Internacional

Tom Steyer, el candidato demócrata que lleva gastados 60 millones en anuncios y sigue siendo desconocido

  • Ha emitido 33 campañas de publicidad en apenas cuatro meses
  • No pasa del 1% en las encuestas de intención de voto
Captura de pantalla de un anuncio de Tom Steyer.

¿Quién es Tom Steyer? Según la última encuesta de la emrpesa Morning Consult, un 60% de los estadounidenses son incapaces de responder a esta pregunta. Un resultado sinceramente preocupante para una persona que lleva gastados 60 millones de dólares en anuncios de televisión y redes sociales en un desesperado intento de recabar apoyos para la campaña de primarias presidenciales demócratas, en las que a duras penas logra superar el 1% de intención de voto. Un ejemplo fascinante de que, a veces, el dinero no basta para comprar una carrera política.

Steyer es un multimillonario que hizo su fortuna dirigiendo un hedge fund, Farallon Capital, que llegó a manejar 20.000 millones de dólares durante su etapa. Con una buena cantidad de dinero en sus cuentas, el empresario y banquero decidió pasarse a la política, apoyando causas demócratas. Finalmente, la llegada de Donald Trump a la presidencia gracias a su fortuna le dio un objetivo: acabar con su carrera. Y tras liderar una campaña a favor de la apertura del proceso de impeachment contra el presidente, que finalmente tuvo éxito, Steyer debió pensar que él, que era más rico aún que el constructor neoyorquino, podía llegar él también a la Casa Blanca.

Así, el pasado mes de julio, lanzó su candidatura ante la indiferencia más absoluta. Las encuestas le situaban entre los candidatos cuyo apoyo era inferior al margen de error. Y, al contrario que Trump, nadie sabía quién era ni los medios se peleaban por llamarle a las tertulias. Así que decidió invertir su dinero en comprar esa cobertura, inundando de anuncios todo EEUU.

Bolsillos sin fondo

Las cifras son espectaculares. Desde julio, Steyer ha gastado 46,5 millones de dólares en 33 campañas publicitarias por televisión y otros 13 millones en anuncios en Facebook y Google, según datos de Kantar. En total, sus emisiones suponen dos tercios de todo el gasto publicitario realizado por todos los candidatos presidenciales para 2020, incluido el propio Trump. Y prácticamente todo ese dinero ha salido de su bolsillo: en el tercer trimestre, Steyer invirtió 47 millones propios y solo recaudó 2 en donaciones, frente a los 19 millones recibidos por Pete Buttigieg, los 24 de Elizabeth Warren o los 25 de Bernie Sanders.

Sus anuncios políticos inundan especialmente las televisiones de Iowa, New Hampshire, Necada y Carolina del Sur, los cuatro primeros estados en votar en las primarias. Una de sus campañas más recientes se emitió 1.818 veces a principios de mes entre esos cuatro estados, con un coste de unos 600.000 dólares, según datos de la web de análisis FiveThirtyEight. Otra campaña, emitida durante octubre, salió por televisión 2.035 veces en Iowa y 1.522 veces en Carolina del Sur.

Pero por si esto no levantara suficientes quejas sobre su intención de 'comprar' la nominación, la semana pasada varios altos cargos demócratas en Iowa denunciaron a la agencia Associated Press que Steyer les habría ofrecido dinero a cambio de que pidieran el voto por él.

¿Y de qué le ha servido gastar todo ese dinero? Según la media de encuestas de RealClearPolitics, la intención de voto de Steyer a nivel nacional es de un 1%. En Iowa es de un 2,8%. En New Hampshire, un 2,3%. Y en Nevada, un 3,5%. El nivel mínimo para recibir delegados en cada uno de estos estados es el 15% de los votos.

Pero quizá lo más grave sea que un 60% de los estadounidenses desconozcan quién es el hombre que lleva emitidas 13 campañas publicitarias a nivel nacional en apenas cuatro meses. Hay empresas que han logrado mucho más por mucho menos dinero. Aunque las cadenas de televisión, las claras ganadoras de su campaña, pueden seguir frotándose las manos: Steyer ha prometido invertir al menos 40 millones más en anuncios. Las cuentas del cuarto trimestre de las grandes empresas de comunicación corren a su cargo.

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