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Cómo funciona la represión financiera y por qué aterra al ahorro conservador

  • Los ahorradores conservadores son los grandes perdedores 
  • Los gobiernos logran licuar su deuda pública gracias a la inflación persistente
  • En épocas de represión financiera, la renta variable y la bolsa suelen cubrir al inversor

La represión financiera (financial repression) es un término que se va a escuchar cada vez con más fuerza. De una forma llana y sencilla, la represión financiera consiste esencialmente en mantener los tipos de interés por debajo de la tasa de inflación durante un período prolongado para permitir que la deuda 'se queme', sintetiza al extremo Albert Edwards, veterano estratega de Société Générale. Se trata de un método probado y fiable para que los gobiernos se libren de una deuda excesiva (por ejemplo, EEUU después de la Segunda Guerra Mundial), continúa. Con los bancos centrales buscando la excusa perfecta para comenzar a bajar los tipos de interés y un gasto público que no da muestras de contención, todo hace indicar que los tipos de interés nominales van a terminar quedando por debajo de la tasa de inflación por un tiempo prolongado de tiempo. Precisamente,

La represión financiera suele ser el resultado de políticas (monetarias y fiscales) que dan como resultado unos tipos de interés por debajo de la inflación. Esta política puede ser el resultado de mantener unos tipos de interés nominales artificialmente bajos, porque la política fiscal se descontrola (exceso de gasto en una economía funcionando ya a plena capacidad) y genera una fuerte inflación o través de una combinación de ambas, que suele ser lo más habitual. Esta política es particularmente eficaz para liquidar la deuda pública denominada en moneda nacional, pero a su vez impacta en otros agentes de forma no tan positiva.

Este concepto fue introducido por primera vez en 1973 por los economistas de Edward S. Shaw y Ronald I. McKinnon, profesores de la Universidad de Stanford con evidente connotación negativa en un intento de desprestigiar las políticas gubernamentales que buscan rebajar su deuda a través de esta 'triquiñuela' que distorsiona la economía y genera una nueva redistribución de la riqueza, generando incentivos perversos (es una forma de rescatar a los agentes endeudados).

El impacto en el ahorro

La represión financiera es una 'bendición' para los agentes endeudaos (gobiernos, algunas empresas...), pero una pesadilla para parte de los acreedores (aquellos agentes financian a los que se endeudan). De hecho, la represión financiera uno de los fenómenos más temidos por el ahorrador conservador, puesto que este tipo de ahorrador puede perder gran parte de su riqueza en un periodo corto de tiempo pese a no gastar ni un euro. El ahorro remunerado por debajo de la inflación va perdiendo poder adquisitivo.

Una inflación más alta junto a unos tipos de interés bajos, darían como resultado unos tipos de interés reales (descontando la inflación) más bajos, lo que estimularía el consumo y la inversión, puesto que mantener el dinero en liquidez o activos muy seguros provocaría grandes perdidas a familias, empresas e inversores, ya que la inflación erosionaría el valor de esos ahorros/inversiones, lo que se conoce como represión financiera. Esto permite que la deuda pública caiga con fuerza, puesto que se usa el PIB nominal (crecimiento real más inflación) para analizar su sostenibilidad con el ratio deuda sobre PIB.

Sin embargo, esto sería injusto para esa parte de la población que tiene su dinero ahorrado en productos sencillos y de baja rentabilidad. Varios analistas y expertos creen que la fuerte subida de los precios del oro son en parte por el miedo a una futura represión financiera. El oro y la renta variable sí suelen subir al compás que la inflación, por lo que sería una vía para intentar mantener los niveles de riqueza, siempre asumiendo un mayor riesgo. Al menos, esto es lo que ocurrió tras la II Guerra Mundial, el periodo en el que se utilizó la represión financiera de forma más evidente para licuar las ingentes cantidades de deuda pública que había generado el conflicto bélico global.

La represión financiera en el pasado

Bernd Weidensteiner, economista de Commerzbank, hacía meses atrás una disertación sobre lo ocurrido en ese periodo en EEUU: "Además del elevado crecimiento, el saneamiento de las finanzas públicas también se vio favorecido por el hecho de que el gobierno estadounidense mantuvo bajos los pagos de intereses durante varios años mediante todo tipo de regulaciones y con la ayuda de la Reserva Federal (represión financiera). Por lo tanto, los acreedores del gobierno tuvieron que contentarse con un rendimiento bastante bajo. Los tipos de interés reales fueron solo ligeramente superiores a cero entre 1945 y 1965".

"En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos redujeron la deuda pública desde niveles a menudo mucho más altos que los actuales mediante un alto crecimiento y la represión financiera. Esto último fue posible gracias al uso de controles de capital y al hecho de que la deuda estaba denominada en moneda nacional. Los gobiernos crearon así "públicos cautivos", forzando a los inversores a obtener rendimientos reales negativos, liquidando la deuda en proporción al PIB", desarrolla Daniel Kral, de Oxford Economics.

Aunque en su disertación en un reciente informe, Kral dice que estas fórmulas no son una opción ahora, debido a la liberalización de las cuentas de capital, admite que en Europa existen medidas más ligeras de represión financiera de carácter reglamentario: "Su principal expresión es el nexo banco-soberano, en el que se incentiva a los bancos a invertir en títulos del Estado, que se consideran de riesgo cero. El endurecimiento de las reservas bancarias mínimas después de 2008 también creó más demanda de deuda pública. Durante la década de 2010, otras medidas regulatorias en los países europeos, como los topes a los tipos de interés de los depósitos o la nacionalización de fondos privados de pensiones, apoyaron las necesidades de financiación de los gobiernos".

Kral también apunta a los programas de expansión cuantitativa (QE) desplegados por los bancos centrales en la última década, centrándose en el caso del BCE: "El objetivo declarado de la relajación cuantitativa ha sido reducir los tipos de interés a largo plazo mediante la compra de deuda pública, contribuyendo a estimular los préstamos y la inversión y, por tanto, presionando al alza sobre la inflación. En este sentido, ha constituido una forma de represión financiera".

No obstante, el economista matiza que en este último caso los impactos son matizados. "Por ejemplo, cuando el BCE anunció su programa QE, los rendimientos de la deuda pública subieron, en medio de expectativas de mayor crecimiento e inflación. Y el BCE se ha esforzado por llevar a cabo la QE de forma que no interfiera en la formación de precios del mercado, como demuestra el repunte de la prima de riesgo italiana en 2018, impulsado por razones políticas", concluye.

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