Internacional

La participación en las elecciones legislativas de EEUU apunta a máximos de un siglo

  • Las urnas abren tres semanas, y ya ha votado más gente que en todo 2014
  • En numerosos estados, el interés alcanza el de las presidenciales de 2016
Foto: Reuters.

Uno de los grandes mitos fundacionales de los EEUU es que son el faro de la democracia moderna: uno de los pocos países del mundo que celebraba elecciones a finales del siglo XVIII y el gran defensor de la democracia como sistema político a imitar. La realidad, especialmente en los últimos años, es bastante más gris: si los abstencionistas fueran un partido político, en 2014 habrían ganado por mayoría aplastante, 63% a 37%. Este año, sin embargo, la fuerte división política en torno a la figura de Donald Trump puede lograr algo sorprendente en las elecciones legislativas de la próxima semana: disparar la participación a niveles que no se veían en un siglo.

Desde hace meses, tanto Trump como la oposición demócrata han estado haciendo todo lo posible por impulsar la participación. Unos, en rechazo a las políticas del magnate, piden que la gente les apoye para detener su programa legislativo. El presidente, en respuesta, advierte de todo tipo de desastres si los "gritones a sueldo" demócratas ganan el control de alguna cámara parlamentaria. El resultado es que los votantes de ambos lados están en un fuerte estado de ebullición, con la tensión disparada en torno a la figura del polémico mandatario.

"Parece que sea tres cuartos de una elección presidencial"

Una de las particularidades del sistema electoral estadounidense es que se celebran elecciones cada dos años pese a que los mandatos presidenciales son de cuatro. Y los años en los que solo hay votaciones legislativas, como este, la participación se suele hundir. Desde 1914, hace 104 años, no se ha superado el 50% de participación en las elecciones legislativas, según los datos recopilados por el profesor de la Universidad de Florida Michael McDonald en su web ElectProject. En aquel año, antes de la I Guerra Mundial, se llegó al 50,4%. Desde entonces, la participación rondó el 40% hasta tocar suelo en 2014, en el 36,7%. Pero este año, McDonald espera que el número de votos supere el 50%. "Parece que sea tres cuartos de una elección presidencial", dice Jon Ralston, experto en elecciones de Nevada.

Por ejemplo, la medida de participación en España ha estado en el 70% en esta última década, mientras que en Francia ha rondado el 77%, el 74% en Alemania, el 67% en Reino Unido, el 65% en Canadá y el 86% en Suecia, según los datos recopilados por el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA).

En el último año, los demócratas han visto crecer la movilización de sus votantes, tradicionalmente desconectados fuera de los años presidenciales, en las elecciones parciales para ocupar escaños vacantes o gobiernos estatales en Virginia y Nueva Jersey. El nexo común de sus campañas ha sido la necesidad de poner "contrapesos y controles" a Trump. Como respuesta, el magnate se ha puesto el peso de la campaña sobre sus hombros, anunciando que él "está en la papeleta" para que sus votantes no se queden en casa al no ver el nombre de Trump, haciendo numerosos eventos de campaña y proclamando su apoyo a candidatos republicanos de todo tipo en Twitter.

El resultado es que muchos estados ya casi duplican la cantidad de votos emitidos en 2014 a estas alturas (en la mayoría de estados, las urnas se mantienen abiertas durante dos o tres semanas). En Texas, por ejemplo, votó un 33,7% de la población en 2014. Este año, a falta de una semana de votación, ya ha participado un 24%. Otros estados clave este año en los que la participación alcanza los niveles de una elección presidencial son Georgia, Florida, Carolina del Norte o Nevada.

Pero cada vez más, el mayor ánimo para votar es el rechazo al rival: según una encuesta del Pew Research Center, más de la mitad de republicanos y demócratas afirman que uno de sus principales motivos para apoyar a su partido es que las propuestas de su rival son "malas para el país".

Con la participación por los suelos, a los partidos les bastaba con movilizar a sus bases

El resultado es que las elecciones parecen ser una repetición de 2016 pero con las tendencias cada vez más extremas: si por entonces las mujeres optaron por Hillary Clinton y los hombres por Trump, el margen de diferencia por género va camino de dispararse, según las encuestas de intención de voto. Lo mismo ocurre entre grupos de edad y la división entre el campo y la ciudad. La duda es quién podría salir beneficiado de este intercambio, y si alguno de los dos partidos será capaz de abrirse camino en territorio 'enemigo'.

Pero, por suerte, no todo el país está dividido en dos: según todas las encuestas, aún siguen quedando votantes indecisos y abiertos a cambiar de voto. Tradicionalmente, en las elecciones legislativas de mitad de mandato, con la participación por los suelos, a los partidos les bastaba con movilizar a sus bases. Esta vez, con una cantidad de votos 'decente', los votantes indecisos pueden tener de nuevo la palabra.

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