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Yoweri Museveni, el hombre que abrió a Total las puertas de Uganda

  • El mandatario africano lleva más de 30 años en el poder
  • Ahora está más cerca de exportar las reservas de petróleo de Uganda
Yoweri Museveni, presidente de Uganda, en un cartel electoral el pasado enero. Foto: Reuters.

Yoweri Museveni es uno de los tiranos más veteranos de África. Lleva en el poder desde 1986, y el pasado mes de enero renovó su sexto mandato al timón de Uganda. Sin embargo, a los Estados Unidos no les parecieron unas elecciones "ni libres ni justas" -en palabras del secretario de Estado Blinken- y hace unos días prohibieron la concesión de visados a varios funcionarios del Gobierno ugandés, acusados de violaciones de derechos humanos y actos de represión contra el candidato opositor Bobi Wine y sus seguidores.

El presunto fraude electoral no impidió a Museveni desbloquear a mediados de abril uno de los proyectos más ambiciosos del año en lo que al petróleo se refiere. Uganda, Tanzania y las empresas Total (Francia) y CNOOC (China) firmaron varios acuerdos de cara a la construcción de un oleoducto que transportará el petróleo ugandés hasta la costa tanzana del océano Índico.

Bajo las aguas del Lago Albert, barrera natural de 160 kilómetros que separa Uganda de la República Democrática del Congo, se descubrió en 2006 un yacimiento que esconde el equivalente a 6.500 millones de barriles de crudo, de los cuales 1.400 millones son recuperables en su estado actual, según informa el diario La Tribune Afrique.

Total gestiona el proyecto Tilenga, 400 pozos petrolíferos de los cuales al menos 132 están dentro de Murchison Falls, la mayor zona natural protegida de Uganda

Se habla de que serían las cuartas reservas del África subsahariana. Unas reservas que podrían durar entre 25 y 30 años con una producción estimada de 230.000 barriles diarios a partir de 2025. Pero como Uganda no tiene salida al mar, de ahí la importancia de que Tanzania haya permitido el paso por su territorio del oleoducto East African Crude Oil Pipe Line (EACOP), de 1.443 kilómetros de longitud y cuyo presupuesto asciende a los 3.500 millones de dólares (unos 2.900 millones de euros al cambio).

Si alguien pensaba en la jubilación del presidente ugandés tras tantos años en el poder, se equivocaba. "No me imagino a Museveni retirándose antes de pulsar el botón de una nueva refinería en el oeste de Uganda o de hacer zarpar un petrolero exportando el primer petróleo", escribía en enero George Wachira, director de Petroleum Focus Consultants, en el diario Business Daily, de Kenia.

"Museveni ha sugerido en ocasiones que el descubrimiento de cantidades comercialmente viables de petróleo en 2006 creó una oportunidad para él de permanecer en el poder. Están apuntando a mi petróleo, dijo sobre sus contrincantes en las elecciones presidenciales de 2016", según publicó Rodney Muhumuza, de Associated Press, a mediados de abril.

Sobre el apego del mandatario africano hacia el oro negro se ha escrito mucho en los últimos años. En 2012, era Nick Young, consultor especializado en desarrollo internacional y residente en Kampala (capital de Uganda), el que redactaba estas líneas en el diario británico The Guardian: "Muchos intelectuales ugandeses creen que Museveni necesita los ingresos del petróleo para sostener el sistema de patrocinio personal que ha caracterizado cada vez más su gobierno, y que resulta cada vez más costoso con el tiempo. Lo último que quiere, dicen, es la transparencia sobre los acuerdos petroleros o un debate público sobre el petróleo".

Total es un mastodonte del petróleo cuyo valor en bolsa supera ligeramente los 100.000 millones de euros. De hecho, es el cuarto productor mundial de crudo por capitalización bursátil tras ExxonMobil, Chevron y Shell. Sin embargo, Uganda es un territorio difícil para Total.

"Para empezar por la geología de la fosa tectónica albertina, caracterizada por una multitud de campos petrolíferos dispersos, de talla pequeña y mediana. Aquí, el crudo, pesado y viscoso, ha de calentarse para poder ser transportado, y la zona está aislada, situada casi a 1.500 kilómetros del océano Índico", escribe François d'Alançon en el semanario francés La Croix, que dedicó en abril un reportaje en profundidad a la presencia de Total en el país africano. ¿Por qué, entonces, acudió a Uganda? Según el medio galo, porque hace diez años Total debía "aumentar sus reservas casi a cualquier precio".

En los últimos años, Museveni se había granjeado la ira de la comunidad LGTB de su país, a la que ha sometido a una persecución constante, pero ahora se habría garantizado el descontento de miles de personas afectadas por el proceso de extracción de petróleo.

Por un lado, está el daño medioambiental. Total gestiona el proyecto Tilenga, 400 pozos petrolíferos de los cuales al menos 132 están dentro de Murchison Falls, la mayor zona natural protegida de Uganda. Por otro lado, según informan desde la ONG francesa Les Amis de la Terre, "el despliegue de estos proyectos petrolíferos implica el desplazamiento masivo de población, cuyos derechos son violados incluso antes de las primeras perforaciones. La apropiación de tierras ha cambiado la vida de 100.000 personas". Muchas de ellas se encontrarían ya sin medios de subsistencia y no saben si serán compensados.

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