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Llega la sentencia de los ERE: ¿quien pagará políticamente por un caso escandaloso?

Chaves y Griñán durante el juicio. Foto: Efe

Preguntar por el caso de los ERE en un colegio puede ser tan surrealista y osado como preguntar por ETA o por Franco. Los jóvenes de hoy desconocen la historia de su país con una ignorancia tan supina que sonroja.

En su momento, las noticias que venían de Andalucía, referida a este tremendo escándalo de corrupción, protagonizaban alguna que otra portada y alguna que otra página interior de los periódicos, pero la demora del juicio –nueve años en los tribunales– ha ido mermando el interés y apagando mediáticamente la condena de un relato en el que la Junta de Andalucía, la región con mayores tasas de paro de Europa, desviaba dinero público. En todo ese tiempo, la Junta iba tejiendo toda una tela de araña para cobrar favores y obtener votos, a cambio del dinero, que en su fin debía ir para trabajadores necesitados.

Este martes, el viaje judicial llega a su fin. Y lo hace sentando en el banquillo a 21 ex altos cargos, dos presidentes del Partido Socialista, que además fueron presidentes de la Junta de Andalucía. Lo hace con la circunstancia entremezclada de los casos de corrupción que en estos años han ido afectando al Partido Popular, lo que a los socialistas les venía de perlas para distraer a la opinión pública. La eterna resolución de la principal pieza política de los ERE también ha ayudado a ello. Esto no justifica que ya a nadie le importe qué va a pasar con el mayor caso de corrupción política por volumen de dinero público de España, pero el ciudadano llega a aburrirse hasta tal punto, mientras las informaciones se esmeran en otros campos, que parece que el olvido acabe siendo la sentencia.

Un expresidente de la Junta de Andalucía puede acabar en prisión Y 21 ex altos cargos quedar inhabilitados

Desgraciadamente, la distancia de la Audiencia Provincial de Sevilla tampoco es un acicate para que los medios vuelquen su interés informativo. Aquí no hay un duque casado con ninguna infanta, y está claro que los paseíllos de los encausados tienen menos morbo. Los protagonistas solo son posibles ladrones ("cuatro golfos", llegaron a acuñar los socialistas), en cualquier caso, dirán, solo han prevaricado y malversado, y no son sediciosos ni rebeldes.

Pero que no tenga la vitola de otros juicios no puede empañar la profundidad del caso donde un expresidente de la Junta de Andalucía puede acabar en prisión, 21 ex altos cargos pueden quedar inhabilitados, un caso en el que 300 personas han sido investigadas, y lo que es peor, donde se ha producido un desvío de 680 millones de euros, y de ese dinero poco más se sabe.

En julio de 2018, en el último balance de registros realizados por la Administración autonómica solo había recaudado 6,7 millones de euros del botín de los ERE.

Desgraciadamente, en España no existe la cultura de ficción de otros países, porque solo los primeros folios de este caso de corrupción tiene todos los componentes de una gran serie. Desde la cúspide política, los cargos medios, los intermediarios, las empresas y los trabajadores fantasma, los alcaldes allegados, los amigos, los vecinos. El objeto del dinero, el consumo de drogas, las juergas en lupanares para sellar el éxito de operaciones ilícitas de este tipo, mientras el paro crecía y crecía en Andalucía, verdaderamente, son elementos suficientes como para plantear un gran guión.

Fuera de la ficción, tampoco estaría mal que en las aulas se explicara qué han hecho algunos políticos por España, sin distinción ni sectarismo. Explicar de dónde sale el dinero público y a dónde va es tan importante como los valores constitucionales. La asignatura es tan transversal, que podría explicarse en cualquier comunidad.

En el terreno político, la gran cuestión, ahora, es cómo va a gestionar Pedro Sánchez la china en su zapato, cuando la corrupción está dentro de su casa. Porque el fallo, aunque atañe a dos expresidentes del PSOE, a los que Susana Díaz puso de patitas en la calle, el asunto es mollar. El juicio no solo examina el comportamiento de un puñado de exaltos cargos, el juicio examina un modus operandi en el que el socialismo andaluz se movía a sus anchas, mucha gente lo sabía, pero aun así se miraba a otro lado. Eso, cómo le preguntó Albert Rivera en el debate electoral, tiene que tener una respuesta... y Sánchez hoy tiene que darla.

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