Firmas

Antología de un combate electoral a dos asaltos

  • No hubo clarísimos ganadores en ninguno aunque sí un perdedor en ambos
Los candidatos en el segundo debate a cuatro. Foto: Efe

El doble debate de esta semana decisiva de campaña electoral ha podido aclarar algunas cosas a esos siete millones de indecisos que el pasado lunes reflejaban las encuestas. Pero solo parece que eso afecte al bloque de centro derecha, ya que las mayores indecisiones están precisamente entre PP y Vox, o entre Ciudadanos y PP. No hubo clarísimos ganadores en ninguno de los dos asaltos, aunque si un perdedor en ambos. No ha habido anomalía alguna en celebrarlos en dos días consecutivos, el ambiente en la tarde del miércoles en que se programó el segundo era incluso similar al de los grandes partidos de Champions. Las dos citas permiten evaluar el estado de los candidatos a tres días del cierre de la campaña y a cinco de que se coloquen las urnas.

Primer debate (RTVE, 22 de abril)

La medición de los tiempos es un lastre que no sirve ya ni siquiera de excusa a las televisiones públicas, aunque sean los partidos los que tienen que resolver este problema. Atresmedia ha superado a RTVE en audiencia con menos cadenas difundiendo el programa y sin llevar tan escrupulosamente el cronómetro a su pantalla mareando a candidatos y espectadores.

Sánchez estuvo incómodo desde el primer minuto, con una sonrisa forzada que trataba de esconder un malestar profundo por tener que soportar la pinza de dos y en ocasiones tres contra uno. Rescató la corrupción del PP, asunto del que no se ha acordado en los diez meses que lleva en La Moncloa, sin contestar la pregunta clave: ¿dimitirá usted si son condenados los dirigentes de su partido por el grave caso de corrupción del PSOE en Andalucía?. Pregunta sin respuesta. No resultó convincente para nadie al tratar de romper amarras con el independentismo, porque son demasiados políticos socialistas dando alas a ese entendimiento desde hace mucho tiempo. Claro perdedor del primer debate. 

Casado no quiso o no supo emplearse a fondo en RTVE. Su momento de mayor indignación fue en un cara a cara frente a Rivera, al que recordó que los dos electorados de sus partidos no entienden esas guerras de guerrillas. Prefirió adoptar una posición presidencialista, como siempre hizo Rajoy en los debates televisados, y repasar su programa electoral quedando al margen de las diatribas Sánchez-Rivera.

Iglesias apoyó sus intervenciones en la defensa de que se cumplan la Constitución y en la supuesta existencia de una policía política que ha tratado de impedir que Podemos llegue al poder. Lo primero, ante el grueso de los electores, le cuesta un triunfo sostenerlo: es la misma ley fundamental que ha despreciado durante años. Lo segundo le valió para distanciarse de su previsible socio de legislatura (y puede que de gobierno) al recordarle que quien ha resultado imputado no es otro que el número dos de comunicación en la presidencia del gobierno.

Rivera ganó con claridad la primera noche. Fue incisivo frente a un presidente al que le costaba trabajo contestar los requerimientos del líder de Ciudadanos. Pecó de exagerar en el uso de elementos escenográficos, un límite que puede hacerte caer en un cierto ridículo, pero estuvo sólido y aprovechó la pasividad de Casado ante las cámaras de la pública. Fue el ganador por un cuerpo.

Segundo debate (Atresmedia, 23 de abril)

La libertad de los moderadores para plantear los temas y preguntar a su antojo, que no existe en la televisión pública, propició esta vez mayor ritmo al debate, pero también más interrupciones que se hicieron molestas e insoportables.

Sánchez arrancó con su poco o nada creíble afirmación de que no tiene intención de pactar con Ciudadanos, al que no nombró refiriéndose a él como "un partido que hace un cordón sanitario al PSOE". Sorprendente indignación la del presidente en relación a los cordones sanitarios contra él, principal defensor de hacerlos contra otras formaciones. No resultó convincente cuando fue cuestionado por la desaparición de la derogación de la reforma laboral del PP en su programa, ni por supuesto cuando negó solemnemente que no pactará con los independentistas, que ya han anunciado su apoyo al candidato socialista (primero le dejan caer al no apoyar sus presupuestos, fuerzan unas elecciones y terminan anunciando que volverán a apoyarle: cuanto peor, mejor). Muchas de las afirmaciones de Pedro Sánchez en Atresmedia fueron dignas de verificación en esta nueva moda del fact checking, el contraste de datos de toda la vida: su carta falsa de la Junta de Andalucía con falsas listas negras que esgrimió varias veces, o las cifras de autónomos en España y su falsa protección similar a la de los empleados por el Régimen General. Volvió a suspender por segundo día consecutivo y confirmó por qué no tenía ninguna intención de participar en debates televisados.

Casado mejoró el segundo día y corrigió su indolencia y ese tono demasiado institucional que le hizo perder el primer asalto. Atacó al PSOE pero también a Ciudadanos, tomando la decisión de no cruzarse de brazos ante las invectivas electoralistas de Albert Rivera. Con él discutió vivamente sobre impuestos y empleo, pero los fuegos artificiales llegaron en la artillería que empleó contra el presidente. Calificar de picnic la reunión con Torra en Pedralbes, como forma de contestar la afirmación de Sánchez de que no tiene acuerdos con los golpistas, arengó a su parroquia que por primera vez en este doble duelo de primavera se sintieron representados en el líder popular más que en el candidato que a esa misma hora reunía a miles de personas en la plaza de toros de Las Rozas. Muy duro contra el jefe del gobierno al defenderse de los ataques por la violencia de género. 

Iglesias fue el otro ganador del segundo round. Esta vez no esgrimió la Constitución, pero fue agradable escuchar su tono parroquial tratando de que no hubiera constantes interrupciones y descalificaciones. Así ha demostrado la evolución hacia la moderación de su formación política y la suya propia. En las cuestiones de fondo no engañó a nadie, pero en el segundo debate aparcó los temas centrales de su campaña: los principio constitucionales y las cloacas del Estado a las que tanto recurre.

Rivera perdió en Atresmedia con la misma contundencia con la que había ganado en RTVE. Sus asesores no supieron reconducir su eterna tendencia a no dejar hablar a sus interlocutores y a interrumpir constantemente mencionando sus nervios de forma machacona. Su mejor momento fue la entrega de la tesis falsa al candidato socialista, "un libro que usted no ha leído", aunque este asunto que en cualquier otro país habría hecho caer al presidente hace muchos meses, no fue aprovechado por la oposición.

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