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La Comisión Europea empezará a abordar la taxonomía social a finales de 2021

  • La regulación para los activos financieros 'verdes' acaba de ser aprobada
  • Los aspectos sociales tienen el handicap de que son más difíciles de medir
Imagen: Istock

La taxonomía europea para los activos financieros verdes acaba de ser aprobada por el Parlamento Europeo a finales de junio, y entrará en vigor el próximo 20 de julio. Su adopción supone un paso clave dentro del Plan de Acción de la Comisión Europea para las Finanzas Sostenibles. Tras esa denominación de taxonomía no hay sino una clasificación de actividades económicas que contribuyen a mitigar el cambio climático. Este listado permitirá a los inversores comparar, de forma objetiva, varios fondos de inversión verdes y saber cuál lo es en mayor medida.

La limitación de esta taxonomía, que es la única que está aprobada a día de hoy, es que se ciñe únicamente a los activos verdes, es decir, a aquellos que invierten con un sesgo ambiental o climático. Todavía está por elaborarse una clasificación similar para los que priorizan los aspectos sociales  y de gobernanza (la S y la G de la inversión en base a criterios ASG). Según fuentes del sector, la institución espera que a finales de 2021 se analicen las necesidades para abordar esa taxonomía social. 

Por lo pronto, la Comisión Europea activó hace unas semanas una consulta pública sobre la estrategia de finanzas sostenibles, y muchas de las preguntas que planteaba la institución a los grupos de interés giraban en torno  al desarrollo de otras taxonomías (entre ellas la marrón, que mediría los impactos negativos, y la social), lo que refleja el interés por desarrollar esta clasificación.

La necesidad de unos estándares para los aspectos sociales es cada vez mayor, más aún cuando el Covid va a provocar un aluvión de emisiones de bonos sociales, por las necesidades que ha generado. La UE, en paralelo a la taxonomía climática, ha desarrollado un estándar para los bonos verdes, pero los bonos sociales todavía no cuentan con el suyo propio. Tendría sentido, señalan fuentes del mercado, que con los temas sociales ocurriese lo mismo: que taxonomía social y estándar de bono social fuesen de la mano. 

Si realmente a finales de 2021 el TEG (el Grupo Técnico de Expertos en finanzas sostenibles designado por la Comisión Europea) comenzase a trabajar en un nuevo reglamento, este podría estar listo a finales de 2023; esto, si los tiempos fuesen similares a los que ha precisado la taxonomía verde, que tomó en torno a dos años desde el comienzo del trabajo hasta su aprobación.  

El principal reto de una taxonomía social es que los aspectos sociales son los más difíciles de medir, según los expertos

Pero estos plazos son aproximados, más aún si se tiene en cuenta que la taxonomía climática debería haber sido más sencilla de alumbrar de lo que lo será la social, ya que los expertos apuntan a los aspectos sociales como los más difíciles de medir. La S aglutina aspectos tan amplios y diversos como el capital humano, la calidad de los proveedores, la seguridad en el producto... 

Ya lo explicaba David García, director de ISR de Santander AM, hace meses en la VIII Edición del Ciclo Empresas que aportan valor al accionista, organizada por elEconomista: este pilar de la ASG es "el más intangible de todos, y aunque haya factores que permiten medirlo, resulta más complicado llegar a conclusiones sólidas". Cada vez más estudios coinciden en la importancia que tienen la captación y la retención de talento en las empresas, "y es cierto que cada vez existen más indicadores para medir estas cuestiones", señalaba García.

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