Internacional

El Brexit por fin se hace realidad: la pregunta es hasta cuándo aguantará este acuerdo

  • Este acuerdo supone la victoria casi absoluta de los brexiters radicales
Boris Johnson celebra el acuerdo en una rueda de prensa. Foto: Reuters

Por fin, la interminable pesadilla de las negociaciones del Brexit ha terminado. Tras dos prórrogas, dos primeros ministros, dos elecciones, el récord de derrotas parlamentarias de dos Gobiernos en la historia del Reino Unido y negociaciones eternas, por fin, el Reino Unido saldrá de la UE este próximo 1 de enero, y habrá un acuerdo comercial para evitar el caos en la frontera. Durante al menos una generación, Gran Bretaña estará separada de Europa. "La fatídica pregunta europea por fin ha sido resuelta", celebraba Boris Johnson en su comparecencia triunfal. Ahora solo queda saber cuánto aguantará esta solución y cuándo habrá que reabrir la pregunta.

Desde luego, los brexiters -con Johnson a la cabeza- pueden celebrar sin ambages. Hace menos de una década los euroescépticos eran apenas unas decenas de rebeldes en el gallinero de la bancada parlamentaria conservadora. Pero la inconsciencia de David Cameron les ha dado todo: ahora controlan el Gobierno, son una mayoría aplastante en su partido y no solo han sacado al Reino Unido de la UE, sino que han logrado una salida mucho más dura y radical de lo que nadie imaginaba en un principio. Este acuerdo es la versión más dura posible del Brexit, solo por detrás del caos más absoluto que plasmaban, como si de una advertencia bíblica se tratara, las interminables colas de camiones provocadas por el covid en la frontera con Francia en estos últimos días. Unos atascos que podrían haberse convertido en permanentes sin el acuerdo de este jueves.

A primera vista, el acuerdo es redondo: libre comercio de bienes, sin aranceles ni cuotas. Sin embargo, la lista de 'peros' comienza aquí y se extiende hasta el infinito. De entrada, los acuerdos en el sector servicios, que supone un 80% de la economía británica, serán muy básicos. Bancos, empresas de tecnología, empresas de transporte y viajes, consultorías y un largo etcétera de negocios que aportan billones de libras anuales al PIB británico perderán su 'pasaporte' a la UE y tendrán que seguir las normas que cada estado miembro aplique a terceros países, o abrir filiales. El éxodo de la 'City' de Londres se completará en cuestión de días, y gran parte del negocio que se vea obligado a marcharse no volverá.

A eso se suman todos los problemas de trabas no arancelarias: controles sanitarios, declaraciones de exportación, reglas de origen y una lista de papeleo que todas las empresas de la UE se pueden ahorrar. La diferencia entre estar dentro del mercado común o poder vender en él es mucho más grande de lo que se imagina, y puede suponer una pérdida de varios puntos del PIB.

Soberanía con límites

Pero la clave es que este acuerdo pone muchas trabas al objetivo prioritario de los brexiters: reformar sus leyes y regulaciones y poder ejercer su soberanía para competir con la UE desde una posición de ventaja. El texto, básicamente, dice que 'tenéis el poder de aprobar las leyes que queráis, pero si os alejáis mucho de la órbita europea, se acabó el comercio sin aranceles'. En resumen: Reino Unido tiene la soberanía para elegir quedarse más o menos igual que antes, pero en peores condiciones.

Y, a lo mejor esta es la mejor solución para la mente británica. Desde la firma del Tratado de Maastricht, cuatro primeros ministros 'tories' han caído por culpa de la incomodidad que la pertenencia a la UE suponía para el país. Ni los laboristas, claramente proeuropeos, se atrevieron a entrar en el Euro cuando Tony Blair disfrutaba de mayorías aplastantes y el apoyo de alguno de los principales medios euroescépticos. Quizá cerrar la frontera y controlar la inmigración sea lo que necesite el país para estar a gusto, aunque sea a costa de perder un par de puntos de su PIB.

Cuando los efectos de esta marcha sean visibles, quizá en 2024 cuando haya que revisar el pacto, que a nadie le extrañe si el Gobierno decide desempolvar este acuerdo

La mala noticia es que, tras haber cerrado la 'cuestión europea', el país ya no tiene excusa para no mirar adentro y ver que el Reino Unido sufre de una crisis territorial galopante, con los independentistas escoceses al alza -y el Brexit como gasolina para su fuego-, Irlanda del Norte separada jurídicamente del resto del país y con la población católica (y pro-Irlanda) a punto de superar a los protestantes pro-británicos, y con Inglaterra dividida entre un sur rico y un norte más pobre que algunas regiones de la Europa del Este.

Pero, sobre todo, la pregunta que deja este acuerdo es qué pasará cuando las empresas se den cuenta de que el nuevo libre comercio no es tan libre como les prometió Johnson, o que los EEUU de Joe Biden no van a salvarles con un acuerdo muy favorable. En los próximos años no habrá grandes movimientos, porque todo el mundo, dentro y fuera, está harto del Brexit a estas alturas. Pero cuando los efectos de esta marcha sean visibles, quizá en 2024 cuando haya que revisar el pacto, o en una década, que a nadie le extrañe si el Gobierno de entonces decide desempolvar este acuerdo y sentarse de nuevo con Bruselas para mejorarlo, como ya ha prometido el líder de la oposición, Keir Starmer. Lo de hoy es un punto y seguido en la relación de amor y odio entre Reino Unido y la UE. Nadie sabe aún cuándo se empezará a escribir el próximo capítulo, pero lo habrá.

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