Bolsa, mercados y cotizaciones

El euro escala sobre el 1,03 y vuelve a niveles de junio

Dreamstime.

El mes pasado el concepto de la paridad entre el dólar y el euro era uno de los más destacados en mercado, pero desde entonces se ha ido quedando obsoleto poco a poco a medida que la divisa europea volvía a coger cierto vuelo. A media sesión, protagonizaba su mejor sesión desde comienzos de mayo, con subidas que superaban el 1,2% frente al dólar. Con esta subida, el euro alcanza niveles que no veía desde inicios de julio, por encima de los 1,034 dólares por euro.

El motivo de la reacción de este miércoles no fue otro que la publicación del dato de inflación de julio en Estados Unidos, que fue dos décimas menor de lo previsto al registrar un 8,5% de subida de los precios con respecto al mismo mes del año pasado, con lo que el optimismo sobre haber encontrado un techo en las mencionadas subidas se reflejó tanto en las bolsas con en el mercado de divisas, en este caso descontando parcialmente que la Reserva Federal podría ver aliviada la presión para endurecer la política monetaria al mismo ritmo de lo que ha venido haciendo en los últimos meses.

"Es cierto que este dato puede suponer un cierto alivio, pero la previsión es que la inflación siga muy alta durante los próximos meses y, por tanto, la Fed tenga que seguir endureciendo su política monetaria", explican desde Federated Hermes. En todo caso, la moneda comunitaria todavía cede en torno a un 9% desde que arrancó 2022.

La reacción no solo se dejó notar en bolsas y divisas, pues también en renta fija, como es lógico, los inversores se han lanzado a posicionarse dentro de este nuevo escenario que se puede estar abriendo a partir de ahora. En concreto, el bono americano perdió otro punto porcentual de rentabilidad exigida a 10 años (a media sesión americana).

Así, el T-Note está cotizando en el entorno del 2,77% menos de dos meses después de que llegase a tomar máximos de 2011 al rozar el nivel del 3,5%. Sin embargo, la curva de tipos americana sigue invertida. Es decir, se le exige más rentabilidad al bono en los plazos más cortos (hasta los 14 años de maduración) que en los más largos, lo que indica una mayor percepción del riesgo de recesión, inflación y subida de tipos a corto plazo.

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