Internacional

Biden se reúne con diez senadores republicanos para debatir un estímulo de solo 600.000 millones pero más veloz

  • La contraoferta no incluye subida del salario mínimo ni ayudas a estados
La vicepresidenta, Kamala Harris, y el presidente de EEUU, Joe Biden. Foto: Reuters

En su discurso de investidura, el presidente de EEUU, Joe Biden, abogó por llegar a acuerdos bipartidistas y aprobar leyes con el mayor acuerdo posible, siempre que los republicanos abandonaran la oposición total que practicaron durante el mandato de Barack Obama y se abrieran a negociar. Este lunes, Joe Biden se reúne con un pequeño grupo de diez senadores conservadores, exactamente el mínimo necesario para aprobar leyes, que se han ofrecido a tomar la mano extendida del presidente y debatir con él su programa de estímulo. Su oferta es clara: menos dinero del que querría el presidente, a cambio de sacarlo adelante por la vía rápida que ofrece el consenso.

La oferta republicana supone un programa de estímulos de 618.000 millones de dólares, un tercio de los 1,9 billones que plantean los demócratas. Así, por ejemplo, el plan de Biden ofrece cheques de 1.400 dólares para personas que ganen hasta 115.000 dólares al año, mientras que los republicanos ofrecen 1.000 dólares para los que ganen menos de 50.000. Los demócratas quieren gastar más de 300.000 millones en ayudas para la reapertura de colegios, padres que se vean obligados a cuidar de sus hijos en casa y ayudas a familias con niños en riesgo de pobreza; mientras que los republicanos ofrecen solo 40.000 millones. Y los demócratas ofrecen también 350.000 millones a gobiernos estatales y ayuntamientos, que no pueden emitir deuda y se han visto obligados a hacer grandes recortes por la falta de ingresos; mientras que los republicanos ignoran este punto. Tampoco estaría en su propuesta la subida del salario mínimo a 15 dólares a la hora, una de las promesas de la campaña demócrata.

En teoría, Biden podría aprobar el proyecto demócrata intacto si tiene el apoyo de su mayoría -ajustadísima, pero mayoría- en ambas Cámaras gracias a un recurso legislativo, la llamada "reconciliación presupuestaria", que permite aprobar medidas fiscales y de gasto con mayoría simple, que fue el mecanismo usado por Donald Trump para aprobar su rebaja fiscal en 2017. La gran ventaja de la oferta republicana es que permitiría aprobar el plan a toda velocidad mediante el sistema legislativo ordinario, que exige 60 votos en el Senado en vez de la mayoría normal de 51. Además, Biden mantendría la carta de la reconciliación -que puede usar una vez por año fiscal, es decir, dos veces en todo 2021- para aprobar más ayudas en los próximos meses si fuera necesario.

La mayoría de los legisladores demócratas, sin embargo, temen que esta maniobra sea una pérdida de tiempo para retrasar la aprobación de las medidas a base de extender las negociaciones hasta el infinito con una falsa oferta de bipartidismo que esté condenada a fracasar desde el principio. Y recuerdan que Trump no perdió ni un segundo en negociar con los demócratas su intento de reforma sanitaria ni su bajada de impuestos, que dejó en manos únicamente de la mayoría republicana bajo la reconciliación presupuestaria.

Aun así, Biden llegó al poder prometiendo unidad y que contaría con la oposición, así que esta decena de republicanos serán los primeros legisladores que entrarán en la Casa Blanca con él de inquilino, por delante de los dos líderes demócratas de ambas cámaras. Una decisión que, en parte, recuerda que Biden se pasó más de 30 años en el Senado y que quiere intentar rescatar su capacidad de llegar a acuerdos antes de volver a la fuerte división que ha marcado la política estadounidense esta década.

A su vez, entre los republicanos que irán a la reunión están todos los más moderados y los que se han mostrado más reticentes a convertirse al 'trumpismo', como Susan Collins, Mitt Romney o Lisa Murkowski. Este pequeño grupo, cada vez más en minoría, quiere demostrar que hay vida más allá de Trump, y que volver a la obstrucción permanente les hará más daño que intentar negociar de buena fe. Unos y otros tendrían mucho que vender si logran encontrar puntos en común, y quién sabe si podrían abrir un par de años de producción legislativa inédita en lo que va de década.

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