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El curioso pájaro que amenaza con tumbar al fracking en el yacimiento de petróleo más importante de EEUU

  • El gallo de las praderas es ahora una especie en peligro de extinción en EEUU
  • Su población se extiende, precisamente, por la prolífica Cuenca Pérmica
  • La Cuenca Pérmica es casi el 50% de toda la producción de crudo de EEUU

Cientos de protestas, denuncias de grupos ecologistas... nada ha podido con el boom fracking (fracturación hidráulica) en EEUU hasta ahora. ¿Por qué hasta ahora? Un curioso pájaro está empezando a poner en problemas a los frackers de EEUU. Lo que no han conseguido poderosas organizaciones ecologistas podría conseguir un ave galliforme, que un día fue muy abundante, pero que como la mayor parte de las aves esteparias (también en España ocurre esto) ha sufrido una drástica caída de su población. La defensa de este curioso pájaro está poniendo en problemas al mayor yacimiento de crudo de EEUU y sus frackers.

Entre los campos de petróleo del oeste de Texas hasta Oklahoma, el gallo de las praderas se está convirtiendo en el pájaro más famoso entre los productores de petróleo. Esta ave, de aspecto inusual (parece un híbrido entre el urogallo, la ganga ibérica y la perdiz, tres aves emblemáticas de la península ibérica), y su sofisticada danza de apareamiento, está ocupando los escasos matorrales de la vasta Cuenca Pérmica -el epicentro de la producción petrolera de Estados Unidos-.

El área de distribución del gallo de las praderas cubre una parte extensa que va desde la Cuenca Pérmica rica en petróleo a lo largo de la frontera entre los estados de Nuevo México y Texas, pero también se extienden por partes de Colorado, Kansas y el noroeste de Oklahoma. Pues bien, el gallo de las praderas fue catalogado como especie en peligro de extinción el año pasado. ¿Qué supone esto? Los frackers ya no pueden trabajar donde quieren, ahora su actividad depende de los patrones de apareamiento y residencia del gallo de las praderas: su nuevo estatus restringe dónde, cuándo y cómo se puede extraer petróleo.

Para la industria, los derechos concedidos al ave son un ejemplo más de los constantes ataques regulatorios que afirman haber sufrido a manos del presidente Joe Biden. Estos ataques van a provocar la ruina de su sector. "Es la muerte por 1.000 lados", asegura Steve Pruett, director ejecutivo de Elevation Resources, sentado en su oficina en Midland, Texas. "Es la peor presidencia en materia de política energética que he visto jamás, y he estado involucrado en la energía durante 40 años, toda mi carrera", asegura en declaraciones al Financial Times.

Ahora, los esfuerzos por conservar el hábitat de este pájaro están poniendo en peligro las operaciones de exploración y perforación, puesto que la ley dice que debe primar el espacio reservado para el gallo de la pradera, sobre todo en épocas de reproducción. Aunque no existen cálculos oficiales, se cree que la protección de esta ave puede retrasar y dificultar la producción de petróleo de forma inmediata, sobre todo la actividad de exploración.

El petróleo bajo el mandato de Biden

Después del impulso del que disfrutó Donald Trump en el cargo, Biden ha hecho de la lucha contra el cambio climático una prioridad central de su administración y prometió tomar medidas enérgicas contra la industria del petróleo y el gas de Estados Unidos. Ha endurecido las normas ambientales que van desde la protección de especies en peligro de extinción y medidas drásticas contra las fugas de metano hasta restricciones al arrendamiento de plataformas en alta mar y la suspensión de nuevas licencias para las terminales multimillonarias necesarias para licuar el gas estadounidense y enviarlo al extranjero.

Para muchos votantes demócratas, esas restricciones deberían haberse hecho hace mucho tiempo. Pero en Midland, la ciudad fronteriza del oeste de Texas donde George W. Bush pasó su infancia, han convertido a Biden en un hombre impopular, según explican desde el Financial Times. La ciudad se encuentra en el corazón de la Cuenca Pérmica, que con 6,1 millones de barriles por día bombea más que las potencias de la OPEP como Kuwait, Irak o los Emiratos Árabes Unidos, y ha convertido a Estados Unidos en el mayor productor de petróleo de la historia. Ahora que el precio del petróleo se encuentra en los 84 dólares por barril, los frackers de la Cuenca Pérmica están logrando importantes rentabilidades con su negocio.

A seis meses de las elecciones presidenciales de noviembre, la política energética se ha convertido en un campo de batalla clave entre Biden y Trump. El expresidente está intentando aprovechar el descontento diciéndoles a los votantes de los estados con combustibles fósiles que, si es reelegido, adoptaría una política de "drill, baby drill" o "perfora, baby, perfora". Vamos, que los frackers tendrán libertad para perforar donde quieran y cuando quieran.

Sin embargo, la retórica de los dos candidatos desmiente una verdad incómoda para ambos: la industria del petróleo y el gas de Estados Unidos está floreciendo bajo el mandato de Biden. Hay incluso quien dice que Joe Biden se ha convertido en el mejor trader del petróleo ante los beneficios que está consiguiendo EEUU con su Reserva Estratégica de Petróleo: compra barato y vende caro.

Además, con más de 13 millones de barriles diarios, la producción está en niveles récord, las exportaciones de hidrocarburos estadounidenses han aumentado y la escala de ganancias anuales no ha tenido precedentes, impulsada en gran medida por un fuerte aumento en los precios de las materias primas tras la invasión Ucrania por parte de Rusia en 2022 y las recientes tensiones en Oriente Medio.

Los inversores en la industria también han cosechado recompensas, ya que los productores ricos en efectivo les colmaron de rentabilidad. Las acciones de ExxonMobil se han más que duplicado desde que Biden asumió el cargo y, envalentonada por los altos precios, la industria también ha derrochado en fusiones y adquisiciones, realizando algunos de los acuerdos más importantes en décadas, según explican desde el Financial Times.

Biden defiende al gallo de las praderas

Pese a todo, el Gobierno Federal parece dispuesto a defender al gallo de las praderas. Según el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EEUU, la población ronda ahora los 25.000 especímenes. Anteriormente, figuraba como especie amenazada en 2014, pero la lista quedó anulada en 2015 tras una demanda.

Esta ave necesita grandísimos espacios libres de presencia humana para satisfacer sus necesidades de reproducción, anidación y cría para prosperar. "Tenemos que tener un hábitat más estratégico, un hábitat conectado... Esto es un gran desafío", asegura Wayne Walker, presidente de Common Ground Capital, una firma que trabaja con grandes propietarios de tierra para proteger y restaurar hábitats naturales.

La pradera americana ha perdido búfalos, osos pardos y lobos. "El gallo de la pradera es lo que determinará si vamos a cambiar este ecosistema... La disminución del gallo de las praderas es una señal de que nuestros pastizales y praderas nativas están en peligro", asegura este experto. Ahora, el petróleo debe encontrar la forma de prosperar sin impedir que esta especie de ave prospere también, una tarea que no parece sencilla.

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