Energía

Repsol lanza su primera gran planta de biocarburantes en Cartagena

  • Ya tiene a pleno rendimiento la instalación tras invertir 250 millones de euros
  • Ribera lamenta la dureza de la compañía española contra las políticas climáticas de la UE
La refinería de Cartagena

Repsol arranca la producción a gran escala de combustibles renovables en sus instalaciones de Cartagena, tal y como adelantó la semana pasada elEconomista.es.

Esta planta, la primera de la Península Ibérica dedicada en exclusiva a la producción de biocarburantes ha supuesto una inversión de 250 millones, para lograr una capacidad de producción de 250.000 toneladas al año mediante el uso de residuos orgánicos, como el aceite de cocina usado o agroalimentarios, dando una segunda vida a este tipo de materiales.

La producción de Cartagena permitirá evitar la emisión de 900.000 toneladas de CO2 anuales, al suponer una reducción del 90% de las emisiones netas de CO2 en comparación con el combustible de origen mineral que sustituye, por la menor intensidad de carbono del combustible renovable.

El director general de Transformación Industrial y Economía Circular de Repsol, Juan Abascal, ha resaltado el hito que supone para la compañía comenzar la producción a escala industrial de combustibles 100% renovables: "Con esta primera planta de la Península Ibérica damos un paso más en nuestra transformación hacia la descarbonización, con un proyecto tecnológico de vanguardia".

Pese a estos avances en inversión en transición energética, la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, arremetió ayer de nuevo contra la compañía. "No les gusta que alguien les diga que ser tecnológicamente neutro no puede separarse de un proceso de descarbonización o que es importante velar por el empleo y no lo contrario", indicó Ribera, que ve en el cambio la manera de garantizar el empleo a los trabajadores de la petrolera.

Ribera se mostró sorprendida porque la denuncia sobre 'greenwashing' provenga de Iberdrola y no de una ONG o asociación de consumidores. Para ella, esto supone que "lo verde tiene un valor económico" y que no se puede tomar a la ligera al igual que pasaba en la alimentación cuando se decía que un producto era light o saludable.

La vicepresidenta se quejó también de la dureza de Repsol contra la política ambiental de la Unión Europea y consideró que está en una situación "más complicada que otras empresas" al ser una petrolera. "Ya que si tú negocio es trabajar con combustibles fósiles, pues el proceso de descarbonización es un poquito más complicado que aquellas empresas cuyo negocio es precisamente desde el principio soluciones que no utilizan combustibles fósiles", dijo.

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