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La nueva estrategia de la Fed condena a más caídas al dólar

  • La opinión de Elena Villalba, directora general de Mirabaud Asset Management para la Península ibérica y Latinoamérica

El presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell, presentó durante el simposio anual de Jackson Hole el resultado de la revisión estratégica de su política monetaria, que inició en 2019. Sin detallar su aplicación efectiva, el banco central decidió, en primer lugar, mantener una política de inflación media del 2% calculada para un periodo amplio.

La inflación anual debería, así, poder superar el objetivo del 2% en el momento en el que la economía vaya bien y compensar su debilidad durante los episodios de recesión. La Reserva Federal ha decidido, por tanto, adaptar su marco estratégico a las realidades económicas actuales: aplanamiento de la curva de Philips (relación negativa entre la tasa de desempleo y la inflación), reducción de la tasa de crecimiento económico potencial, rigidez de la inflación, etc.

Para los analistas y estrategas de Mirabaud Asset Management, una consecuencia directa de esta nueva política es el foco en el empleo. La Fed ya no debería centrarse en una tasa natural de desempleo teórica, sino en un conjunto de indicadores, como la tasa de participación de la población activa en el mercado laboral.

Indudablemente, el objetivo es responder a las críticas sobre los beneficiarios de su política monetaria y tratar de reducir las desigualdades a largo plazo. En el fondo, el movimiento suena a reconocimiento de que las nueve subidas de los tipos de interés de referencia (de 2015 a 2019), fueron, quizá, muy precoces ya que no se detectaban presiones inflacionistas y la tasa de participación de la población activa en el mercado laboral era baja.

Una gran ausente de esta revisión es la estabilidad financiera en una macro con los tipos bajos y los balances de los bancos centrales en ascenso vertiginoso. Sin llegar a ser una revolución, la nueva estrategia de política monetaria de la Fed supone un cambio radical que sitúa a la entidad en territorio inexplorado.

Probablemente, los inversores tardarán algún tiempo en digerir esta nueva realidad. El aumento de las expectativas de inflación dependerá de la credibilidad del organismo a la hora de desarrollar dicha política. Concretamente, los miembros del FOMC [comité de la Fed que se encarga de la política monetaria] deberán cumplir su promesa de dejar que aumente la inflación cuando se supere una recesión y ya se hayan obtenido los beneficios del aumento de las expectativas.

¿Estaría dispuesta la Fed a tolerar una tasa de inflación negativa o, lo que es lo mismo, deflación? Es una pregunta a la que la autoridad monetaria deberá responder en el futuro. Mientras tanto, parece claro que hará todo lo necesario para "sacar a la economía de las tinieblas", como declaró su presidente, Jerome Powell, aunque el billete verde pueda perder su alma en el empeño.

Hacia una tercera fase de depreciación

La depreciación del dólar se ha desarrollado en varias fases diferenciadas. La primera tuvo lugar a partir de mediados de marzo, al final del momento álgido de la crisis Covid 19 cuando fue moneda refugio. Se depreció frente al euro, de 1,07 a 1,14, conforme disminuían las acciones de emergencia, como las líneas de swap en dólares ofrecidas por la FED y las necesidades de liquidez de los intermediarios financieros.

Después, perdió seis unidades más frente al euro por las políticas monetarias y presupuestarias expansivas en Estados Unidos (el déficit podría oscilar entre el 25% y el 27% del PIB en función del próximo paquete fiscal), la expansión de la pandemia y el debate sobre el fin de la posición dominante del dólar en el orden monetario mundial. Aunque su papel no se verá cuestionado a medio plazo, debido sobre todo a la ausencia de alternativas creíbles, a largo plazo nos dirigimos ciertamente hacia un sistema monetario más equilibrado entre las principales divisas.

Calculamos que el dólar debería entrar en una tercera fase de depreciación tras el verano, que podría llevarlo hacia niveles de 1,25. A pesar de que resulta difícil evaluar el efecto del resultado de las elecciones presenciales sobre el dólar, las incertidumbres continúan siendo elevadas en relación con el paquete fiscal que se debate en el Congreso y las negociaciones presupuestarias que se abrirán a finales de septiembre.

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