Opinión

Trump gana una batalla, pero no la guerra

Foto: Archivo

Ha ganado Donald Trump la primera batalla en la guerra comercial que abrió con el primer ministro chino, Xi Jingping, cuando extendió a todas las exportaciones procedentes de este país un arancel del 10%. Los chinos contaban con que el anuncio provocara un terremoto en los mercados financieros que se volviera como un boomerang contra el presidente americano. Pero no fue así, porque cometieron un gravísimo error de comunicación. Al mismo tiempo que el Ministerio de Comercio ordenaba paralizar la adquisición de productos agrícolas estadounidenses, en represalia por los aranceles, el yuan rompía la barrera de las 7 unidades por dólar, sin que el banco central moviera un dedo para evitarlo.

El Banco del Pueblo (equivalente a la Reserva Federal en Estados Unidos) se percató de la equivocación, y su gobernador, Zhou Xiaochuan, salió al día siguiente a negar que promovieran una devaluación. Pero ya era demasiado tarde.

Trump aprovechó para declarar de manera oficial a China como manipulador de su moneda. La calificación tiene un valor simbólico, porque necesita el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para cualquier decisión restrictiva sobre el yuan.

Pero permitió a Trump ganar la batalla de la comunicación. A ojos de todo el planeta, el presidente americano demostró que Xi Jingping intentaba recurrir a una maniobra torticera: abaratar el yuan para que sus exportaciones fueran más competitivas y así compensar la subida de aranceles. Un mensaje fácil, que entienden todos los ciudadanos, acostumbrados a comprar productos chinos baratos.

No se sabe si fue una decisión política, si la coordinación entre el Politburó y el banco central es escasa o si fue algo imprevisto. Probablemente, se deba a la improvisación política, porque las autoridades monetarias rezaban para que no se rompieran las negociaciones con Washington, a fin de resistir las presiones devaluatorias.

Entre finales de 2015 y comienzos de 2016, el Banco del Pueblo tuvo que gastarse más de un billón de dólares en defender su moneda. Estos días también echó mano de las compras de yuanes para estabilizar su cotización.

LA CNMV debe investigar a Fridman por las prácticas que arruinaron a los accionistas de Día

¿Por qué es tan importante la estabilidad del yuan para China? Por dos motivos, principalmente. En primer lugar, si cae mucho, existe el riesgo, como ya ocurrió en el pasado, de que una parte de la inversión extranjera huya por temor a que sus activos en este país se deprecien. Y en segundo lugar, hay un elemento crítico, la deuda de las grandes corporaciones chinas está referenciada en dólares, porque sus adquisiciones internacionales se realizan en esta moneda.

La pérdida de valor del yuan asfixiaría a buena parte del tejido empresarial chino y provocaría una estampida de extranjeros, que ahogaría su crecimiento. Pekín lucha por mantener una tasa de PIB por encima del 6%. La cifra es tan elevada porque las mediciones no son comparables a las occidentales y tampoco tan fiables. Los expertos lo equiparan con un PIB del 2%, que suele marcar la línea para distinguir si una economía en desarrollo está en expansión o en desaceleración.

Y, obviamente, en un mundo tan globalizado, los mercados financieros reaccionan con fuertes pérdidas, porque si la segunda economía mundial entra en dificultades, el efecto dominó sobre el resto sería catastrófico.

Afortunadamente, la calma se reinstauró el jueves, cuando se conoció que las exportaciones chinas crecían a un ritmo del 10%, tres puntos más de lo previsto, y el Banco del Pueblo dio señales de que no estaba dispuesto a dejar caer el yuan, para el que estableció una banda de fluctuación de solo el 2%. En la última semana, llegó a depreciarse más de un tres%.

Pekín no puede dejar caer al yuan, porque hundiría sus empresas y echaría a los inversores

Se trata, sin embargo, de una calma chicha. La desaceleración de la economía británica o la ruptura de la coalición de Gobierno en Italia por parte del populista Matteo Salvini, conocidos este viernes, añaden tensión e incertidumbre.

Además, Trump puede volver a las andadas y anunciar un incremento de los aranceles hasta el 25% y Pekín adoptar más represalias. Otro factor que desataría los nervios es si la fecha prevista para reanudar las negociaciones comerciales a principios de septiembre fuera modificada o suprimida, como amenazó este viernes.

Las espadas están en alto entre Trump y Xi Jingping. El presidente chino perdió la primera batalla, pero no es la última. La guerra comercial sigue sus pasos. Por eso, en elEconomista recomendamos ser prudentes y reducir la exposición a los mercados financieros en previsión de que puedan sucederse nuevos episodios de volatilidad.

PD.-La imputación del dueño de la cadena de supermercados Dia, Mikhail Fridman, por la quiebra del grupo Zed, otra de su empresas, destapó la manera fraudulenta con la que actúa. El auto del juez de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, al que tuvo acceso elEconomista, culpa al empresario ruso de provocar la asfixia de la sociedad tecnológica, tras convertirse en su principal cliente y en uno de sus grandes acreedores, a la vez, a través de uno de sus bancos. El juez lo responsabiliza de la pérdida de los contratos que provocaron la insolvencia de la sociedad, para luego recomprarla a precios irrisorios.

La CNMV debería investigar si Fridman aplicó estas mismas prácticas en Dia. Su entrada coincide con un deterioro bestial en la gestión, a la que se enfrentó desde el consejo de administración, unido a las fuertes caídas en bolsa provocadas por ventas especulativas, que casi la arrastraron a la quiebra. Momento que el empresario ruso aprovechó para lanzar una opa y hacerse con el 70% de la sociedad, con un descuento del 90%.

El paralelismo con el grupo Zed es tan sorprendente que debería levantar las sospechas del regulador de los mercados. Miles de pequeños accionistas perdieron casi toda su inversión por confiar en una empresa que destacaba por ofrecer uno de los dividendos más altos de la bolsa y unos ratios de rentabilidad impecables hasta la llegada del magnate ruso.

Por lo demás, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias mantienen su juego de reproches mutuos en busca de un Gobierno de coalición, que se alarga demasiado. Los sindicatos aprovecharon la reunión con el presidente para enviar el mensaje de que se alcance un acuerdo cuanto antes entre las izquierdas. Entretanto, el jefe de la patronal, Antonio Garamendi, parece que ya comienza a tener claro que o Sánchez logra los apoyos de Ciudadanos o el PP para gobernar en solitario o que convoque elecciones. El mundo empresarial comenzaba a estar alucinado con los constantes idas y venidas en la opinión de su patrón. Y es que, como dice el refrán, mejor solo que mal acompañado.

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