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Caucus de Iowa, comienza la ceremonia de la confusión en EEUU

Imagen: Reuters

La sensación térmica en Des Moines es de -10ºC. En las sedes de los diferentes candidatos a la carrera hacia la nominación a la Presidencia de los EEUU es de -50ºC. Enfado, rabia, sensación de pérdida de tiempo y dinero. Y es que, después de dos días, el comité demócrata de Iowa fue incapaz de ir más allá del 71% en el escrutinio de los múltiples caucus.

El intento de modernizar esta vieja institución de las asambleas civiles, con medición de todos los resultados y un nuevo sistema informático para reportar a la central de datos ha resultado un absoluto fracaso.

Han dejado sin discurso al ganador -con el impulso que eso significa para las candidaturas más débiles-, han sumido al partido en una pesadilla de ineficiencia y rumores conspiranóicos: hackeos informáticos, intervenciones de grupos de poder (judíos, rusos, financieros de Wall Street…) y se prevé un largo camino, lleno de desunión, hasta la convención de Milwaukee en julio. Nefasto panorama para vencer al presidente Trump, si ya partíamos de 11 candidatos en esta primera ronda de elección.

Con los actuales resultados, Pete Buttigieg aparece como el ganador, por estrecho margen, de los delegados estatales, gracias a agrupar la mayoría de segundas preferencias de los votantes. Recordemos que en el sistema de caucus se producen dos votaciones: una primera donde se descartan a los candidatos con menos del 15% de los votos emitidos, inmediatamente después, una segunda donde quienes han perdido a su candidato se adhieren a otro. Buttigieg, casi con toda seguridad, deberá su victoria a ser la segunda opción de los partidarios de Joe Biden y Amy Klobuchar en los distritos en donde, estos candidatos moderados, no llegaron al 15%. Y es que el centro liberal demócrata, también conocido con establishment, representado anteriormente por Hillary Clinton, tiene tres candidatos viables en estas primarias: el exvicepresidente Joe Biden, el exalcalde de South Bend (Indiana) Pete Buttigieg y Amy Klobuchar, senadora por Minnesota.

Biden, compañero en la presidencia de Obama, que encabezaba todas las encuestas antes de llegar a Iowa, parecería el mayor damnificado, dado que los resultados actuales le sitúan en cuarto lugar. Sin embargo, en esta larga partida política que son las primarias norteamericanas, hay algunas cuestiones que desacreditarían esta percepción.

En primer lugar, no ha habido un ganador ni un discurso de ganador, por lo que no hay un efecto de propaganda y narrativa épica como se dio con Obama en 2008 y su "They said this day would never come". En segundo lugar, los caucus son lugares de encuentro de los activistas más motivados cuyos perfiles suelen ser más radicales que moderados, inclusos dentro de los propios centristas. Sin embargo, la realidad es que más del 95% de los delegados a la Convención Nacional Demócrata se decidirá en primarias de mucha mayor participación, como la del supermartes de marzo, dónde participan 13 Estados al mismo tiempo.

Por último, Iowa es un estado con el 90% de los votantes blancos y un 21% de menores de 35 años. Esos no son los votantes de Biden, ni fuera ni dentro de su partido. Hay esperanzas para él.

Quien realmente ha ganado el voto popular, las primeras preferencias de los votantes, es el senador por Vermont Berni Sanders

Para hacer todo un poco más confuso, quien realmente ha ganado el voto popular, es decir, quien ha obtenido las primeras preferencias de los votantes, es el senador por Vermont Berni Sanders. Junto a la senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, Sanders representa el sector progresista del partido demócrata. Sanders se apoya en una plataforma que nace del Occupy Wall Street y que ha obtenido sus primeras victorias en las elecciones "mid-term" de 2018. Sus bases son liberales, jóvenes, trabajadores sin estudios y habitantes de grandes ciudades (las dos costas de EEUU). Es un político de larga trayectoria que tiene todo en su contra: judío, casado con una católica, hijo de New York, no perteneciente al aparato demócrata y, lo que es peor, socialista. En la sociedad americana, un anatema tan grande como ser ateo.

Si miramos los datos de esta primera elección con cuidado, vemos que Warren se alza como la reina de las segundas preferencias en el sector progresista. Sin ganar en ningún de los 99 condados es capaz de ser la tercera en discordia, por delante de Biden. Warren es la candidata de los liberales y de las mujeres que quieren romper el "techo de cristal", con estudios superiores, preocupados por el Green New Deal y por las crecientes desigualdades económicas. Pero no pone el acento en la lucha de clases sino en la reforma del sistema. Se presenta como una tecnócrata de izquierdas, una tercera vía.

Por si todo esto no fuera suficientemente enrevesado, todavía nos queda el independiente: el que fuera alcalde de Nueva York, el magnate Mike Bloomberg. Este esperará hasta el supermartes del 3 de marzo. Allí medirá sus posibilidades y decidirá si emprende la carrera para derrotar al otro magnate neoyorquino, Donald Trump.

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