientras nuestros vecinos europeos se preocupan por preparar un colchón para imprevistos, nuestra mentalidad mediterránea e impulsiva nos lleva a endeudarnos con mucha facilidad; preferimos pedir prestado para disfrutar del presente a pensar en el futuro, aunque luego estas deudas nos pasen factura. Somos expertos en vivir el ahora, pero con esta tendencia es posible que seamos los que peor vayamos a vivir el mañana. Eso sí, ¡que nos quiten lo "gastao"!

El hecho de que movamos tanto nuestro dinero provoca un efecto positivo en la economía, ya que se dinamiza el consumo y el empleo, y esto es beneficioso en el corto plazo. Sin embargo, también reviste mayor riesgo cuando las cosas se tuercen (y en la economía, como es cíclica, las fases de caída llegan sí o sí), pues probablemente no estaremos preparados para sobrellevar los años de crisis, que no serán tan drásticos para los europeos que se preocuparon por tejer su colchón. Imposible no encontrar un paralelismo con la fábula de 'La cigarra y la hormiga', donde está claro el papel que nos correspondería a los españoles.

Curiosamente, sin embargo, España fue uno de los países de la Unión Europea en los que más ahorraron las familias durante los años de crisis, fuimos un ejemplo cuando más difícil lo teníamos. Siguiendo con el imaginario popular, esto significa que sólo lo hacemos bien cuando vemos los dientes al lobo, y que si no ahorramos no es porque no podamos, sino porque nos gusta demasiado gastar.

A esta afirmación hay que añadir esa "mentalidad del ladrillo" tan nuestra. A pesar de la crisis, a pesar de la burbuja inmobiliaria, seguimos empecinados en comprarnos una casa. Nos da mucha tranquilidad saber que el piso en el que vivimos es de nuestra propiedad, aunque para poder firmar las escrituras nos endeudemos con una hipoteca de por vida (pocas alternativas hay si no, teniendo en cuenta el nivel de precios de las viviendas frente a la media salarial del país). Ni siquiera nos cuestionamos si realmente deberíamos comprarla.

En definitiva, y después de analizar durante más de dos años a nuestros clientes, en Micappital hemos llegado a una conclusión: los españoles nunca vamos a ahorrar. O al menos, nunca vamos a llegar a presumir de la capacidad de ahorro que tienen en el resto de los países europeos. He aquí las razones en las que nos basamos para sostener esta afirmación:

El bajo nivel de ingresos. Podemos pensar que es la excusa perfecta, pero lo cierto es que ocupamos el puesto 18 de Europa en volumen de sueldos.

El clima mediterráneo. Las elevadas horas de sol y las cálidas temperaturas animan nuestra vida social, lo que lleva implícito un alto volumen de gasto asociado.

La casa en propiedad. La hipoteca nos impide ahorrar, y aunque una casa es una inversión, ese ahorro no es líquido: cuando pasas por un mal momento económico y necesitas dinero no lo tienes disponible, pero la hipoteca la tienes que seguir pagando.

Los intereses de deudas. Con nuestra tendencia a endeudarnos, los intereses se llevan una parte importante de los ingresos mensuales. Los pagos a crédito, los préstamos o la financiación anticipada generan altos intereses que a veces pueden llegar hasta el 25%.

La desconfianza en los bancos. El hecho de que prefiramos ir al dentista antes que al banco es una buena explicación de por qué preferimos gastamos el dinero antes que dejárselo al banco. Las sonadas crisis del sector bancario tampoco han ayudado demasiado a generar confianza.

La excesiva dependencia del Estado. Tenemos la mentalidad errónea de que el Estado debe asumir nuestra calidad de vida del futuro, y si no tenemos ahorros, él debería aportarnos el dinero necesario para poder vivir. No tenemos, como en otros países, el hábito de asegurarnos nuestra jubilación de forma privada.

La falta de incentivos al ahorro. Una política económica que incentivara más el ahorro privado, así como unos tipos de interés más atractivos, seguramente motivarían más a las familias a ahorrar.

En definitiva, o mucho nos equivocamos, o seguiremos representando el papel de cigarra por muchos años más. Eso, o por fin nos convencemos de lo saludable que sería para nuestro futuro (y para cuando nos vengan mal dadas) adquirir hábitos de ahorro. Nunca es tarde.

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