Inversión sostenible y ESG

Un viaje global hacia las cero emisiones netas

  • "El sector público está mejor situado para invertir en tecnologías incipientes"
Imagen: iStock

En 2015, casi todos los países del mundo adoptaron el acuerdo climático de París, comprometiéndose a limitar el aumento de la temperatura global muy por debajo de dos grados centígrados respecto a los niveles preindustriales. Para acometer este esfuerzo, varios países han anunciado objetivos para alcanzar las emisiones netas cero que contribuyen al calentamiento global, siendo el CO2 el más importante, incluso en seis países con carácter de ley. Consulte más artículos sobre sostenibilidad en elEconomista Inversión sostenible y ESG.

Aunque estos objetivos por sí solos pueden no ser suficientes para lograr los objetivos de Paris, exigen en cualquier caso de una transición energética, lejos de los combustibles fósiles, abriendo oportunidades en nuevas áreas de inversión.  Además, el sector público está mejor situado para invertir en las tecnologías incipientes que representan un alto riesgo en cuanto a rentabilidad de la inversión, pero que pueden ofrecer soluciones.

China, como mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo y segunda economía más grande, es primordial. El año pasado, su presidente Xi Jinping ha anunciado la ambición de llegar a unas emisiones máximas para 2030 y decretado que las fuentes de energía cero emisiones deben representar una cuarta parte del uso primario de energía para ese año, logrando la neutralidad de emisiones de CO2 para 2060.  Otros objetivos han sido aprobados en marzo este año, añadiendo claridad a su hoja de ruta de descarbonización. China ha aprobado el 14º plan quinquenal (2021-2025) y un plan para 2035. Debido a que los principales productores de energía chinos son de propiedad estatal, financiados principalmente por bancos estatales, los objetivos se han mostrado eficaces y la participación de las fuentes de energía no fósiles en el consumo total de energía en China ya aumentó de 9,4% en 2010 a 15,3% en 2019, superando la previsión para 2020.

Además, las primeras acciones del presidente Biden en EEUU han incluido reincorporar al país al Acuerdo de París y volver a comprometerse con una economía neta cero en emisiones de carbono para 2050. Para ello, este abril ha dado a conocer un paquete de infraestructuras y energía verde de 2,3 billones de dólares, destinado a superar a China. Las prioridades principales son infraestructura tradicional y energía verde. Habrá 174.000 millones en subsidios para compra de vehículos eléctricos y 100.000 millones para red eléctrica y producción de energía verde. Gran parte se destinará a nuevas energías como hidrógeno y nuclear de próxima generación, así como proyectos como "energía eólica marina flotante". Una de las principales aspiraciones es construir 500.000 estaciones de carga de vehículos eléctricos para 2030. 

El caso es que esta competencia entre las dos economías más grandes del mundo puede tener efectos positivos en la transición energética mundial, como el desarrollo de nuevas tecnologías que abaraten el coste de las fuentes de energía alternativas.

Por su parte la UE, como tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero, ha asumido una posición de liderazgo en la carrera hacia las emisiones netas cero. Sus responsables han hecho de la lucha contra el cambio climático una piedra angular, comprometiéndose a reducir las emisiones en al menos 55 % respecto a los niveles de 1990 para 2030 y alcanzar neutralidad para 2050. De hecho, la UE tiene previsto destinar alrededor de 30 % de su presupuesto hasta 2027 a iniciativas relacionadas con clima y transición energética. Estos objetivos se han incorporado al Pacto Verde Europeo post pandemia. Incluye incentivos para que las industrias inviertan en tecnologías respetuosas con el medio ambiente, fomento de formas más limpias de transporte privado y público, descarbonización del sector energético y mejora de la eficiencia energética de los hogares.

Las oportunidades de inversión en este viaje hacia cero emisiones netas, pues, abundan y es cuestión de apetito por el riesgo.  El área más establecida se encuentra en las tecnologías probadas, algunas de las cuales, impulsadas por la regulación, todavía necesitan de subsidios gubernamentales. Es el caso de la electrificación del transporte por carretera -vehículos eléctricos-, generación de energía renovable y combustibles renovables o bioplásticos, de significativo potencial de crecimiento las próximas décadas. Solo la generación eólica marina puede crecer 20% anualmente de manera compuesta hasta 2030.

Otra área de alto crecimiento potencial se da en tecnologías en desarrollo, pero no comercialmente escalables. Dependen de un sustancial apoyo público mediante subvenciones y exenciones fiscales o acceso a recursos privados alternativos, como capital de riesgo.  Es el caso del hidrógeno, como alternativa a combustibles fósiles y de la captura y almacenamiento de carbono, dos áreas que llaman más la atención. El hidrógeno presenta el conjunto mayores oportunidades. Hoy en día, el producido con combustibles fósiles se utiliza en refinación y producción petroquímica. El hidrógeno verde, producido a partir de energías renovables, sin embargo, sigue siendo muy caro de producir, aunque puede volverse competitivo los próximos cinco años.

En cualquier caso, hay dos consideraciones clave al invertir en empresas con tecnologías en desarrollo para la transición a cero emisiones netas. En primer lugar, hay que tener en cuenta que se van a desplegar en un marco de tiempo de varias décadas. Así que las empresas ganadoras pueden destacar más allá de los horizontes de inversión de los individuos.  Puede haber contratiempos y retrasos a corto y medio plazo, que, aunque no afecten a la tendencia secular, pueden resultar en resultados financieros negativos en el camino. Además, con tantas nuevas tecnologías y regulaciones en desarrollo, el panorama es cambiante y cualquier avance puede alterar completamente la dinámica del mercado.  Por ejemplo, la fusión nuclear se debate como fuente de energía.  Si fuera posible a lo largo de la próxima década, probablemente disminuiría la necesidad de fuentes alternativas de generación de energía renovable, afectando a la rentabilidad de estas tecnologías o haciéndolas obsoletas antes incluso de que se hayan comercializado.

Como siempre, la diligencia debida es esencial y diversificar la exposición ayuda a minimizar los riesgos.

Jean-Pierre Durante es director de análisis de Pictet WM.  Malik Zetchi es analista de energía de Pictet WM. 

comentarios0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
Comentarios 0
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.