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La Fed levanta el pie del acelerador de la subida de tipos pero no echa el freno

  • Tras elevar el precio del dinero, reduce a dos las alzas para 2019 frente a las tres que tenía previstas
  • Rebaja dos décimas la estimación de crecimiento para el próximo año, hasta situarla en el 2,3%

La última reunión de política monetaria de 2018 de la Reserva Federal, celebrada el miércoles, dejó un sabor agrio en el mercado. Como ya habían digerido la mayor parte de los inversores, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) elevó por cuarta vez en lo que llevamos de año en 25 puntos básicos los tipos de interés, situando el precio del dinero en un rango de entre 2,25 y el 2,50%. Sin embargo, sus ajustes a corto, medio y largo plazo no implicaron un tono tan acomodaticio como se esperaba.

De hecho, entre tímidas revisiones al crecimiento económico, con un PIB que avanzará un 2,3% el próximo año, dos décimas menos de lo previsto pero por encima de su potencial, o una inflación sobre el consumo personal subyacente, que se corrigió una décima a la baja pero que sigue alcanzando la meta del 2% en 2019, los altos funcionarios del banco central siguen planeando subir los tipos por encima de la tasa neutral, es decir, el nivel en que la política monetaria no es ni acomodaticia, ni tampoco restrictiva, durante los próximos tres años.

En sus nuevas proyecciones, el FOMC estima que las tasas federales a corto plazo encontrarían dicho equilibrio en el 2,8%, dos décimas menos de lo previsto en septiembre. Sin embargo, el diagrama de puntos, o dot plot, señala que la media de sus miembros observa el precio del dinero en el 2,9% a finales de 2019, es decir, observan al menos dos subidas de tipos que llevarán la política monetaria a un terreno restrictivo. En 2020 y 2021, cuando la economía crecerá un 2 y un 1,8%, la Fed indica que los tipos se asentarán en el 3,1%.

"El Comité considera que los riesgos para el panorama económico son más o menos equilibrados, pero continuará monitoreando los desarrollos económicos y financieros globales y evaluará sus implicaciones", rezó el comunicado emitido al término de la reunión de dos días de duración y en el que los diez miembros con derecho a voto se mostraron a favor la subida de tipos.

Durante la rueda de prensa posterior ofrecida por el presidente de la Fed, Jerome Powell, el guardián que vela por el pleno empleo y mantener la inflación en cintura, incidió en que las "decisiones de política monetaria no siguen un curso preestablecido", aunque indicó que los tipos se encuentran ya en la parte baja de la tasa de equilibrio, confirmando así que las próximas subidas tendrían un efecto más restrictivo.

Una política flexible

Para curarse en salud, recordó que "la historia confirma que los eventos imprevistos pueden afectar a la economía y cambiar nuestras proyecciones" reconociendo, eso sí, que en estos momentos el FOMC tiene "la capacidad de ser paciente". "Ajustaremos la política monetaria, lo mejor que podamos, para mantener la expansión, un mercado laboral fuerte y la inflación cerca del 2%" añadió. Sobre las presiones procedentes de la Casa Blanca y especialmente del presidente de EEUU, Donald Trump, el máximo funcionario de la Fed dejó claro que "nada impedirá hacer lo que creemos que es lo correcto".

La decisión de la Fed se produce en un momento en que las subidas graduales implementadas por el banco central desde diciembre de 2015, tras ocho años acomodadas entre el 0 y el 0,25%, se dejan notar tanto en los consumidores como en las empresas. Síntomas que ya hacen acto de presencia en la industria inmobiliaria y automotriz.

"Un ajuste relativamente modesto en la política monetaria está teniendo un impacto más desproporcionado en la economía que en el pasado", reconoce Joseph Lavorgna, economista de Natixis, quien indica que una de las razones podría estar en el adelgazamiento del ba-lance de la Fed, que comenzó en octubre del año pasado y que se ha reducido en 365.000 millones de dólares aproximadamente hasta los 4,14 billones de dólares.

De ahí que Lavorga recomiende a los funcionarios del instituto emisor proceder "con mayor cautela". Powell, por el contrario, determinó ayer ante los periodistas que el achicamiento de dicho balance está teniendo muy poco impacto en los mercados crediticios.

Actualmente, se espera que la Fed frene su dieta a finales del próximo año o comienzos de 2020, lo que ofrecería un respiro, en caso de que las condiciones económicas muestren crecientes síntomas de debilidad. Para entonces, los expertos de Capital Economics proyectan incluso que el banco central también podría llegar a ba-jar tipos en 75 puntos básicos. Aun así, como indica el diagrama de puntos actualizado del banco central, pese a que las subidas de tipos pesan ya en el sector de la vivienda, la Fed no ha dado por terminado todavía su ciclo alcista, que seguirá su ascenso por lo menos hasta 2020, cuando se espera, al menos una subida de tipos.

Qué esperar del próximo año

"El FOMC incrementará tasas en 50 puntos básicos a lo largo del próximo año", destaca Mark Vitner, economista de Wells Fargo Securities. Desde su punto de vista, la característica más importante de la segunda expansión económica más larga de la historia en EEUU sigue siendo "la ausencia de excesos obvios". Es por ello que, con una inflación que se recupera gradualmente y que no corre peligro de imitar el desboque de los 70, la Fed "no tiene razón para echar el freno".

Es importante contemplar la composición del FOMC a partir del próximo año, donde algunos de los miembros que rotan su poder de voto, como el presidente de la Fed de Filadelfia, Patrick Harker, su homólogo en la Fed de Dallas, Robert Kaplan, o el capitán de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, traspasarán el testigo. Todos ellos se caracterizan por favorecer una política más acomodaticia. El único halcón que también relega su voto es la presidenta de la Fed de Cleveland, Loretta Mester, quien será reemplazada por Esther George, presidenta de la Fed de Kansas, caracterizada por favorecer las subidas de tasas. Del lado de las palomas, el presidente de la Fed de San Luís, James Bullard, y Charles Evans, su homólogo en la Fed de Chicago, serán los nuevos defensores de una política menos restrictiva.

Un momento complejo

De todas formas, ahora que Powell y el resto de miembros del FOMC parecen haber desconectado el piloto automático, se calibran las probabilidades de que la política monetaria sea la responsable de frenar la actividad económica en 2019. EEUU entra ya en la fase final del ciclo y las áreas más sensibles a los tipos seguirán debilitándose el próximo año. Tampoco podemos obviar un escenario geopolítico delicado, donde la tregua comercial entre Washington y Pekín expirará el próximo 2 de marzo y un abrupto divorcio entre el Reino Unido y la UE podría materializarse a finales del mismo mes. Eventos que llegan acompañados de un debilitamiento en la economía global, el aumento de los costes de financiación y la caída en los precios del crudo.

Todo ello en un momento en que el aplanamiento de la curva de rendimientos, algo que se produce cuando el diferencial sobre el interés entre el bono a 2 años (corto plazo) y a 10 años (largo plazo) se aproximan, ha llegado a tocar su nivel más ajustado desde el verano de 2007.

La inversión de dicha curva se ha convertido en una brújula que puede atisbar la próxima recesión en el horizonte. Con los efectos del estímulo presupuestario y la reforma fiscal evaporándose, algunos inversores han hecho saltar las alarmas. Algo que no estaría del todo justificado, al menos a corto plazo, ya que los síntomas obedecen más a las últimas fases del ciclo de expansión que a la posibilidad de encadenar dos trimestres consecutivos de contracción, lo que se consideraría técnicamente una recesión.

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