Internacional

Bloomberg bate el récord de gasto en anuncios de campaña en su primera semana como candidato demócrata

  • Solo Sanders, Steyer y Trump superan ya a Bloomberg en gasto
  • Su estrategia será distinta de la de todos los demás candidatos
El exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg. Foto: Reuters

Hace unas semanas, la política estadounidense asistía con asombro a los datos del multimillonario y candidato demócrata Tom Steyer, que en cuatro meses había gastado 60 millones de dólares de su propio bolsillo para promocionar su candidatura ante la indiferencia generalizada. Pero el aún más multimillonario Michael Bloomberg, ex alcalde de Nueva York, ha decidido lanzarse a la carrera presidencial a lo grande: ha batido el récord al mayor gasto en publicidad jamás registrado en una sola semana, con 37 millones de dólares para inundar las televisiones de medio país en las vacaciones de Acción de Gracias.

El patrimonio de Bloomberg está estimado en 54.000 millones de dólares, por lo que esta cifra no es ningún problema para él. De hecho, según fuentes cercanas al empresario citadas por la prensa estadounidense, estaría dispuesto a gastar hasta 500 millones en su campaña. Una cifra espectacular pero que solo supondría un 1% de su riqueza.

Según la información de la agencia publicitaria CMAG a la cadena ABC, ha comprado anuncios por valor de unos 8 millones en varias cadenas nacionales para esta semana. Pero las elecciones se ganan estado a estado, así que la parte del león -29 millones de dólares- ha ido a parar a cadenas locales de California, Nueva York, Illinois, Florida o Texas, entre otros. Una cifra espectacular que supera el récord de los 33 millones que Hillary Clinton gastó en la semana final de las elecciones generales de 2016, sin demasiado éxito.

Esta inversión sitúa de una tacada a Bloomberg en el cuarto puesto de gasto en anuncios de cara a las elecciones de 2020, superando a dos de los favoritos: el exvicepresidente Joe Biden (27 millones gastados) y la senadora Elizabeth Warren (34 millones). Por delante, solo quedan el senador Bernie Sanders (40 millones), Steyer (60 millones) y el presidente Donald Trump (172 millones). Aunque, a este ritmo, hasta Trump -cuya riqueza se estima que es 10 veces menor a la de Bloomberg- puede verse eclipsado en cuestión de meses.

La pregunta es si esos anuncios lograrán reemplazar al método tradicional de hacer campaña en unas primarias. Bloomberg ha decidido dejar de lado a los pequeños estados de Iowa y New Hampshire, los primeros en votar a principios de febrero, renunciando al valor político de una victoria temprana. En su lugar, prefiere ir de entrada a los estados grandes que votan en el famoso "Supermartes" de marzo, donde hay una cifra gigantesca de delegados en juego. Una estrategia en teoría más eficiente, pero que históricamente nunca ha funcionado: hasta ahora, nadie ha ganado unas primarias sin antes quedar en los puestos de cabeza en Iowa o New Hampshire.

No solo eso, sino que su participación en los debates es casi imposible: las normas requieren que los participantes hayan recibido donaciones de al menos 200.000 personas, algo que parece muy improbable conseguir partiendo de cero. Sin ir más lejos, el propio Steyer, en cuatro meses, solo ha logrado convencer a 166.000 personas de sumarse a su campaña, pese a todos los millones que ha invertido en anuncios.

Una montaña por escalar

Pero su principal problema es que, en este momento, es el segundo político nacional más impopular, según la encuestadora YouGov, con un 22% de aprobación y un 41% de rechazo (-19). Por detrás, solo está el presidente del Senado, el republicano Mitch McConnell, con un -21. Trump, por comparar, tiene un -12 de aprobción, y tres de sus rivales en las primarias (Warren, Sanders y Pete Buttigieg) rondan apenas un -2, prácticamente en empate técnico.

Quizá su mayor problema es que no pasa el test de la campechanía: Trump, pese a ser un empresario multimillonario neoyorquino de los pies a la cabeza, no lo parece en el contacto directo con sus votantes. Nadie que vea a Bloomberg puede imaginarse cualquier otra cosa de él. Y ese es su mayor obstáculo: puede ser un gran gestor, pero antes tiene que ser un gran candidato. La pregunta es si sus millones podrán 'comprar' los votos necesarios.

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