Firmas

El PSOE explora la vía navarra de Sánchez

María Chivite y Pedro Sánchez. Foto: EP

Los titubeos de la dirección socialista respecto a los posibles acuerdos para formar gobierno en Navarra dan prueba evidente del complicado panorama post electoral en esa comunidad, sobre cuyo futuro llevamos muchos años hablando. La autonomía de la Disposición Transitoria Cuarta es un bocado político de primer orden y el PSOE ve la oportunidad de lograr su gobierno aunque no ha acertado aún con la fórmula para conseguirlo.

Tras flirtear con una posible abstención de EH Bildu, los socialistas deslizan el mentís provocando más confusión aún. La candidata María Chivite es la dirigente de confianza de Pedro Sánchez en territorio navarro, y ella ha sido la que ha propuesto gobernar con Geroa Bai, Podemos e Izquierda Ezquerra con una investidura que supusiera la abstención de los ocho parlamentarios forales de Bildu, lo que implicaría automáticamente que se pensara en un acuerdo con los herederos de Batasuna para que éstos obtuvieran algún beneficio en otra institución, como el ayuntamiento de Pamplona.

No se cree nadie que sea posible recibir el apoyo de un partido al que no se da nada a cambio. Es lo que los socialistas pregonan estos días hasta la saciedad, con notable eco mediático, en relación al tan repudiado pacto de PP y Ciudadanos con Vox, la formación política a la que se considera indigna de ostentar representación alguna de los españoles mientras esa legitimidad se le otorga plácidamente a Bildu y a los independentistas catalanes.

Ese posible acuerdo está recibiendo toneladas de noticias en su contra, pero muy pocas ha habido en cambio para cuestionar la posible presidencia socialista navarra con la connivencia del partido de Otegi. El PSN tendrá que someter a la decisión de Ferraz esa posibilidad, y no parece que la dirección socialista tenga claro aún ese paso, con la justificación de que daría alas a los sectores más nacionalistas de la comunidad foral.

Pero de ahí a que el PSOE de Sánchez pacte con la coalición UPN-PP-Ciudadanos media un abismo que las bases, las mismas que apostaron por el no es no y por la resurrección del líder caído frente al aparato, no aceptarían si no es con una condición: que la fuerza política que obtuvo casi la mitad de los votos respecto a la ganadora ostente la presidencia aupada por ésta de forma desinteresada.

Lo que negoció Zapatero

Es decir, que el ganador vote a favor del segundo para otorgarle todo el poder sin compartir ni una porción del mismo. Por lo tanto lo más probable, en este estado de la cuestión es una solución 'sanchista', porque de ella ya hay precedente nada menos que en el Congreso de los diputados: soy presidente porque me presento y quien me apoye lo hace por su propia iniciativa sin haber negociado nada con él, siguiendo la lógica dialéctica del líder del PSOE.

En Navarra y en el resto del país se habla más de este complicado tablero de pactos que de las informaciones escandalosas que señalan al expresidente Zapatero ofreciendo la comunidad foral servida en un plato frío a la banda ETA a cambio de culminar aquél otro "proceso", el de la supuesta paz en el País Vasco. De ello se habla poco, entre otras cosas porque en pocos medios ha podido leerse o ser escuchado. Y por supuesto no ha habido hasta ahora un desmentido claro por parte de los resortes del Estado que quedarían cuestionados si esa oferta se hubiera realizado. Un grueso velo cubre este asunto mientras se decide, en este junio frenético de pactos y rupturas, quién gobernará en el Palacio de Navarra

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