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La desregulación bancaria alimenta el sobrecalentamiento económico de EEUU

Foto: Archivo

En un momento en que el precio de los activos, véase la renta variable entre algunos de ellos, siguen tonteando con precios récords y la economía estadounidense crece viento en popa, fruto del estímulo fiscal aprobado el pasado 22 de diciembre, tendría sentido esperar que los reguladores estén al acecho a la hora de evitar los excesos en la toma de riesgos.

Sin embargo, mientras la semana pasada el Informe Global de Estabilidad Financiera del Fondo Monetario Internacional avisaba de cómo algunas prácticas del pasado como el uso de las obligaciones colaterales de deuda (CDS por sus siglas en inglés) o la compra de acciones a través del apalancamiento vuelven a estar en boga, la administración Trump y los republicanos en el Capitolio continúan decididos a desabrochar la correa regulatoria que hasta ahora ata en corto al sector bancario.

Una situación que como señala el Wall Street Journal echa gasolina al fuego. El FMI estima que EEUU crecerá este año un 2,9% y a la espera de conocer el dato oficial el viernes, el PIB se habría expandido un 2% entre los meses de enero y marzo. Paralelamente, durante el primer trimestre, la mayor potencia mundial generó una media de 202.000 empleos al mes mientras la tasa de paro se mantiene estoicamente en el 4,1% con perspectivas de caer por debajo del 4% este año.

En este contexto, el Congreso sigue presionando para eximir a los bancos medianos de algunos de los estándares más estrictos de la reforma financiera (conocida como Dodd-Frank) aprobada en 2010. Hace dos semanas, la Fed propuso reducir uno de los ratios de capital que los grandes deben cumplir como parte de los estándares fijados tras el azote de la crisis subprime y posterior Gran Recesión.

Dicho esto, la Fed estima que la propuesta reduciría el capital requerido en solo 400 millones de dólares, una minucia frente a los 700.000 millones de dólares en capital que los bancos más grandes han agregado desde 2009. Los funcionarios del banco central de EEUU, liderados por Randal Quarles en lo que a supervisión bancaria se refiere, insisten en que no están tratando de reducir los requisitos de capital sino hacer que los estándares sean más eficientes.

Mick Mulvaney, actual director interino la Oficina de Protección Financiera del Consumidor creada bajo la Ley Dodd-Frank, ha frenado cualquier peso acumulado por la agencia desde su creación mientras el martes indicó que los estadoundienses probablemente perderán acceso a la base de datos en Internet de la oficina sobre las quejas contra las compañías financieras. Mulvaney, quien también es el director de presupuesto del presidente Donald Trump, explicó que la agencia seguirá investigando algunos casos pero ampliará su mandato para proteger a los prestamistas, no solo a sus clientes.

Tobias Adrian, director del Departamento Monetario y de Mercados de Capital del FMI, señaló en rueda de prensa la semana pasada que este tipo de vulnerabilidades "pueden hacer que de ahora en adelante el camino esté lleno de baches, y podría poner en riesgo el crecimiento".

En lo que se refiere al sobrecalentamiento que experimentan algunos activos, el GFSR señala, por ejemplo, como la capitalización de la renta variable de EEUU alcanza ya el 155% del PIB. Dinámicas del pasado, como la emisión de obligaciones colaterales de deuda repuntaron el año pasado (entre 80.000 y 100.000 millones de dólares) y el margen de deuda para la compra de valores en renta variable alcanzó el 2% de la capitalización bursátil estadounidense, niveles bastante elevados aunque todavía no alcanzando los máximos de 2008.

El WSJ destaca como mientras EEUU desregula a la banca de forma procíclica, es decir, en un momento en que la economía se expande por encima del potencial, los reguladores en Suiza, Noruega, Hong Kong, República Checa, Islandia, Eslovaquia y Suecia por mencionar algunos han activado medidas "contracíclicas" sobre el capital bancario, cuyo objetivo es crear el margen necesario para reducir los requerimientos de capital durante la próxima recesión y así poder respaldar la concesión de préstamos y el flujo del crédito.

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