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El tsunami de las SPAC, en cifras: más salidas a bolsa en tres meses que durante el boom de 2020

  • En 2020 se registró un récord de 248 OPV de SPAC, más que en 12 años
  • Esa marca ya ha sido sobrepasada en el primer trimestre del año, con 297
  • El 79% de las OPV acometidas este año han sido realizadas por las SPAC
Foto: Archivo

El tsunami de las salidas a bolsa de las SPAC (empresas sin actividad que salen al mercado para comprar después otra compañía) sobrepasa ya a las ofertas públicas de venta (OPV) tradicionales: solo en el primer trimestre del año se han contabilizado 297, todo un récord.

Según un informe de la gestora Schroders, entre 2003 y 2019 en EEUU salieron a bolsa una media anual de 17 SPAC (empresas con un propósito especial de compra, por sus siglas en inglés) mientras que en 2020 se registró un récord de 248 OPV de SPAC, más que en los 12 años anteriores juntos. Sin embargo, esta marca ya ha sido sobrepasada en los tres primero meses de este año, donde ya se han contabilizado 297.

La cantidad de dinero recaudada mediante estas operaciones también ha superado el récord del año pasado, con unos 97.000 millones de dólares (unos 81.000 millones de euros).

Ese mismo informe apunta a que el 79% de las OPV acometidas este año han sido realizadas por las SPAC y han recaudado el 69% del valor total. Para el responsable de investigación y análisis de Schroders, Duncan Lamont, el resurgimiento de estas operaciones es bienvenido ya que EEUU lleva dos décadas en las que el número de empresas que salían a bolsa se había reducido casi a la mitad.

Según recuerda Lamont, las SPAC no son empresas normales, ya que no tienen operaciones comerciales cuando salen a bolsa, y en su lugar, recaudan dinero con la intención de comprar una compañía en funcionamiento en un periodo de tiempo determinado, normalmente dos años. Si no lo hacen, y no consiguen que los accionistas les concedan una prórroga, se liquidan y el dinero se devuelve a los inversores.

Es el equipo directivo el que crea la SPAC, quien actúa como promotor y el que capta dinero de los inversores en una OPV. Por cada acción que se compra en las OPV, los inversores reciben un incentivo adicional, la posibilidad de comprar una fracción de acción de la empresa a un precio determinado en una fecha concreta del futuro.

Normalmente, esos derechos no pueden ejercerse hasta algún tiempo después de que se haya consumado una fusión, aunque pueden negociarse independientemente de las acciones y tendrán más valor si el precio de éstas sube. Tampoco saben qué empresa puede ser adquirida (es un requisito regulatorio), aunque el folleto suele incluir algunas referencias al tipo de empresa o sector en el que pretende centrarse. 

"Una de las características interesantes de una SPAC es que el dinero recaudado en la OPV se deposita en una cuenta fiduciaria y se invierte en letras del Tesoro. La cuenta fiduciaria sólo puede utilizarse para un número limitado de actividades, incluida la inversión en una adquisición", explica el analista, para quien esto proporciona cierto grado de garantía.

Otra ventaja es que estas operaciones dan más seguridad en el precio que una OPV y los inversores tienen una garantía de devolución del dinero. Según Schroders, también destaca su rapidez frente a la vía tradicional y que tiene menos carga regulatoria.

No obstante, el informe advierte de algunos puntos en contra, como el hecho de que invertir después de la OPV no es un gran negocio o que existe el riesgo de que la gente se deje engañar por nombres famosos que suelen respaldar estas operaciones.

También alerta sobre los costes de la OPV de una SPAC, que pueden ser "terriblemente elevados", y sobre su rentabilidad, ya que, según un estudio académico, la mayoría de ellas obtiene resultados inferiores a los del mercado después de cerrar una fusión.

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