Firmas

La fusión de Vodafone y MásMóvil, casi un secreto a voces

  • Ambos grupos diseñan su integración a través de una nueva sociedad
  • El operador resultante será el líder del negocio del móvil español
  • Las fuertes inversiones asociadas al 5G acelerarán la consolidación
Foto: Archivo

El asunto circula con inusitada fuerza en los corrillos del sector y conviene recordarlo: Vodafone España y el Grupo MásMóvil trabajan en una posible alianza que promete convulsionar el negocio de las telecos españolas. La 'boda' viene rumiándose desde hace meses y se asoma a la fase decisiva. Este periódico ya se hizo eco de los contactos entre los embajadores de dichos grupos a principio del pasado otoño.

Los bancos de negocio hacen horas extra, atareados en juegos de valoraciones y en creativas estructuras accionariales del gusto de los futuros socios. Según las fuentes consultadas, las conversaciones avanzan en sigilo y podrían producirse sorpresas en el próximo trimestre. Aunque frágil, parece existir un punto de entendimiento entre el operador rojo y el amarillo. Pero, al mismo tiempo, ha surgido un ruido repentino que desconcierta en un mercado muy sensible a los intereses cruzados.

Como si fuera un secreto a voces, se apunta la posible integración de ambos operadores a través de una nueva sociedad. Nadie compra a nadie. Al no preverse la salida de caja por parte del grupo británico, la oferta en participaciones debe ser suculenta para convencer a los inversores del Grupo MásMóvil.

Se presupone que Vodafone llevará la voz cantante. La matriz podría conservar la enseña de la multinacional, pero cada marca conservaría su independencia. La criatura nacería con un tamaño gigante al conformar al nuevo líder español del móvil. Desde el primer minuto se convertiría en la principal alternativa a Telefónica en el negocio de las telecomunicaciones convergentes.

Los protagonistas no entran en especulaciones. Están en su papel. Otra cosa es lo que suceda entre bambalinas, donde dicen que se repite el "ahora o nunca". Por si fuera poco, la inminente subasta de las nuevas frecuencias de telefonía 5G exigirá de los operadores un esfuerzo económico brutal, no solo para la compra de espectro, sino para el posterior despliegue. Todos han hecho sus cuentas y han descubierto que la apuesta por España carecería de sentido para el tercer o al cuarto operador del mercado. Ahora bien, las cosas serían diferentes si se tratara del primero o segundo.

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